Call of Duty vuelve, un año más, y vuelve también a una ambientación que parecía haber quedado desterrada hace ya casi una década desde que Modern Warfare (2008) pegó un pelotazo trayendo el conflicto bélico de los FPS a las guerras contemporáneas. No parece que sea un movimiento que sorprenda a nadie, después de las malas cifras de Infinite Warfare y del éxito de Battlefield 1, aunque en honor a la verdad hay que decir que este juego llevaba ya por lo menos dos años cociéndose en los hornos de Seldeghammer, los responsables del más que notable Advanced Warfare.

Los lectores de la página saben ya de mi crítica general a este género, al que considero uno de los más conservadores y poco desafiantes, desde el punto de vista de la historia del videojuego. Por supuesto que tiene, y en eso a Call of Duty le ganan pocos en los últimos años, un multijugador plagado de infinitos detalles y matices que lo vuelven una experiencia apasionante para su amplia comunidad de usuarios, y que vende como una máquina año tras año a pesar de repetir de manera descarada fórmulas y micropagos.

Estoy convencido, por todo ello, de que este WWII arrasará en ventas y servirá para darle un poco de aire fresco a esas ambientaciones excesivamente futuristas del género en los últimos tiempos, pero no puedo evitar pensar que yo ya he jugado a este juego (en una versión técnicamente muy inferior, lógicamente), cuando hace más de 15 años apareció un tal Medal of Honor que me llevó ya a esas míticas playas del desembarco de Normandía. Sea como fuere, los tres grandes pesos pesados del género ya tienen fechas de estrenos (recordemos, Destiny 2 el 8 de septiembre, Call of Duty: World War II el 3 de noviembre y Battlefront 2 unos días más tarde de ese mismo mes, el 17), así que de nuevo la guerra, y perdón por el chiste fácil, está servida.

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Más allá de las trincheras y las explosiones, esta semana nos ha dejado algunas noticias bastante curiosas, como el anuncio por parte de Nintendo de que por un lado cancela la fabricación de la NES Mini y que, por otro, lanzará New Nintendo 2DS XL, que sale el 28 de julio a un precio de 149,99 euros. La primera sorprende por lo bien que se ha vendido este curioso modelo a caballo entre el emulador y la nostalgia ochentera, con más de dos millones de unidades colocadas desde su lanzamiento, y que los mentideros de Internet dicen que se retira para dar paso a la siguiente de la serie, la SNES Mini (que imagino que arrasará igualmente, dado el fanatismo del personal).

Por su parte, lo de New 2DS XL me ha generado una reflexión bastante curiosa acerca del modelo de negocio de Nintendo y, en concreto, de todo lo relacionado con un sistema que nunca sé muy bien si calificar como la mejor portátil de la historia de la compañía (su catálogo parece confirmarlo, desde luego) o como uno de los despropósitos más notables de Nintendo en cuanto a planificación, desarrollo y marketing. La consola salió en 2011 a un precio de 250 euros con un bombardeo permanente con los juegos en 3D sin gafas, que parecía que iba a revolucionar el mercado. No fue así. Tan solo unos meses después del lanzamiento, y ante las bajísimas ventas, Nintendo rebajó el precio a 170 euros (menuda cara se nos quedó a los compradores del día 1), y en los seis años siguientes se dedicó a lanzar grandes juegos que poco o nada hacían uso del dichoso 3D, con constantes y vergonzosas revisiones de la consola que encontraron un punto de inflexión con el lanzamiento de 2DS, una versión pensada para niños, tosca y sin la capacidad de doblarse sobre sí misma, que para sorpresa de todos eliminó la característica de las 3D

2DS XL es un paso lógico en esta escala de reconocer su error de inicio, y se convertirá sin duda en la versión más popular, barata y mejorada del sistema. Lo que me pregunto es si esto viene a cuento ahora, con una Switch que es infinitamente superior a nivel técnico e igual de portátil. ¿Hasta cuándo va a continuar Nintendo haciendo revisiones de 3DS y dándole apoyo? ¿No se supone que Switch era el híbrido de sobremesa y portátil que iba a unificar los lanzamientos de Nintendo en una única plataforma? Yo, sinceramente, no entiendo nada.

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Y a todo esto, y en mitad del torbellino de rumores de Scorpio y las pedradas entre los que consideran que Switch está vendiendo muy bien y eso significa que va a ser el mayor éxito de la historia del sector y los que consideran que Switch está vendiendo muy bien y eso no significa absolutamente nada de cara al futuro, Sony anuncia que lleva ya 62 millones de PS4 vendidas en apenas tres años y cuatro meses, convirtiéndose en la consola que, de momento, más y mejor ritmo de ventas ha tenido en la historia del sector.

Esta batalla de las cifras me ha resultado siempre bastante curiosa, por lo vano del asunto. A mí me importa bien poco que Wii vendiera más de 100 millones y Wii U apenas 14: para mí el catálogo de esta última, que encima permite jugar a los pocos juegos buenos de la anterior, es y será siempre francamente superior. En cualquier caso, me parece asombroso que PS4, que solo ahora empieza a configurar un catálogo de juegos exclusivos más que interesante, con títulos como Uncharted 4, Horizon Zero Dawn, Persona 5 y los que están por llegar este año y el próximo, haya podido arrasar tanto sin apenas bazas ganadoras. Lo que parece evidente es que, de seguir así, batirá pronto el récord de PS3 (85 millones en siete años) y como siga así puede poner en peligro el de PS2, de momento la reina de los Guinnes en este aspecto (155 millones en diez años).

Para terminar, unos breves apuntes sobre Final Fantasy XII: The Zodiac Age, que ya tiene nuevo tráiler con más hincapié en la trama principal y fecha de salida: 11 de julio para PS4. Después de haber sufrido lo indecible para terminar Final Fantasy XV, que me dejó un sabor de boca de lo más agridulce, me preocupa seriamente volver a encontrarme con Vaan y su alegre pandilla de aventureros y sentir que he viajado al Pleistoceno superior. No me refiero al aspecto técnico, que por más que le hayan quitado las legañas no puede ocultar ser de un juego de hace más de una década, sino más bien a un apartado jugable y a un sistema de misiones mucho más marcadas y cerradas de lo que quizá ya estoy acostumbrado. Es posible que eche de menos hasta esos boles de arroz ultrarrealistas, qué diantres.

Miedos personales al margen, lo cierto es que este juego tiene una aureola de malditismo a su alrededor, por todo aquello que sufrió en su desarrollo cuando el director principal tuvo que ser sustituido cuando solo faltaba un tercio por completar, que siempre me ha parecido fascinante. Además, cuenta con un diseño fastuoso, en la línea de lo mejor de la saga, una banda sonora tremenda y un sistema de combate apasionante, así que quizá eso sea lo que salve ese desfase generacional que, sin duda, este tipo de ports tienen que sufrir a la fuerza.

Y ya por delante, y perdón por adelantarme tanto, se avecinan los nubarrones del E3, que este año viene más cargado que de costumbre por todos los frentes. Casi todas las compañías importantes, salvo Sony y Microsoft, han decidido montar la conferencia por su cuenta para tratar de ganar más atención mediática, y con casi todas las cartas ya sobre la mesa a excepción de Scorpio, sin duda uno de los grandes atractivos de la feria de 2017, lo que va a pesar más son sin duda los juegos. Personalmente, tengo muchas ganas de ver de qué es capaz la nueva versión de Xbox, así como el nuevo God of War (los chicos de The Last of Us 2 guardarán silencio por ahora, me temo) y lo que sea que Nintendo está guardándose debajo de la manga. En cualquier caso, paciencia, que todavía queda.

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