Cuando en 2006 se anunció la disolución del Clover Studio de Capcom, responsable de joyas como Okami o Viewtiful Joe, muchos se llevaron las manos a la cabeza. ¿Cómo era posible que Capcom dejara escapar, además, a tres de sus programadores clave como Hideki Kamiya, Shinki Mikami y Atshushi Inaba? La respuesta no se hizo esperar, ya que el uno de agosto de ese mismo año los tres fundaban Platinum Games, un estudio que se ha hecho un nombre propio en apenas cinco o seis años con títulos realmente importantes para la industria, donde por encima de todos brilla uno con luz propia: Bayonetta (2009, Xbox 360, PS3 y PC).

Este juego, a nuestro juicio uno de los más importantes de la generación y el mejor exponente del buen hack and slash, nos ponía en la piel de la carismática Bayonetta, una especie de cruce entre bruja, artillera y amiga de las armas blancas que era capaz de cualquier virguería física en un entorno plagado de demonios de tamaños variables entre el gigante y el más gigante todavía. Juego de cámara ágil, control fluido y combos variados, supuso un antes y un después en el género, y un sopapo en toda la cara a gente que, como el bueno de Kratos o de Dante, seguías anclado en mecánicas de Playstation 2 con su God of War III y el aún más flojo Devil May Cry 4.

PlatinumGames

Las señas de identidad de este estudio, como quedó comprobado con ese y otros lanzamientos de corte similar, eran un control pluscuamperfecto y un espíritu desenfadado, lejos de la gravedad que parece que tiene que dominar hoy día en cualquier producto de ocio que se precie, ya sea en los videojuegos o el cine. Los juegos de Platinum Games destacan por ser un simpático homenaje al exceso, sin llegar a los extremos salvajes de Suda 51, con un corte oriental que define sus diseños y desarrollos, y con un gusto claro por la acción directa y sin freno. Sus juegos tienen también la extraña particularidad de resultar únicos en sus respectivos sistemas, como esa rareza llamada Madworld para Nintendo Wii, un juego en blanco y negro donde únicamente se veía el (abundante) color rojo de la sangre de nuestros enemigos.

Uno de los puntos flacos de este tipo de juegos, con una personalidad tan marcada en todos los casos, es que las ventas no siempre han respondido como se esperaba de ellos. Es más, en palabras del propio Mikami, nunca lo han hecho. Sin embargo, parece que hay cierta querencia en la industria por esta compañía, como ya demostró Konami al trasladarle su ambicioso proyecto de Metal Gear Rising. Solo las sabias manos de la división del estudio comandada por Kenji Saito supo darle alas a una idea buena que los chicos de Hideo Kojima eran incapaces de sacar adelante, y todo ello en un tiempo récord que si bien afecto a la duración del juego, no lo hizo desde luego en su calidad.

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El caso más reciente, y sonado, de declaración de intenciones respecto al estudio lo protagonizó Nintendo cuando al anunciar el lanzamiento de Wii U sacó el bombazo de que la secuela de Bayonetta, que estuvo anclado ante la falta de interés de Sony y Microsoft, sería un título exclusivo de Nintendo con fecha aproximada de salida para 2014. Fans de todo el mundo han saturado los correos de la compañía pidiéndoles que saquen también el título para Xbox One y Playstation 4, pero Atshushi Inaba se ha hartado de repetir aquella máxima de «a buenas horas, mangas verdes», consciente de que ha sido el empeño de Nintendo, y de nadie más, el que ha hecho posible la financiación para el proyecto. Así es la difícil vida de Platinum Games.

Con la vista fijada en dicho lanzamiento, a nuestro juicio uno de los más importantes del año, en El Rincón del Píxel hemos decidido dedicar una serie de análisis especiales a los juegos de este estudio tan particular, poniendo interés en los títulos que consideramos clave de la última generación así como de la que acaba de empezar. Comenzaremos con Vanquish, cuyo análisis podréis leer en breve, y seguiremos después con Metal Gear Rising, The Wonderful 101, Bayonetta y, con un poco de suerte, Bayonetta 2 a no mucho tardar. Permaneced atentos a la página, que se avecinan tortas. Y de las buenas.