Hace ahora mismo 20 años, Pokémon se convertía en un fenómeno mundial gracias a un videojuego para Game Boy, una serie de televisión e infinidad de merchandising que arrasó, literalmente, en todas partes. Acababa de nacer una fiebre que, lejos de ser una moda pasajera, se ha ido confirmando a lo largo de estas décadas como algo que va más allá de conflictos generacionales y lleva la categoría de tornarse en inmortal, pese a quien pese. Lo ocurrido estos últimos días con la salida al mercado de Pokémon Go, la versión para móviles que ha distribuido Nintendo en su nueva política de conquista de nuevos mercados, no es sino la confirmación definitiva de que esta saga es, sencillamente, invencible.

La idea básica de Pokémon (un sincretismo derivado de las palabras inglesas Pocket Monsters) es controlar a un muchacho cuya misión en la vida consiste en pasear por diferentes lugares recopilando monstruos de diferentes formas, tamaños y colores. Es un juego de rol en toda regla, en el que debemos procurar subir de nivel a nuestras criaturas y enfrentarlas contra bestias cada vez más fuertes hasta que alcanzamos el máximo nivel o reclutamos a todos los bichos de cada entrega, que ya se cuentan por millares y tienen al celebérrimo Pikachu como emblema supremo de esta extraña «religión».

Siempre me llamó mucho la atención el fanatismo que ha despertado la saga, pero sobre todo las inteligentes estrategias de Nintendo para sacarle el máximo jugo al asunto. Con la excusa de fomentar el intercambio de bichos entre los usuarios, un poco al modo de los viejos cromos, cada entrega de la serie salía en diferentes entregas (Pokémon Rojo, Azul, Amarillo y Verde, en el caso del primer juego, por ejemplo). En realidad eran el mismo juego, pero con diferente número y tipos de monstruos en cada uno, lo que obligaba al jugador a A) comprar todos para tener todas las versiones o B) buscar a otros jugadores para intercambiar los monstruos y «hacerse con todos», el lema de carácter obsesivo de la franquicia.

143501.alfabetajuega-pokemon-mascotas0-07042016

Las ventas dan la razón a esta política evidente de saca-perras, porque más de 200 millones de juegos después, la locura por Pokémon no solo no ha disminuido sino que ha atravesado barreras generacionales (ya habrá padres que lo jugaron en su día y jueguen ahora con sus críos a las últimas versiones), tecnológicas (desde el jurásico cable que conectaba ambas Game Boy a la realidad aumentada de la versión móvil reciente) y de cualquier clase que se pueda concebir.

El carácter portátil del 99% de sus juegos ha hecho que, salvo raras excepciones como Pokémon Stadium para Nintendo 64 o el más reciente Pokemon Tag Tournament para Wii U, estos juegos hayan sido feudo casi exclusivo de las consolas portátiles de Nintendo. Las últimas entregas para 3DS, Pokémon X&Y, se llevaron el mercado durante una buena temporada en todas partes, por lo que no es de extrañar que cuando hace un año se anunció la versión móvil para sistemas IOS y Android, la gente entró en estado de shock.

pokemon-go-leaktwo-hg9t_eu39

 

Lo que no era tan sencillo de prever es la absoluta locura colectiva actual, con gentes de todas las razas y edades deambulando como extras de The Walking Dead por las calles de medio mundo en busca de lugares donde encontrar sus codiciados Pokémon. Se han dado casos de denuncias por el hecho de que la gente se agolpa en gimnasios, iglesias o comisarías de policías que los diseñadores del juego pensaron que era una buena idea situar como zonas de localización, con los consiguientes conflictos derivados de ello.

Reconozco que nunca me ha seducido el mundo de Pokémon, por más que he probado muchos de estos juegos y no les niego un ápice de calidad o de su capacidad de adicción. Sin embargo, es de justicia reconocer la vigencia de una idea que en su momento no me pareció que fuera mucho más allá de la moda tipo Tamagotchi (¿alguien se acuerda de eso?). Al César lo que es del César. Me asombra que niños de hoy día compartan la misma fiebre, el mismo entusiasmo y las mismas ansias por coleccionar a los Charizard, Charmander, Pikachu y tantos otros que las que vi en su momento, allá por 1996. Será curioso ver cómo evoluciona todo esto, pero mucho me temo que mis nietos y sus hijos y los que vengan después seguirán recorriendo el mundo, quién sabe si el espacio, en busca de algún Mewtwo legendario.

371-1302-614387768