Con el año a punto de dar a su fin, las noticias más destacadas de estas últimas semanas han tenido que ver con la entrega de los premios Game Awards, que cada caño reparten en diferentes categorías reconocimientos a juegos de toda clase y condición. Los ganadores, como no podía ser de otra manera, han sido Sekiro: Shadows Die Twice (mejor juego del año, mejor juego de acción/aventura), y Death Stranding (mejor director, actor y banda sonora) a cuya fiesta se sumó el sorprendente Disco Elysium con nada menos que cuatro estatuillas (mejor juego de rol, narrativa, juego independiente y Fresh Indie Game). Por lo demás, y también de manera bastante merecida, Super Smash Bros Ultimate se llevó el premio a mejor juego de lucha, Devil May Cry 5 a mejor juego de acción y Luigi’s Mansion 3 a mejor juego familiar.

Poco que objetar a una entrega de premios donde, realmente, no había mucho donde elegir. Ha sido un año de juegos notables, que no sobresalientes, en casi todas las categorías, lo que no significa que los premios hayan sido injustos: no creo que sea el caso. Supongo que Kojima y sus fans se habrán quedado medianamente satisfechos con sus premios, aunque entiendo que la decepción ha sido grande porque todos pensaban que se iba a llevar el gato al agua como mejor juego del año, y no ha sido así. El ciclón Souls todo lo puede, y una vez más queda demostrado que una fórmula que no inventa nada es preferida, a la hora de la verdad, a una apuesta tan arriesgada como la del bueno de Hideo. Otro año será.

Por lo demás, la gala dejó una sarta de anuncios de juegos francamente mediocres, donde brilló con extraña fuerza ese arreón final de Fast & Furious donde no sé por qué demonios se ha embarcado el estudio responsable de Project Cars. Es broma. Lo que realmente brilló con fuerza fue el anuncio de la nueva consola de Microsoft, que pese a algunos confusos malentendidos provocados por la propia compañía primero se llamó Xbox Series X para después llamarse Xbox a secas.

La consola es un espanto, un armatoste donde Phil Spencer aseguró que se habían metido todos los teraflops posibles sin importar la estética (obviamente). Sea como fuere, la consola promete emociones fuertes y vino acompañada del mejor anuncio de la noche, un Senua’s Saga Hellblade II que dejó a todo el mundo boquiabierto, para bien, y la promesa de que en esa generación todo irá a 4K y 60fps, e incluso aspirando a la frontera de los 8K y 120 fps, nada menos.

Aquí es donde creo yo que haría falta recordarle al personal que a día de hoy 1080p y 60 fps estables no es siquiera el estándar, por lo que habría que andarse con mucho cuidado a la hora de hacer promesas que bien sabe Mmicrosoft, como todas, que nadie es capaz de cumplir. Son pocos, muy pocos, los juegos que técnicamente han cumplido con nota en ese aspecto a lo largo de esta generación próxima a expirar, por lo que ponerse a soñar con 8K y 120 frames me parece un delirio más propio de Peter Molineux que de Spencer. Seamos cautos y vayamos paso a paso. Yo, desde luego, del tráiler que se presentó me creo lo justo, es decir, nada hasta que no lo vea correr con mis propios ojos en tiempo real.

La nueva Xbox saldrá en Navidades de 2020