Uno de los tópicos que más encontramos repetidos en la crítica de los videojuegos es la falta de ideas y de intención, por parte de los programadores, de ofrecer propuestas alternativas de juego a los géneros que ya conocemos y tenemos tan trillados. Conforme se suceden las generaciones empieza a calar un cierto poso de decepción en muchos jugadores veteranos, cansados de estar jugando siempre a lo mismo con envoltorios más o menos aparentes. Por todo ello, que aparezca un juego como Life is Strange ha de ser por fuerza una buena noticia en el sector, si bien no resulte revolucionaria y presente más de un problema, como ahora veremos. En cualquier caso, el esfuerzo por aportar algo distinto debe ser reconocido ya de entrada.

Life is Strange es una aventura de exploración y conversaciones creada por Dontnod Games, el estudio francés creador de Remember Me. Siguiendo el estilo gráfico que han marcado los últimos estrenos de Telltale Games (The Walking Dead, Game of Thrones), nos presenta la historia de una joven que es capaz de alterar el curso del tiempo y, con ello, modificar una serie de hechos de una trama plagada de enigmas y secretos. Todo ello está envuelto con las típicas problemáticas a las que se enfrenta una adolescente en un pequeño pueblo costero norteamericano, como sus relaciones sociales, familiares, etc.

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Lo primero que llama la atención del juego es el mimo y el detalle que envuelve todo. Cada rincón de cada escenario guarda mucha información y merece ser recorrido con igual detalle para no perderse nada. El motor gráfico es solvente, aunque lo cierto es que es a nivel técnico donde más reparos encontramos en un juego pobre en texturas, polígonos y especialmente en las animaciones faciales, algo que consideramos un poco grave teniendo en cuenta el género. Con honrosas excepciones, los personajes tienen un aire de maniquí inexpresivo bastante notorio que enturbia la experiencia de juego, con un doblaje al inglés que tampoco ayuda demasiado a meternos en la historia, a causa de unas interpretaciones algo estáticas que van a juego con sus personajes.

Cabe mencionar, en segundo lugar, las mecánicas de Life is Strange, que son lo que realmente dan sentido al juego y elevan el listón un poco por encima de la media de este tipo de aventuras. La posibilidad de rebobinar en el tiempo y de intervenir de maneras diferentes o de aprovechar nuestros conocimientos para emplearlos en el pasado son todo un acierto, y le da una personalidad propia al título. La comodidad del interfaz que nos permite hacer esta operación, con unos puntos que indican los momentos de giro de la trama que podemos modificar, sirve para orientarnos en un mapa temporal bastante sencillo, que se ve beneficiado por la estructura capitular de este primer episodio. Sin duda, es el mejor aspecto del juego y por el que más os recomendamos que lo probéis.

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Por su parte, las mecánicas del juego nos permiten un grado de interacción medio con el entorno, aunque la mayor parte de las acciones se reducen a observar imágenes estáticas, mover algún objeto de sitio o rebuscar en cajas, bolsas, mochilas, etc. Dado que la protagonista es fotógrafa se hubiera agradecido un modo que permitiera sacar instantáneas del juego, algo más que poder incorporar a un sistema de juego algo limitado en opciones. Por otro lado, los escenarios están algo faltos de vida, aunque tienen una extraña belleza nostálgica, y se ven quizá demasiado constreñido por las barreras invisibles que nos permiten ir de un lado a otro sin tiempos de carga. En serio, a veces da la sensación de que estamos ante un juego de Playstation 2, porque ni las áreas de juego son tan grandes ni tienen tantos elementos en pantalla como para explicar los saltos entre el campus y el parking, por ejemplo.

Cada una de las escenas tiene un escenario principal (el interior del instituto, las afueras del campo, la casa de una amiga), donde debemos realizar una serie de acciones para entrar en un lugar, coger un objeto determinado y llevarlo a tal personaje, etc. En cualquier momento podemos vernos ante pequeñas misiones secundarias y ayudar a determinados secundarios del juego, que con alguna que otra salvedad representan ciertos arquetipos muy poco disimulados (la animadora del equipo de fútbol, el líder deportivo que hace bullying al gordito de turno, etc.).

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Precisamente ahí es donde Life is Strange encuentra su talón de Aquiles: su historia es al mismo tiempo su gran baza y su mayor defecto. La joven Max es un personaje interesante, con matices y en el que se nota que los guionistas han puesto empeño por desmarcar del resto (quizá un punto pasada de trascendental y mística, pero bueno): el problema es el resto, que queda bastante deslucido en comparación y proporciona unos diálogos que podemos predecir antes de que se produzcan (y sin poderes mágicos, que conste), por culpa de ese encasillamiento al que sus programadores han decidido someterlos. Ninguna de las conversaciones de este primer episodio logra atraparnos lo suficiente salvo determinados momentos, muy puntuales, donde se nos dan breves pistas de por dónde puede ir la trama. Al ser un capítulo introductorio tampoco esperábamos grandes revelaciones, pero asombra la escasa cantidad de información que tenemos realmente sobre gran cantidad de personajes y situaciones que se adivinan determinantes en los restantes cuatro capítulos.

Un último aspecto que nos gustaría destacar es el excelente apartado sonoro y musical del juego, donde alcanza un nivel excelente. Tanto la banda sonora como ambiental del juego son sencillamente fabulosas, y la selección de canciones que suenan a lo largo de este episodio no podían ser más acertadas. Todo está puesto al servicio del personaje de Max, a captar su esencia inquieta, curiosa y reflexiva, por lo que las melodías se cargan de un peso poco habitual en este tipo de producciones. Hay que felicitar a Dontnod en este aspecto, porque han conseguido que la experiencia de juego suba muchos enteros.

El concepto de juego de Life is Strange está sujeto a su carácter episódico, por lo que tampoco se pueden sacar conclusiones definitivas. La próxima semana tendremos ya con nosotros el segundo episodio, así que continuaremos entonces este análisis parcial que, en cualquier caso, deja buenas sensaciones y algunos problemas que esperamos puedan resolverse de cara al futuro. Estamos ante un proyecto con mucho potencial, y sería una lástima que no terminara de aprovechar las muchas posibilidades que ofrece, tanto a nivel de ideas como de ejecución.

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Uno de los tópicos que más encontramos repetidos en la crítica de los videojuegos es la falta de ideas y de intención, por parte de los programadores, de ofrecer propuestas alternativas de juego a los géneros que ya conocemos y tenemos tan trillados. Conforme se suceden las generaciones empieza a calar un cierto poso de decepción en muchos jugadores veteranos, cansados de estar jugando siempre a lo mismo con envoltorios más o menos aparentes. Por todo ello, que aparezca un juego como Life is Strange ha de ser por fuerza una buena noticia en el sector, si bien no resulte revolucionaria y presente más de un problema, como ahora veremos. En cualquier caso, el esfuerzo por aportar algo distinto debe ser reconocido ya de entrada. Life is Strange es una aventura de exploración y conversaciones creada por Dontnod Games, el estudio francés creador de Remember Me. Siguiendo el estilo gráfico que han marcado los últimos estrenos de Telltale Games (The Walking Dead, Game of Thrones), nos presenta la historia de una joven que es capaz de alterar el curso del tiempo y, con ello, modificar una serie de hechos de una trama plagada de enigmas y secretos. Todo ello está envuelto con las típicas problemáticas a las que se enfrenta una adolescente en un pequeño pueblo costero norteamericano, como sus relaciones sociales, familiares, etc. Lo primero que llama la atención del juego es el mimo y el detalle que envuelve todo. Cada rincón de cada escenario guarda mucha información y merece ser recorrido con igual detalle para no perderse nada. El motor gráfico es solvente, aunque lo cierto es que es a nivel técnico donde más reparos encontramos en un juego pobre en texturas, polígonos y especialmente en las animaciones faciales, algo que consideramos un poco grave teniendo en cuenta el género. Con honrosas excepciones, los personajes tienen un aire de maniquí inexpresivo bastante notorio que enturbia la experiencia de juego, con un doblaje al inglés que tampoco ayuda demasiado a meternos en la historia, a causa de unas interpretaciones algo estáticas que van a juego con sus personajes. Cabe mencionar, en segundo lugar, las mecánicas de Life is Strange, que son lo que realmente dan sentido al juego y elevan el listón un poco por encima de la media de este tipo de aventuras. La posibilidad de rebobinar en el tiempo y de intervenir de maneras diferentes o de aprovechar nuestros conocimientos para emplearlos en el pasado son todo un acierto, y le da una personalidad propia al título. La comodidad del interfaz que nos permite hacer esta operación, con unos puntos que indican los momentos de giro de la trama que podemos modificar, sirve para orientarnos en un mapa temporal bastante sencillo, que se ve beneficiado por la estructura capitular de este primer episodio. Sin duda, es el mejor aspecto del juego y por el que más os recomendamos que lo probéis. Por su parte, las mecánicas del juego nos permiten un grado de interacción medio con el entorno, aunque la…
Gráficos - 67%
Sonido - 80%
Banda Sonora - 94%
Duración - 52%
Originalidad - 90%
Argumento - 70%

76%

Una agradable sorpresa, que no obstante requiere del análisis de sus restantes cuatro capítulos antes de dar un veredicto definitivo. Life is Strange propone algo diferente, viene sin crear expectativas de ninguna clase y tiene todo el campo del mundo para seguir creciendo, capítulo a capítulo, con la buena base que presenta esta primera entrega. Bien por Dontnod Games, que han sabido pasar página después de la tibia acogida de Remember Me.

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