Llegamos a Semana Santa con un aluvión de noticias que oscilan entre lo preocupante, lo malo y lo rematadamente malo. Dentro del primer grupo estaría lo sucedido con Tequila Works y su Rime, del que parece que Sony ya no se hará cargo a juzgar por las declaraciones del propio estudio, que ha publicado una nota en la que afirma haber recuperado todos los derechos del juego. Uno de sus desarrolladores ha confirmado que el título sigue en desarrollo y a pleno rendimiento, por lo que ahora la incógnita será qué sucede con la distribución del mismo o la plataforma de salida (que ya se duda de que sea una exclusiva de PS4, como la propia compañía había anunciado en sus últimos listados de juegos para 2016). Sea como fuere, yo sigo teniendo una enorme confianza en él, y en que será una de las sorpresas del año.

Preocupante también es el anuncio de Sony de que Playstation VR, su sistema de realidad virtual, será lanzado en septiembre de este año al precio de 399 euros. Hasta aquí todo bien. El problema viene cuando se ha anunciado que será necesario tener también la Playstation Camera, que por si alguien no la tiene todavía, vale la friolera de 50 euros más. Súmese a esto alguno de los más de 60 juegos que la compañía ha anunciado que verán la luz a lo largo de 2016 (que con lo de los retrasos se quedará en 15 como mucho, me temo), y entonces ya el asunto se nos empieza a acercar a los 500 euros o más. Habrá que esperar un poco, sobre todo en el tema de juegos, para ver si efectivamente todo apunta tan bien como parece. Electronic Arts ha lanzado un teaser trailer de algo llamado Star Wars Trials, y que tiene una pinta… preocupante.

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Dentro de lo malo, tenemos que Street Fighter V sigue sin actualizarse, y tampoco se sabe la fecha concreta del lanzamiento de su anunciado DLC (que llega en marzo, sí, pero sin saber cuándo a estas alturas resulta un poco raro). Me parece realmente vergonzoso que a estas alturas del mes, casi tres semanas después del lanzamiento oficial, sigamos a la espera de algún parche que permita, entre otras cosas, evitar las caídas de servidores o que la gente se anime alegremente a abandonar el combate después de que le hayamos pegado una paliza. Son fallos de bulto que no deberían ya perdonarse por más tiempo.

También está el enésimo retraso de Uncharted 4, que por cuarta vez consecutiva vuelve a retrasarse, aunque parece que será solo cosa de dos semanas (de momento, porque donde caben 4 caben 5). No es que sea una noticia catastrófica pero da que pensar que Naughty Dog no sea capaz de rematar un juego que lleva prácticamente 5 años en el horno, por mucho giro brusco de timón que haya habido a medias de dicho desarrollo. Al menos lo ha compensado con un tráiler soberbio acerca de la historia del juego; digo soberbio en el aspecto técnico, porque es todo de una seriedad que será muy coherente con The Last of Us y la madurez narrativa y todo lo que usted quiera, pero que francamente le sienta como un tiro tanta gravedad a una saga que se había caracterizado precisamente por hacer gala de todo lo contrario. Veremos.

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Dentro de lo rematadamente malo, está para empezar el retraso a la primavera de 2017 de Mass Effect Andrómeda. Reconozco que de todas las noticias, esta es la que me ha sentado como un tiro. Vale, el juego no se había mostrado más que en un 0,0001%, y todo apuntaba a que su verdor era como el esplendor de la hierba de aquella película, pero aun así yo tenía puestas mis máximas ilusiones en este juego y en The Last Guardian para 2016, y ahora se me ha caído de golpe y porrazo uno de los pilares de mi esperanza. Y de verdad, como vuelva a tener que leer la dichosa cantinela de que “hemos decidido darle una nueva fecha al título para darle más tiempo a los creadores a desarrollar su visión” juro que soy capaz de llevarlos al tribunal de la Haya. Lo que tienen que hacer es dejar de anunciar los juegos con 3 y hasta 4 años de anticipación, y limitarse a una “ventana de lanzamiento” (cito de nuevo las pomposas palabras de este tipo de declaraciones) de, como muchísimo, 6 meses. Menudos disgustos nos ahorraríamos.

Por otro lado, Microsoft sigue haciendo de su capa un sayo y ahora ha cerrado las oficinas de Lionhead Studios, famosos por albergar en su seno al inimitable, inefable e insustituible Peter Molyneux, autor de las mayores trolas que nos hemos tenido que tragar jamás en la historia del sector, y que condenó a su propio estudio a hacer secuela tras secuela del no menos legendario Fable, cuya última entrega, Fable Legends, sobra decir que ha sido cancelada. Es una auténtica lástima que un equipazo como Lionhead, uno de los más importantes de la industria británica, se haya despedido de semejante manera por la torpeza, la profunda incompetencia, de una compañía distribuidora que no ha sabido manejar el enorme potencial de talento que anidaba allí, y que por desgracia ha estado tan limitado a una franquicia menor, se ponga como se ponga el personal, tanto en alcance como en legado.

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Así las cosas, y con tan deprimente panorama en el horizonte, no he tenido más remedio que echar mano de uno de los comodines que guardaba para semejantes momentos de depresión, que es el Yoshi’s Woolly World, del que pronto espero poder ofreceros un completo análisis. Ya que la magia de Nintendo es evidente que de momento no va a llegar con el tema de los móviles (lo de los Miitomo no sabía dónde ponerlo, en cuanto a las tres categorías mencionadas hoy), y que el nuevo club Nintendo huele a sacacuartos que tira para atrás, si echamos un vistazo a su catálogo de precios y “descuentos”, con su magia monetaria me despido hasta la siguiente tribuna, donde espero poder resarcirme de esta semana de Pasión y tragedia que nos ha tocado sufrir. ¡Hasta la próxima, pixeleros!

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