Toca decirle adiós a 2016, un año con luces y sombras que ha dado como resultado un curso de lo más irregular. Se supone que estamos en la etapa de madurez de las consolas, pero tenemos ejemplos tanto de ello como de todo lo contrario, con decisiones de las compañías tan injustificadas como incomprensibles, desde el punto de vista de los usuarios.

Para tratar de ser justos y representativos, he recogido lo que considero más significativo en cuanto a lanzamientos y situaciones de las diferentes compañías de hardware. Por supuesto, me dejo en el tintero 200.000 títulos que seguro que echáis en falta, por lo que recomiendo enfocar la presente entrada como solo eso, una selección muy personal y, por supuesto, abierta a todo tipo de sugerencias y comentarios.

Lo mejor

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1.- La next gen ya está al fin aquí Uncharted 4 y Forza Horizon 3

Después de tanto quejarme, al fin hay dos títulos que resultan absolutamente indiscutibles bajo cualquier punto de vista en ambas consolas. Tanto el título de Naughty Dog como el de Turn 10 resultan apabullantes desde el punto de vista técnico y, sobre todo, jugable. Estamos ante la mejor aventura en tercera persona de acción y ante el mejor juego de carreras jamás creados para una videoconsola hasta la fecha, un techo en prácticamente todos los apartados que se ha llevado dieces puros en las más prestigiosas revistas del sector y ha demostrado, al fin, que la presente generación era capaz de dar juegos de semejante categoría sin despeinarse tanto como se temían muchos.

En el caso de la última aventura de Nathan Drake, fue una experiencia de las que dejan pegado a la butaca, con momentos absolutamente memorables y unos valores de producción que se valían de una historia sólida y llena de merecidos homenajes para poner el broche de oro a una saga ya emblemática en el sector. Naughty Dog supo hacer evolucionar la franquicia hasta llevarla a su límite, uno que no pensamos que se podía alcanzar con la fórmula Uncharted pero que, sin embargo, nos demostró una vez que el talento de esta gente para crear historias apasionantes es suyo por derecho propio. Aunque es cierto que ciertas mecánicas y conceptos clave del juego resultan algo obsoletos en los tiempos que corren y que su multijugador dista mucho de ser perfecto frente a los titanes especializados, Uncharted 4 se convirtió en la primera gran compra obligada del sistema desde su lanzamiento, allá por el lejano 2013.

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Respecto a Forza Horizon 3, la revolución que ha supuesto desde su aparente falta de alza de expectativas no tiene parangón en su género. Frente al modelo más clásico, ese que compite de tú a tú con Gran Turismo en la otra subsaga de la franquicia,MotorSport, esta variante más arcade, desenfrenada y heredera de ese espíritu espectacular y jovial de Need for Speed Underground, Horizon 3 nos lleva a Australia para poner la tierra de los canguros patas arriba. La conducción es una delicia, la tasa de frames perfecta y demuestra que, por mucho que se diga, Xbox One es capaz de poner en pantalla todo lo que se quiera y más, si detrás hay un estudio con la habilidad, tiempo y recursos suficientes para acometer tan ambicioso proyecto. Qué gozada de juego.

 

2.- La madurez indie: Firewatch, Inside y The Witness

Siempre he tenido muchas reservas hacia el sector indie, quizá porque me dejo llevar por el prejuicio tecnológico y todo lo que no “huela” a nueva generación me resulta un paso atrás. Reconozco que después de pasarme toda mi infancia jugando a juegos en 2D o pixelados, volver a esas casillas me resulta como empezar de nuevo en un tablero de la oca. No obstante, la habilidad de los diseñadores estriba en saber jugar con esas limitaciones para ofrecer algo nuevo, como le ocurre a Inside, que a pesar de no parecerme la obra maestra que se dice en todas partes, sí creo que resulta interesante en su concepto y en su desarrollo, por más que haya ciertas aristas narrativas a las que le doy un peso bastante específico en su valoración final.

2995011-biomes-mp4-00_00_42_15-still008Más claros o poco discutibles veo los casos de The Witness y Firewatch, dos títulos absolutamente sensacionales que proponen un reto intelectual y narrativo, respectivamente, con un minimalismo de recursos no exento de fuerza y belleza en dicha simplicidad. El primero retará vuestra inteligencia hasta límites surrealistas, y el segundo os dejará preguntándoos cómo es posible lograr tanto a nivel de emociones con tan poco a nivel técnico, todo un logro narrativo que impulsa a la industria hacia nuevos horizontes, que es precisamente lo que le pedimos a este tipo de títulos.

Tres títulos, en suma, absolutamente recomendables y que se sitúan sin problemas en el top 5 del año junto con los dos ya mencionados.

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3.- El anuncio de Nintendo Switch

Aunque quizá muchos hubieran elegido el anuncio de Red Dead Redemption 2, que también saldrá en 2017, el nacimiento de una consola siempre tiene algo especial, y cuando se trata de un sistema de Nintendo, esto se redobla habitualmente por la coletilla que suele acompañar estas consolas de aportar algo que va “más allá” de lo que suele ser tradicional. Nintendo Switch ha estado sumergida en una maraña de rumores y especulaciones hasta que, finalmente, un anuncio de apenas 4 minutos de la propia Nintendo resolvió unas cuantas dudas y, al mismo tiempo, arrojó otras tantas acerca de temas tan espinosos como el precio, la duración de la batería o el catálogo de lanzamiento inicial.

De Switch sabemos que será, en el aspecto de juego, un paso más allá en la interacción entre consolas de sobremesa y portátiles, fundiendo ambos conceptos en uno solo que promete unas cotas de calidad técnica nunca vistas antes fuera de casa… y otras quizá demasiado vistas ya dentro del salón. Son demasiados interrogantes y demasiadas amenazas (ay, esos ports de Wii U), que esperan todavía aclaraciones. A primeros de enero, más información y, seguramente, más dudas, pero en cualquier caso, todo un soplo de aire fresco para una compañía que después de su fenomenal batacazo con el sistema anterior necesitaba volver de nuevo a dar de qué hablar al respetable con sus estrategias y propuestas. Veremos.

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Mención de honor. The Last Guardian

Es inevitable hacer referencia a un título que durante tanto tiempo ha ocupado el espacio de nuestros sueños y ahora, después de un viaje larguísimo hasta ver la luz, pasa por fin al Olimpo de los justos. Me gusta pensar que este juego, al igual que sus dos predecesores, forman parte de un tiempo y un espacio diferentes al resto, y que serán retocados técnicamente en versiones de generaciones futuras puliendo únicamente lo que se le puede achacar al título (ya hay un parche disponible, de hecho, que corrige bugs, la cámara en zonas pequeñas, estabilidad de framerate, etc.), pero manteniendo las sensaciones que despierta, algo absolutamente único e inédito en la industria.

La amistad que se establece entre el anónimo protagonista y el animal Trico es tan conmovedora como brillante, en un juego de diseño excepcional y que proporciona, con diferencia, las mejores horas de juego que he pasado jamás en una PS4. Volver a ese universo de ruinas sagradas y horizontes desdibujados y hermosos de Ueda es siempre motivo de celebración, pero es que realmente The Last Guardian es la realidad cumplida de todas las promesas que se hicieron hace una década, y más. Una obra maestra por encima de casi cualquier otra consideración que no sea la intensa emoción que despierta, y por el que sin duda ha merecido la pena la espera.

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Lo peor

1.- La trampa generacional: PS4 Pro y Project Scorpio

Si 2016 pasará a la historia como un año nefasto para los videojuegos seguramente se deberá a la decisión, tan absolutamente lamentable como demencial, de sacar dos actualizaciones de consolas para PS4 y Xbox One. Estas versiones, algo así como un hardware hipervitaminado de las actuales, se han puesto como excusa para soportar gráficos a 4K y con apoyo para realidad virtual, y al menos en el caso de PS4 Pro (la única disponible a día de hoy), con un precio relativamente razonable.

Lo que no es razonable, ni de lejos, es la justificación que se ha dado para la existencia de estas nuevas consolas. Frente a catálogos que, finalmente, comienzan a tener algún que otro juego decente, las compañías se escudan en las supuestas deficiencias técnicas de unas consolas lanzadas en tiempos de crisis a precios económicos (sic), sin reparar en que el usuario no es, no puede ser, tan absolutamente imbécil como para caer en semejante falacia. Las chorradas posteriores de juegos que están reescalados a unas falsas 4K, la ausencia de televisores 4K en muchos hogares del mundo o la nulidad que han demostrado ser las gafas de realidad virtual (una vez más) dejan, con perdón de la expresión, “con el culo al aire” a todos aquellos voceros de las maravillas técnicas de unas consolas que, evidentemente, nada más salir ya están varios pasos por detrás del PC de última generación.

Mal precedente, desde luego, para los millones de usuarios que hemos confiado en estas compañías dándoles el apoyo de inicio y que sumamos ya solo en PS4 50 millones, más otros 20 de One: 70 millones de usuarios defraudados, ahí es nada. Desde luego, tengo claro que PS5 puede esperarse a su reedición vitaminada, ya con un catálogo decente, para que yo me decida a pasar por caja: esa y no otra es, por desgracia, la triste lección que se debe sacar de todo esto.

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2.- Una de decepciones: No man’s Sky, Quantum Break, Mighty Nº 9 y un largo etcétera

Si la nueva generación no consigue estar, ni de lejos, a la altura de sus predecesoras, buena parte de culpa la tienen unos catálogos llenos de auténticas decepciones, juegos mediocres o menores que no han respondido, ni de lejos, a las inmesas expectativas que sus propias compañías desarrolladoras y distribuidoras vendieron desde el primer E3 en que tuvieron ocasión. El caso de No Man`s Sky es, quizá, el más sangrante de una larga lista de afortunados nominados, por la increíble torta que ha supuesto para todos aquellos que reclamaban este juego en el cielo de los clásicos años antes de salir. Un juego vacío de contenido, vacío de actividad, vacío de diversión que únicamente por la relativa belleza de sus gráficos y la originalidad del algoritmo que propone como concepto esencial puede ser recordado de aquí a unos años. Pocas veces se ha visto un caso tan claro de juego inflado.

Quantum Break, la gran esperanza de Microsoft para la primera mitad de 2016, no corrió mucha mejor suerte. Si bien Remedy logró darle aires de gran superproducción a lo que no deja de ser una idea menor y trillada, la historia se truncó en cuanto entraron en juego los dichosos conceptos transmedia que llevaron al juego a prolongar, de manera horrorosa, su existencia mediante una innecesaria serie de televisión en diversos capítulos que daban algo de vergüenza ajena, pese a sus valores de producción. Esa pretendida fusión entre cine y videojuegos se quedó solo en eso, en pretensiones, y la escasa duración del juego y la pobreza real de su propuesta terminaron por hacer el resto y mandarlo al limbo de los justos. Con deciros que me ha costado recordarlo para esta lista casi os lo digo todo.

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Aunque los hay por decenas (The Division, Mirror’s Edge 2…), creo que es parada obligada hacer referencia aquí a otra de las grandes esperanzas de los mitómanos pixeleros, Mighty Nº 9, obra del infame Inafune (no es un juego de palabras, lo juro), que pasó de crear cositas como Mega Man, Street Fighter u Onimusha a hacer este engendro que supone la prueba palpable de que Kickstarter es un nido de víboras y de buitres dispuestos a tirar hasta de la última gota de nuestra nostalgia para financiarse sus vacaciones en Ibiza. Un juego tan desastroso como bochornoso en su concepto (puro plagio de nuestro robot favorito de la infancia), por juegos así deberían detener al personal, aunque solo fuera para que hicieran algo de trabajo social que compensara semejante tomadura de pelo. Qué vergüenza.

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(Créditos de imagen: Gizmodo)

3.- La muerte de Wii U

La lógica nos dice que el nacimiento de un sistema implica la defunción de otro: a rey puesto, rey muerto, invirtiendo el orden clásico. No obstante, de todos los fallecimientos de consolas recientes, el que más he sentido con diferencia en los últimos 20 años ha sido el de Wii U, que nació envuelto en el malditismo y una base de haters como no se ha visto en toda la historia del sector (muchos de ellos dentro de la propia industria, ojo), y que tras sufrir el rechazo general del público ha dado como resultado el mayor batacazo en ventas de la historia de Nintendo en el ámbito de sobremesa.

Wii U tiene un catálogo sensacional, seguramente uno de los mejores de la historia de la compañía si se suman exclusivos, retrocompatibles y tienda virtual, más alguna que otra joya exclusiva de Platinum Games. Tiene las mejores versiones en muchos casos de franquicias tan conocidas como Mario Kart y Smash Bros, y suponía una evolución poderosa respecto de la pobre Wii (a nivel técnico, se entiende). Sin embargo, nada de eso ha sido suficiente para aupar en ventas una consola que apenas tres años y medio después de su lanzamiento agoniza en lanzamientos. La pobreza mostrada por sus, a todas luces insuficientes, títulos de este año, el injugable Starfox Zero y el limitado Paper Mario Color Splash, y la absoluta sequía que le espera hasta la llegada Zelda: Breath of the Wild en su versión menor, certifican la muerte del sistema sin ninguna clase de paliativos. Wii U ya es, desde hace tiempo, pasto de mitómanos y coleccionistas. Descanse en paz.

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Mención de honor. PS VR

Por si alguien tenía alguna duda, la realidad virtual ha regresado, una vez más, para aturdir con su ruido y pocas nueces, para volver al cajón del armario en cuestión de semanas. Tanto bombo, tanto platillo y tanta  leche, y al final resulta que todo se reducía a pagar la friolera de 400 euros, más los mandos de Move, más el cable de no sé qué, más los dineros por juegos absolutamente lamentables y demos técnicas de engañosa factura, que en cuestión de 20 minutos hemos finiquitado y explotado en su totalidad.

Me da igual lo que se diga de Resident Evil 7 y su modo de VR. Yo no pago más de 500 euros porque me maten en realidad virtual, se ponga como se ponga el personal. Me parece una estafa en toda regla, un periférico en pañales que reduce juegos notables como DriveClub a la categoría de chiste técnico y de mareo garantizado, y que aún necesita décadas para alcanzar las cotas de excelencia, la revolución técnica, que yo no dudo que algún día protagonizará. Pero hoy, como dijo aquel héroe, no es ese día. Ni de broma.

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