Con la llegada del año nuevo, se han producido pocas novedades en el sector, aunque hay algunas de bastante interés. Pero por encima de todo planea un temor, bastante justificado, de que 2018 tiene un reto muy complicado por delante para igualar, no digamos ya superar, los méritos de un 2017 que nos ha dejado auténticas obras maestras y que ha colocado el listón realmente alto para todo lo que está por venir.

Dentro de lo que ya se sabe seguro, empezamos por Nintendo, que es la que más está dando últimamente que hablar. Primero con un Nintendo Direct Mini, donde nos confirmó lo que muchos ya sabemos, que el catálogo de Switch se va a nutrir fundamentalmente, al menos en los primeros años de vida del sistema, del de Wii U. A los ports (sigue habiendo gente en los medios que los denomina remakes o remasters, no sé muy bien por qué) lanzados el año pasado (recordemos: Zelda Breath of the Wild, Mario Kart Deluxe, Lego City Undercover, Rayman Origins y Pokémon Tournament DX), se suman ahora los inminentes Bayonetta 1 & 2, Donkey Kong Tropical Freeze y Hyrule Warriors, este último incluyendo todo su (abundante) contenido DLCDentro de las novedades originales se anunció, también, la tercera entrega de la bruja de Sega (sin fecha confirmada) y un nuevo juego de la saga de Mario Tennis (Aces), que llegará en primavera.

Además de los ports de Wii U, la consola vive también de remasterizaciones de juegos de anteriores consolas y generaciones, donde acumula también un buen número de títulos como Skyrim, LA Noire o Doom. A estos va a unir también Dark Souls Remastered, que también verá la luz en ports bastante superiores para PS4 y Xbox One. Sin duda una buena noticia para todos, por la importancia de este juego (y su saga) en la última década.

Como ya comenté en su momento al hablar de mis dudas antes de hacerme con el sistema, creo que hay algo de comprensible, y al mismo tiempo, de maquillador y hasta cierto punto tramposo, en el catálogo de esta consola. Evidentemente que Switch no ha inventado esta moda de trasladar juegos de otros sistemas para paliar vacíos de catálogo, que ahí están los nefastos 2014 y 2015 de PS4 y Xbox One para demostrarlo. Y en el apartado de lo comprensible está que Wii U vendió nada y menos, y que muchas de esas joyas de su catálogo son bastante vigentes a día de hoy, por lo que en principio no debería haber nada que objetar. Sin embargo, creo que esta política de ports perjudica claramente al (minoritario) usuario de Wii U, o al que quizá no tenga demasiado interés en propuestas de hace siete años, como pasa con Skyrim, al que yo particularmente le veo demasiadas costuras en estos tiempos que corren.

Me refiero a que de aquí al E3 Nintendo no tiene ningún gran juego confirmado todavía, original y exclusivo, para su consola (y lo siento, pero a mí el Mario Tennis no me lo parece, se ponga como se ponga el personal). Se sabe que habrá un Yoshi y un Kirby, pero nada se dijo de ellos en el Direct. Tampoco parece que en el terreno multiplataforma le vaya a ir mucho mejor, ya que grandes títulos como Dragon Ball Fighterz, Street Fighter V Arcade Edition o Monster Hunter World no llegarán a ella, por citar solo tres de los más destacados que llegan ahora a finales de enero.

Ya para terminar con la “fábrica de sueños” de la gran N, su último invento es nada más y nada menos que Labo, una experiencia basada en unas piezas de cartón que, combinadas con los mandos y pantalla de Switch, permiten construir pianos, robots o cañas de pescar para emplear en minijuegos. Nada más conocerse la noticia en Internet se desató bastante polémica, como con casi todo lo que tiene que ver con esta empresa, por el diseño del asunto, su estrategia de marketing, las posibilidades del concepto y, cómo no, la calidad de los materiales y el precio.

Vaya por delante que hasta que no se vea y se pruebe el asunto de verdad, cualquier juicio de valor está más en el terreno de la especulación que en el del análisis riguroso. Quizá por la ventaja que me da el no estar en absoluto en la franja de edad a la que creo que va destinado este invento, o porque realmente tengo siempre mucha prudencia con estas jeremiadas nintenderas que suelen quedar más en las intenciones que en las realidades, creo que el concepto en sí es muy bueno. Me preocupa, claro, que se pague 70 euros por una colección de kits de cartón y mini juegos (de los que no sabemos prácticamente nada, pero que ojalá no vayan en la dirección del nefasto 1, 2, Switch), y mentiría si no dijera que mi primera impresión es que esto en manos del niño que fui yo quizá no duraría demasiado. Pero insisto en que hasta que no lo vea y pruebe de primera mano lo mejor es dejar que Nintendo sorprenda y convenza al gran público, que eso en estos últimos tiempos parece cosa fácil para ellos, a juzgar por sus índices de venta.

Este efecto de noticia permanente en el que nos tiene sumergidos Nintendo hace que otras novedades pasen a planos más secundarios, como todo lo que tiene que ver con Sony y Microsoft. En cuanto a PS4, estamos a la espera de que empiecen a llegar las esencias de ese tarro de exclusivas que nos lleva anunciado la compañía nipona desde hace más de medio año. El primero en desembarcar será Shadow of the Colossus Remake, que sale el 7 de febrero pero del que no os podré hablar en propiedad hasta casi marzo, porque la edición de coleccionista solo se ha puesto a la venta en Japón y América y me ha tocado acudir a tiendas de importación, con el retraso que eso conlleva.

Al margen de no entender demasiado el motivo de esta ausencia (aquí solo se vende la edición pelada), y aunque ya sabéis que no soy partidario de este tipo de ediciones, creo que tratándose de uno de mis tres juegos favoritos de todos los tiempos, y sobre todo teniendo en cuenta lo que incluye (caja metálica, mapa del mundo, manual de instrucciones, postales y un buen puñado de contenido digital) y el precio al que lo hace (50 euros), bien merece la pena el esfuerzo y la espera. Creo que Sony ha sido muy inteligente al vender este juego a un precio reducido (sale a 35 euros), porque redundará en la difusión de un título que, a poco que BluePoint se haya esmerado por actualizarlo a nivel técnico, y todo apunta a que sí ha sido, promete seguir sentando cátedra en la narrativa del videojuego, que siempre fue su mayor baza muy por encima de texturas y tasas de fotogramas.

Ya para finalizar, Microsoft tiene ante sí el reto, nada sencillo, de convencer con software tras un 2017 decepcionante en este terreno, ya que únicamente se habló de ella en cuanto a temas de hardware. De nada le va a servir toda la potencia del mundo a Xbox One X si no tiene una galería de juegos con los que demostrar que esto es más que un listado frío de teraflops y tarjetas de sonido. No estoy especialmente entusiasmado con Sea of Thieves, ni con State of Decay 2 ni con Crackdown 3 (si es que llega), y por más que la gente esté como loca con el Player Unknown Battlegrounds, tampoco termino de verle la gracia al asunto, pero imagino que la compañía americana debe tener más de un as y más de dos en la manga. Veremos.

P.D: Sí, también soy muy consciente de que anunciar que la edición especial de Shadow of the Colossus tenga “manual de instrucciones” como algo espectacular o de coleccionista, es para hacérselo mirar. Lo sé.