Casi sin darnos cuenta, termina un 2018 lleno de grandes juegos que supone, además, una marca importante en la actual generación. Hace apenas un mes, tanto PS4 como Xbox One cumplieron un lustro, cinco años donde el catálogo ha ido creciendo lentamente en importancia hasta alcanzar una velocidad de crucero de dos años a esta parte. Si bien mantuve, y sigo manteniendo, que comprarse cualquiera de estas dos consolas en el periodo 2013-2016 era una apuesta más que arriesgada a jugar a ports glorificados de PS3 y Xbox 360, no se puede decir lo mismo a estas alturas de la generación, donde hay grandes títulos exclusivos que brillan con fuerza en ambas consolas y eclipsan muchos grandes títulos del pasado.

Ahora mismo, hacerse con uno de estos sistemas, además de poder hacerlo a un precio realmente apetecible, es apostar por dos catálogos con variedad, calidad y una oferta donde en ocasiones es realmente complicado elegir. Dentro de todos los géneros hay títulos que, además, con el tiempo han ido cobrando una fuerza que no tuvieron ni de lejos en su lanzamiento, como Street Fighter V en la lucha, GT Sport en los coches o Final Fantasy XV en la aventura y rol, ya que con tanto cambio y añadido se ha convertido, literalmente, en un juego distinto al que salió en su momento.

Efemérides aparte, lo cierto es que todo el mundo tiene ya en mente que a pesar de estos parabienes, la actual generación tiene los días contados. Hay insistentes rumores que apuntan al lanzamiento de nuevas consolas por parte de Sony y Microsoft en 2020 e incluso antes. Parece una fecha razonable, teniendo en cuenta los ciclos que se manejan desde hace más de una década, pero lo cierto es que a día de hoy no hay confirmado nada en absoluto por ninguna de las partes implicadas.

Ahora bien, en el caso de Sony, sus recientes anuncios oficiales de ausentarse de grandes eventos anuales o su decisión firme de no financiar ya más proyectos triple A exclusivos para PS4, una vez que se publiquen Ghost of Thushima, Days Gone, The Last of Us Part II y Death Stranding, ya confirmados, parecen apuntar la posibilidad de que la fecha de PS5 está más cerca de lo que pensamos.

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Sea como fuere, 2018 ha sido un año brillante, quizá el más importante de la actual generación, y nos ha dejado fenomenales juegos, como los ya comentados en nuestro apartado de Juegos del año hace unos días. Los Game Awards y prácticamente toda la prensa nacional e internacional han declarado a God of War como el título más importante, en un apasionante duelo con Red Dead Redemption 2 que finalmente se llevó el dios de guerra. Los premios a mejor juego del año absoluto, mejor juego de aventura y acción y mejor director para Corey Barlog son más que merecidos, así como los que el título de Rockstar se llevó por mejor actor y mejor sonido (más problemas tengo con el de mejor narrativa, que para mí también debería haber ido a parar a Midgar).

En cuanto al primer trimestre de 2019, que tenemos ya a la vuelta de la esquina, lo cierto es que también promete emociones fuertes. Títulos como Resident Evil 2 Remake (que tiene una pinta impresionante, por cierto), Kingdom Hearts 3 o Devil May Cry 5 tienen todas las papeletas para hacer las delicias del personal de aquí a marzo. Se supone que a lo largo del año tienen que ir apareciendo más, como los ya mencionados en el caso de Sony o Bayonetta 3, Anthem y un largo etéctera, para configurar así el que me imagino que será el año del canto de cisne de PS4 y Xbox One.

Quizá lo que más me apena de esta generación es que, por más que sea una estrategia que me ha permitido descubrir y rejugar no pocos juegos excelentes, el concepto de port, remake y remasterización han convertido los catálogos de las consolas en algo que va más allá de la consola concreta, desvirtuando de alguna forma el valor que en su momento tuvieron ciertos títulos. Esto, insisto, no me importaría en dosis razonables, pero la tendencia del mercado es tan absolutamente fagocitadora en este sentido que, si os fijáis, salvo el caso de Anthem y algunos de los exclusivos de Sony, todo lo demás que he comentado entraría en esa categoría del revival del videojuego.

Y me temo que eso, de cara a la próxima generación, no solo no va a cambiar, sino antes bien, creo que se seguirá intensificando, como lo demuestran los cada vez más largos, caros y complejos procesos de elaboración de juegos triple A (porque lo del desarrollo de KH 3 ha tenido que ser para rodar ocho documentales y una trilogía de terror, por lo menos).