Dejando a un lado el monotema nintendero de estos últimos días, se ha producido una noticia muy triste esta semana sobre la que creo que es conveniente reflexionar por un momento: la cancelación de Scalebound. Es triste por lo que significa para los usuarios de Xbox One, que hace cinco días recibieron otra pésima noticia, y ya van unas cuantas, referentes a su parque de exclusivos.

Aunque creo que todos estamos de acuerdo en que la gran derrotada de esta generación ha sido Wii U, lo cierto es que la suerte de Microsoft no ha sido todo lo brillante que cabía esperar, sobre todo teniendo en cuenta lo fenomenalmente bien que funcionó Xbox 360, donde la compañía americana aplicó toda la experiencia adquirida con su primer sistema para imponerse a Sony durante buena parte de aquella séptima generación tanto en ventas como en críticas y apoyo de usuarios.

No ha sido así, sin embargo, en la actual generación, con el desastroso comienzo aquel de One y la famosa insistencia en la Televisión, el dichoso HDMR y la lamentable decisión de potenciar un Kinect que en buena hora nació. Han hecho falta muchos años para dejar atrás todo aquel lodazal de caos estratégico y que hayan sido los juegos, buenos juegos, los que hayan logrado mantener las ventas de One con bastante dignidad. Títulos como Forza Horizon 3, Killer InstinctGears of War 4 y Halo 5: Guardians son algunas de sus bazas exclusivas, a las que se añade una buena colección de títulos multiplataforma y alguna que otra exclusiva temporal de relumbrón, como Rise of the Tomb Raider o Inside.

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Sin embargo, tanto la menor potencia del sistema frente a PS4 como el escaso brillo de estos títulos en comparación con algunas exclusivas de su rival y alguna que otra gran decepción, tipo Quantum Break, Titanfall o el anuncio de que prácticamente todo el catálogo exclusivo del sistema estará disponible en PC, habían llevado a los usuarios de One a un cierto desánimo que cancelaciones como la de Scalebound no ayudan precisamente a superar.

El anuncio, que por cierto supone otro borrón de los buenos en el, en otros tiempos, inmaculado expediente de Platinum Games, me ha hecho darle bastantes vueltas al tema de las exclusivas, porque el juego ha formado parte de la promoción de la consola prácticamente desde sus inicios, se nos ha dado la matraca una y otra vez con tráilers y anuncios, ¿y ahora resulta que el desarrollo iba tan rematadamente mal que lo menos desastroso es cancelarlo?

Por mucha Scorpio que haya en el horizonte, a Microsoft le ha patinado en esta generación el asunto de los exclusivos, porque incluso los antes citados, con la excepción de Forza Horizon 3, no han estado tampoco a la altura de las mejores entregas de sus respectivas sagas, ni mucho menos. Es algo que no había ocurrido antes, donde ya en su momento brillaron exclusivos de la talla de Ninja GaidenKOTR o Mass Effect, y que debería tener en cuenta, creo yo, de cara a siguientes entregas de Xbox.

Y ahora sí, volvamos un segundo a Nintendo Switch.

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Esto que veis aquí es el plan anual que ha facilitado la compañía de cara al año 2017. Los dos puntos álgidos son, evidentemente, Zelda en marzo y Mario Odissey en la campaña de Navidad. Más allá de eso, sin embargo, tenemos una línea de lanzamiento bastante desangelada y unos primeros meses donde, siendo sinceros, únicamente el port Mario Kart Deluxe y la secuela de Splatoon destacan por encima de un nivel más flojo de lo que yo pensaba.

Vaya por delante que no me creo, ni de broma, que Xenoblade Chronicles 2 esté listo para este año. La entrega de Wii U salió en abril de 2015, por lo que no se han cumplido ni siquiera dos años desde entonces. No es tiempo suficiente para sacar adelante un proyecto de esta envergadura, máxime con un hardware nuevo. Ese se va, como muy pronto, a 2018.

Respecto a FIFA, ya está confirmado que el juego no será la entrega numerada anual correspondiente, sino una versión específica para Switch. Nada más se sabe del asunto, pero a mí precisamente esto no me invita a ningún optimismo, y me hace recordar, con horror, aquellas infames versiones para Wii de los FIFA y Call of Duty, que eran para echarse a llorar. Ojalá, al igual que con el proyecto de Monolith Soft, me equivoque de pleno.

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Llevo demasiados años ya en esto como para dejarme llevar por la emoción o las prisas de las compras del día 1. He visto demasiadas consolas generar mucho hype, prometer grandísimos avances en la jugabilidad y, a la postre, limitarse a las cuatro o cinco bazas de siempre. Y Nintendo, y lo digo con dolor en el alma, no es una excepción. En 2006 nos vendió Wii como el último grito en jugabilidad, y no fue tal. En 2011 nos vendió las 3D de 3DS a precio de oro como el colmo del avance tecnológico, y que levante la mano el que las tiene activadas para jugar. En 2012 nos vendió Wii U a precios también dorados como la leche en bote con aquel juego asimétrico cuyo único título en sacarle partido fue la demo técnica de NintendoLand con la que se presentaba el concepto. Y en los dos últimos casos, los precios del día 1 tuvieron que ser rebajados para evitar desastres mayores.

Al final, una consola define su éxito o su fracaso por sus juegos y por sus ventas. Es así de duro. Así que a mí me importan un pimiento las especificaciones técnicas de Switch, las funcionalidades de sus Joy Cons y los cubitos de hielo: lo que quiero son juegos que me demuestren, como ha hecho esta compañía en el pasado y muy bien, que merece la pena pasar por caja. Y, sintiéndolo mucho, me temo que marzo de 2017 no es el mejor momento para hacerse con una Switch.

¿Razones? Dos, y muy claras: la falta de juegos rompedores exclusivos y porque tiene un precio a todas luces excesivo. A mí no me vale un catálogo de refritos, ports y falsas exclusivas de aquí a Navidades (porque recuerdo que Zelda: Breath of the Wild saldrá también en Wii U, consola para la que fue programado originalmente, el mismo día que para Switch). No quiero tener que volver a pasar por esos primeros meses infaustos de 3DS o Wii U donde, después de pagar muchísimo dinero, faltaban aplicaciones, había tiempos de carga insoportables y actualizaciones cada dos por tres y encima no había juegos que jugar durante meses enteros, más allá de los dos o tres de siempre.

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Yo recomiendo paciencia y prudencia a los usuarios. Estoy convencido de que de aquí a un tiempo, Switch tendrá un catálogo más interesante, y se habrá actualizado lo suficiente para que no sea una tortura instalar la consola el primer día. Es posible, además, que se hayan establecido packs con juegos que hagan más rentable la compra del sistema, y que incluso haya ofertas y rebajas en los propios juegos. Esperar puede suponer un beneficio de cientos de euros, y eso no es ninguna tontería, máxime si se tiene en cuenta que la consola estará meses, entre lanzamiento importante y lanzamiento importante, sin nada que llevarse realmente a la boca, y en eso, me temo, esto está siguiendo los pasos punto por punto de la ya casi extinta Wii U.

Para terminar, una breve reflexión sobre las Third Parties, porque creo que la memoria la perdemos con facilidad: Wii U salió con más de 30 juegos de lanzamiento, muchos de ellos multiplataformas de calidad indiscutible, y muchos de los cuales fueron durísimamente criticados por ser versiones lanzadas meses antes o un año antes, como mucho. Switch sale con 5 juegos (literalmente), y para que veamos un multiplataforma de relumbrón aquí hay que esperar a otoño con Skyrim, que, por cierto, fue lanzado hace la friolera de 6 años. Francamente, no lo entiendo.

Y ya está bien de decir que las consolas de Nintendo no necesitan juegos multiplataforma y que con los exclusivos de Nintendo nos vale. Una cosa es que la mayor parte de la gente (gamers) que tiene un sistema de Nintendo lo tenga como segunda consola, y otra muy diferente es que eso sea sostenible para su compañía a nivel general de usuarios: la castaña que se ha pegado Wii U, que básicamente ha vivido toda su vida de títulos propios, debería ser un precedente para tenerlo muy en cuenta. Nada me preocuparía más que repetir ahora, punto por punto, los muchos errores cometidos entonces.

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