Ya con el E3 terminado, llega el momento de las conclusiones y los sabores de boca. Lo primero que hay que decir es que el evento de este año ha sido muy generoso en número de juegos, que se han contado por centenares. Es evidente el músculo de una industria que crece año a año a nivel global, recaudando de manera considerable respecto a las vías de ocio más clásicas, como el cine, la música, etc.

La celebración de Los Ángeles ha demostrado que hay decenas de compañías capaces de crear obras poderosas, con valores de producción muy por encima de la media y con todo el público deseando que se pongan ya mismo a la venta. Juegos como Metal Gear Solid V, Uncharted 4, Legend of Zelda Wii U, The Division, Rainbow Six Siege, Forza Horizon 2, Assassin’s Creed Unity y un largo etcétera son motivos más que suficientes para tener a la parroquia atenta, encandilada y pendiente del calendario de aquí a varios meses. Algo parecido puede decirse de la escena indie y de menor presupuesto, con juegos que prometen convertirse en clásicos instantáneos, como No man’s sky o Abzú, a los que habrá que seguir la pista con mucha atención.

 

Sin embargo, y a pesar del buen nivel general medio, nosotros nos llevamos un sabor de boca agridulce. Hay muchos juegos desaparecidos en combate (Final Fantasy XV, Kingdom Hearts III, Quantum Break) o de los que apenas se ha visto nada (Mass Effect, Star Wars Battlefront 3). Lo más doloroso es la sensación de que un tercer grupo está en un limbo del que parece que nunca saldrá, como el remake de Majora’s Mask para 3DS y, muy especialmente, The Last Guardian (para PS3 o PS4), a los que damos ya directamente por muertos, después de años y años de esperar a que hagan su dichosa aparición en un evento que parece que jamás los verá pisar su alfombra roja. El cuarto grupo estaría integrado por aquellos juegos que, como The Order 1886, Fable Legends o Destiny, que en nuestra opinión cada vez lucen peor y prometen menos que lo que en un principio nos transmitieron.

Las compañías principales han jugado sobre seguro, sin arriesgar prácticamente nada. No ha habido ninguna gran revelación cósmica, porque prácticamente todo lo importante se había filtrado ya, y además por las propias compañías interesadas en mantener, supuestamente, el secreto. No ha habido un gran juego triunfador de la feria, y lo que es peor, ningún gran anuncio de aquí a final de 2014. No habrá juego bomba, pues, más allá de los enésimos FIFA, Call of Duty, Assassin’s Creed y las versiones ultra hd de The Last of Us y GTA V, seguramente uno de los secretos peor guardados de toda la feria.

 

Nuestro pronóstico del primer día fue que salvo que Nintendo lo remediara, íbamos a tener uno de los E3 más flojos de los últimos tiempos. Y si bien es cierto que la compañía de Iwata jugó más fuerte de lo que nos imaginábamos (Smash Bros y Bayonetta 2 lucen de maravilla, el nuevo Zelda promete superar todo lo visto hasta la fecha a todos los niveles, y lo de Starfox fue toda una noticia inesperada), creemos que se ha perdido la oportunidad de dar un golpe de autoridad en la mesa más contundente.

Tanto de Zelda como de Starfox sabemos prácticamente nada, más allá de fechas aproximadas de lanzamiento y que serán muy buenos, cosa que nos podíamos haber imaginado ya sin tanto misterio. En el caso de la nueva aventura de Link (si es que finalmente es Link, que corren ya rumores de que podría tratarse de una joven), nos resulta gracioso el modo en el que todo el mundo se ha lanzado a hacer sesudos análisis de un tráiler en el que, sinceramente, más allá de lo bonica que es la hierba se ve bastante poco. Nos gusta la idea de mundo abierto, claro, pero no sabemos si hacerlo a costa de poner a caer de un burro a Wind Waker, como hizo el señor Aonuma en la presentación, es el mejor de los sistemas. Él verá, que a fin de cuentas fue su primer juego como director.

Luego están las figuritas, claro. Y qué duda cabe que las figuritas de Amiibo prometen hacer una caja para Nintendo de las que hacen época, y que pueden dar más juego del que muchos se piensan. Sin embargo, y aprovechando la sosería desplegada por Sony y Microsoft sobre sus respectivos tapetes de conferencia, Nintendo podía (y debía) haber dicho que están aquí para quedarse, y nosotros no tenemos la certeza de que fuera así, sino más bien al contrario: enseñando poco o nada de sus grandes novedades, insistiendo demasiado en juegos inminentes sobre los que ya se ha dicho todo lo necesario (¡¡¡salvo Pac-Man en Smash Bros!!!), y con esa sensación de deja vú que tienen todos estos Nintendo Direct. Aun con todo, nos pareció de lo mejor de la feria, pero no sabemos si hasta el punto de declararles como vencedores.

Ha sido, pues, un E3 de circunstancias. Todo queda emplazado a 2015, que al paso que va se convertirá en el mejor año de la historia del sector (si no vienen más retrasos para «remediarlo», claro). Hay muchos y buenos juegos en el horizonte, pero todos ellos quedan muy lejos del invierno de este año. De momento, y como viene siendo habitual en estos últimos años, mucho nos tememos que seguiremos jugando a lo mismo de siempre. Otra vez será.