En los últimos tiempos, resulta moneda corriente escuchar a los portavoces de las diferentes desarrolladoras que tal juego no será exclusivo de tal o cual sistema porque lanzándolo multiplataforma los beneficios económicos serán muy superiores. Es un argumento bastante razonable, es necesario admitirlo. Quizá por ello, esta séptima generación se ha caracterizado precisamente porque un buen número de juegos han salido para PC, Xbox 360 y PS3 (lo de Wii es caso aparte, como ya comentamos en su momento). Y no estamos hablando de juegos cualquiera, sino de los que más éxito han tenido en ventas: Call of Duty, FIFA, Assassin’s Creed… No por casualidad, además, prácticamente todos ellos forman parte de sagas anuales, donde la innovación es bastante escasa, por decirlo de un modo suave.

Sin embargo, en la memoria que tenemos de esta industria, lo cierto es que los títulos exclusivos fueron siempre la punta de lanza de cualquier sistema. Un buen exclusivo es sinónimo de orgullo para los poseedores de un sistema, y de envidia absoluta para el resto. Sony conoce bien este concepto porque lo lleva poniendo en práctica desde los tiempos de su primera Playstation. A golpe de talonario, logró llevarse a finales de los 90 algunos de los juegos más importantes del sector, como Resident Evil 1, 2 y 3 o, muy especialmente, Final Fantasy VII, VIII, IX y Metal Gear Solid, tras lograr acuerdos de exlcuisividad total o temporal con Capcom, Square y Konami, respectivamente. A estos títulos sumó sus juegos first party, donde por encima de todos destacan las dos primeras entregas de Gran Turismo. Es posible que en aquella época Nintendo lanzara algunos de los mejores juegos de la historia, eso nadie lo duda, pero lo cierto es que su catálogo se hubiera visto realmente reforzado con alguno de estos títulos. Y ahí estuvo la guerra.

El éxito histórico de Playstation 2 no se puede entender sin GTA San Andreas, Vice City y GTA III. Estos tres títulos, y especialmente el primero, hicieron de Rockstar una de las desarrolladoras más importantes de la industria y catapultaron al sistema al estrellato, pero no fueron los únicos. Capcom volvió a aliarse con Sony para darle Devil May Cry 1-3, mientras Konami le proporcionaba Metal Gear Solid 2 y 3 y la recién formada Square-Enix se hacía su hueco nada menos que con Final Fantasy X y XII, Kingdom Hearts 1 y 2 y Dragon Quest VIII. Si a eso le sumamos otros dos Gran Turismo (3 A-Spec y 4), los dos primeros God of War de Sony Santa Mónica, e Ico y Shadow of the Colossus del Team ICO, el resultado es uno de los catálogos más plagados de mejores exclusivas de todos los tiempos, algo sin parangón en la historia del sector.

El siguiente salto generacional planteó los problemas de los que hablábamos al inicio: las compañías comenzaron a plantearse la rentabilidad de salir en exclusiva. Así, la tercera entrega de Playstation tuvo un comienzo mucho más árido, en buena medida porque Microsoft le hizo la misma jugada que un día Sony le hizo a Nintendo: el “robo” de exclusivas. Microsoft sabía que ahí se jugaba su éxito y fue a por todas, aunque en realidad la jugada de la empresa americana no fue tan lejos al conseguir únicamente que ciertos títulos fueran multiplataforma. Es casi legendaria ya la escena del tatuaje de Peter Moore con el logotipo de GTA IV, uno de los mayores éxitos de la generación a la que solo la quinta entrega ha hecho sombra (y de qué manera). También Final Fantasy se convirtió en título para Xbox 360, aunque sin duda su éxito e impacto fueron muy inferiores a lo que se esperaba de un título que ha pasado de puntillas (con tres entregas nada menos) por la generación.

Algo distinto le ocurrió a Metal Gear Solid: si bien la cuarta entrega, para muchos una auténtica obra maestra, salió solo en PS3, no fue tanto por problema de licencias como de formato. Tal y como le ocurrió en su día a Final Fantasy, cuya séptima entrega era imposible de encajar en un cartucho de Nintendo 64 pero sí en los amplios CD de PSX, Hideo Kojima ha llegado a bromear diciendo que MGS4 hubiera necesitado 17 DVD de Xbox 360, frente al único Blu-Ray de PS3. No obstante, Metal Gear Collection HD sí salió en ambas plataformas, permitiendo por primera vez en la historia a los usuarios de Microsoft jugar a los primeros juegos de la saga, algo que también es extensivo a MGS Ground Zeroes y Phantom Pain, que saldrán para PS4 y Xbox One el próximo año. En cualquier caso, Microsoft logró lo impensable: que tres sagas icónicas y exclusivas de Sony corrieran también por sus circuitos.

Al mismo tiempo, Microsoft cuidaba su trato con ciertas empresas para lograr determinados acuerdos, que le granjearon exclusivas temporales. Financió a Bioware para que sacara adelante el primer Mass Effect (lo que luego le permitió, de hecho, retrasar la aparición en PS3 durante cinco largos años), llegó a acuerdos con Irrational Games para recibir Bioshock, Capcom con Left 4 Dead , CD Project con The Witcher 2 y Remedy, por último, con Alan Wake, todos ellos fundamentales para entender el éxito de la consola durante sus primeros años de vida.

Sony tuvo que hacer lo imposible para que algunas de estas exclusivas de Xbox 360, como las tres entregas de Mass Effect o Bioshock, llegaran a su consola. No fueron conversiones por lo general superiores a las de su rival (más bien al revés, salvo casos excepcionales, como Mass Effect 2), ya que en su mayoría eran “ports” de Xbox hechas con bastante prisa y poco cuidado, pero al menos no provocaron sensación de envidia o pérdida alguna entre sus usuarios, más allá de que tuvieran que esperar bastante para poder hacerse con dichos títulos (conste que nos referimos aquí a las primeras entregas de cada saga: el resto, en especial Mass Effect 3 y Bioshock Infinite, fueron lanzados a la vez para las dos consolas).

Donde sí que es necesario reconocer un sabor agridulce fue en el apartado de exclusivas First Party: la parte más agria se la llevan el Team ICO, que lleva años atascado con The Last Guardian, que ya nadie sabe cuándo, cómo o dónde saldrá (si es que finalmente sale) y Square-Enix, cuyo título exclusivo Versus XIII se ha convertido finalmente, tras mil retrasos y problemas, en Final Fantasy XV, un multiplataforma para la next-gen. En menor medida hay que hablar también de los dos God of War (3 y Ascension), que no terminaron de cuajar como las primeras entregas de PS2, aun siendo buenos juegos. Algo parecido le ocurrió a Gran Turismo 5, que sufrió todo tipo de retrasos, bugs y errores que Polyphony ha tenido que ir puliendo con decenas de parches (veremos qué pasa finalmente con GT6, aunque todo indica que irá mejor). También aquí hay que hacer mención a Guerrilla con su Killzone 2 y 3, donde quizá prometieron demasiado para lo que luego fueron sus juegos (de nuevo, bastante buenos, pero no cumplieron lo que en realidad se esperaba de ellos: que hicieran competencia de verdad a Halo).

El lado dulce de las exclusivas se lo llevan Naughty Dog, Quantic Dream y Thatgamecompany. La saga Uncharted, The Last of Us, Heavy Rain, Beyond: Two Souls y Journey están entre nuestros favoritos de la generación, por su excepcional calidad y valores de producción. Estamos hablando de juegos que proporcionan diversión, calidad y emoción a raudales, cada uno desde su particular enfoque. Son estos juegos los que han hecho dar un salto cualitativo al catálogo del sistema, que año tras año ha ido recuperando el terreno perdido respecto de Microsoft, junto a decisiones tan acertadas como el Playstation Plus en su servicio online, al que tanto y con tanta razón se le ha criticado. Por su parte, Microsoft aguantó el tirón más o menos hasta 2011, donde Halo 3, Reach y 4, Gears of War 1-4 y, muy especialmente, Forza Motorsport 3 y 4 demostraron que muy poco o nada tenían que envidiar al catálogo de su rival. Es cierto que en los últimos años pegó un bajón de juegos de calidad, algo que Sony aprovechó para respirar a nivel de ventas.

A nuestro juicio este efecto de “vasos comunicantes” de juegos entre ambas empresas explica muy bien el equilibrio de ventas de ambos sistemas. Sony perdió exclusivas y perdió ventas respecto de PS2; Microsoft ganó más juegos para su catálogo y vendió más que Xbox 1. Al final, tanto PS3 como Xbox 360 han colocado en el mercado la friolera de 80 millones de sistemas, y en buena parte creemos que esto se debe al equilibrio de multiplataforma y exclusivos. Nintendo, como siempre, se mueve en una liga distinta, pero si nos atenemos a este criterio veremos que su éxito se ha debido siempre a su extraordinario catálogo de exclusivos, por el que cualquiera desarrolladora daría su brazo derecho. ¿Qué cantidad no pagarían Sony o Microsoft por hacer que Mario, Link y Samus corrieran por sus circuitos de forma exclusiva junto a Solid Snake, por ejemplo?

Uno de los miedos que tenemos de cara a esta octava generación que comienza en apenas un mes (sí, ya sabemos que Wii U salió hace un año, pero ya nos entendéis), es que el concepto de exclusivas vuelva a limitarse tanto como en la anterior. Entendemos que el jugador sale beneficiado cuantos más multiplataforma haya (a ver si no cómo habríamos jugado nosotros a la saga Mass Effect, que creemos que es de lo mejor que hemos visto jamás). Sin embargo, con la difusión del concepto de juego para todos los sistemas, se pierde uno de los mayores atractivos a la hora de decidirse por una consola o por otra, que es justo lo que nos pasa de cara a estas Navidades. ¿Cómo decidirse por Xbox One o por PS4, cuando lo que mejor pinta vuelve a ser, de nuevo, FIFAAssassin’s Creed y, en menor medida, Call of Duty? Dichosas paradojas…