La saga Kingdom Hearts pone con su tercera entrega punto y final, tras casi dos décadas de juegos, spin offs y remasters de diferente tamaño y condición que han dejado a más de uno, y servidor el primero, a caballo entre la emoción y el agotamiento. Mentiría si dijera que no ha habido buenos momentos, algunos memorables, especialmente en unos capítulos numerados muy, muy superiores a todos los demás en cuanto a alcance, ambición y cantidad de mundos licenciados. Ahora bien, llegados a este punto es tal el retorcimiento y el absurdo de toda la trama argumental, que para cuando los títulos de crédito han aparecido en mi PS4, exactamente 17 años después de que lo hiciera la primera entrega en PS2, la sensación de alivio ha sido muy superior a la satisfacción por terminar el juego.

Que nadie me entienda mal: Kingdom Hearts III (KH3 a partir de ahora) es un juego con muchas, muchas virtudes, especialmente en un muy cuidado apartado audiovisual que deja literalmente en pañales todo lo visto hasta la fecha en su saga. Tanto el modelado de los personajes (Sora parece que se va a salir de la pantalla en cualquier momento) como de unos escenarios que, al fin, hacen plena justicia a las películas en las que están ambientados son, junto con un doblaje sencillamente sensacional, lo mejor de todo el juego con gran diferencia. Técnicamente el juego es una maravilla, y la forma en que recrea mundos tan carismáticos como los de Toy Story, Hércules, Big Hero 6 o Piratas del Caribe es algo que sus fans y los jugadores más jóvenes van a disfrutar de lo lindo.

Si uno compara la simpleza de los diseños de los juegos anteriores con este otro, tomando como referencia únicamente el festival de luz y color que son Tebas y el Olimpo del primer mundo, correspondiente a Hércules (uno de los pocos que han repetido siempre), es que no hay color. Gran acierto en ese sentido ha sido dotar a los escenarios de una verticalidad que PS1 y PS2 eran incapaces de ofrecer, y que nos permite recorrer los escenarios casi como nos dé la gana (digo «casi» porque esto no es Breath of the Wild, evidentemente), pero sí hay una sensación de mayor amplitud y menos pasilleo que las entregas precedentes.

Otro cambio para mejor es un sistema de combate más refinado y lleno de posibilidades, a veces en un exceso que el juego parece que busca deliberadamente, como cuando podemos invocar ciertos movimientos especiales en forma de tiovivo, balsas de agua, tazas giratorias o un barco pirata de atracción de feria, que aniquilan todo a su paso y son espectaculares a nivel gráfico. Sora, Donald y Goofy tienen más golpes simples y combinados que nunca, y prácticamente desde el primer tercio del juego se convierten en auténticas máquinas de demoler sincorazones, dada la generosidad del juego con los puntos de habilidad, mucho menos costosos que en títulos anteriores.

Esto, unido a una relativa sencillez, en comparación con las precuelas, hace que este KH3 resulte realmente fácil para un jugador avezado en estos temas. La cantidad de armas para los personajes, especialmente unas llaves espada de Sora que tienen doble función en sus muchas variantes, a cual más poderosa y destructiva, hacen que el juego sea un auténtico paseo por el campo, a la espera de que Square-Enix saque un parche con un modo de dificultad plus (Nomura ha confirmado que no habrá un Final Mix, como en ocasiones previas, sino DLC que ampliarán la experiencia de juego y la dificultad con nuevos niveles, menos mal).

Por lo demás, los fans de la saga se van a reencontrar con muchos personajes, empezando por un trío protagonista que devora el protagonismo a gente de la misma talla de Mickey, Woody, Elsa o Jack Sparrow. He echado en falta la aparición de los personajes de Square, como Cloud o Squall, que tanto bien hacían a las primeras entregas, y es que más allá de algunos guiños en la tienda de juguetes a la saga de Final Fantasy, poco hay de esta franquicia en el juego, que claramente está centrado en cerrar las muchas (y complejas) tramas abiertas por todos los juegos precedentes.

Precisamente aquí es donde encuentro mi mayor problema con el juego, ya que si a mí ya me cuesta seguir el asunto, y eso que me he jugado a prácticamente todo lo que llevara un Kingdom Hearts por delante, ¿cómo demonios va a entender nadie la escena en la que (atención, SPOILER), Aqua se enfrenta al hermano maligno de Ventus, que a su vez está dormido porque le dejó su corazón a Sora antes de que este se convirtiera en sombra y dejara una huella clavada a Ventus llamado Roxas, que a su vez protagonizaba el prólogo de la segunda parte? (fin del SPOILER)

Otro de los aspectos que baja la nota al título es un diseño que va mucho más allá de lo añejo, y se vuelve rancio, ya que en TODOS y cada uno de los momentos en que acabamos con un grupo de enemigos hay una cinemática que rompe totalmente el ritmo del juego, muchas veces para meternos unos diálogos que maldita la falta que le hacen al juego. He llegado a contar hasta siete (¡siete!) cinemáticas seguidas donde únicamente hay que dejar el mando en la mesa y observar, desesperado, cómo la trama no avanza pero tenemos que escuchar las mismas bobadas, ñoñas y cursis, acerca de la amistad, los corazones y lo profundo que se nos quiere hacer ver algo que en realidad tiene la simpleza de un botijo.

En cualquier caso, este tipo de falta de interacción, que tenía su pase en generaciones anteriores, ya no cuela. No puede ser que se nos quite el control del juego cada cinco minutos (a veces terminas un combate, te tragas varias cinemáticas, te devuelven el control (con su pantalla de carga), recorres literalmente un metro de distancia y te paran para ponerte otra cinemática. Es, sencillamente, desesperante, aunque por suerte se nos da la opción de saltarnos dichas escenas. Algo es algo.

En cuanto a la trama del juego, y aunque es cierto que Nomura y su equipo se han esforzado por tratar de darle algo de sentido y cierre a sus muchos cabos sueltos, para mí es con diferencia lo peor del juego, lo más antiguo de un título que no sabe hacerte participar en el desarrollo de la trama como se tiene que hacer en 2019, cuando hemos vivido experiencias tan arrolladoras como un The Last of Us, un GTA V o un God of War donde jamás se nos arrebata el control de la situación salvo que sea algo absolutamente necesario, y donde se nos va dando información conforme avanzamos por los escenarios.

La sensación de que aquí nos llevan de la mano, de manera torpe y rematadamente soporífera, afecta mucho a un desarrollo plomizo y lleno de escenas con un diálogo vacío de contenido real. Esto, que ya era palpable en títulos anteriores, se vuelve ahora inadmisible, teniendo en cuenta lo mucho que ha avanzado un sector del que está claro que Nomura y compañía ignoran demasiado.

Otro de los aspectos que no logro entender es el de la nave Gumi, que regresa para hacernos de nuevo insufribles trayectos entre mundo y mundo. Y si ya en el primer juego era de traca lo torpe que era todo, yo tenía esperanzas, tras una segunda entrega algo más encauzada, que se han venido abajo al ver el disparate de pseudo-mundo abierto donde, literalmente, puedes ir por donde quieras y saltarte todos y cada uno de los caminos, grupos de enemigos y coleccionables si subes o bajas lo suficiente. Es de locos lo roto que está este apartado del juego, y que yo sinceramente hubiera suprimido.

En cuanto a los mundos, la irregularidad es una nota tristemente denominante. Los hay sensacionales y muy bien recreados, pero es tan evidente el contraste entre el colosal mundo abierto de Piratas del Caribe (no puedo dejar de hacer hincapié en lo magníficamente recreado de este mundo, es para quitarse el sombrero) y la chapuza lineal de Monstruos SA, que uno tiene a veces la sensación de que está jugando a juegos muy diferentes, y de muy distinta calidad.

El universo de Sully y Mike Wachowski es, junto con el de Frozen y Enredados, (que en realidad son bosques y más bosques, pero con nada que los haga realmente especiales más allá de un minijuego de un baile del segundo o la dichosa e inevitable canción de Let it go) lo más flojo de un juego que sí tiene buenos momentos que a más de uno le despertarán una lagrimilla, como poder recorrer la habitación de Andy, o tan espectaculares como combatir contra Davy Jones en medio de un tifón o sobrevolar San Fransokyo a bordo de Baymax mientras esquivamos misiles que nos persiguen.

Es evidente que esta tercera entrega, situada tantos años después de los originales, se ha contagiado de la animación en 3D que, precisamente, encabezó en su momento Toy Story, y que era imposible en plataformas anteriores. Todos los universos que aquí aparecen son calcados, literalmente calcados, a los originales de sus películas, y es una auténtica gozada recorrerlos. También es un gusto ver ciudades como Twilight City reformadas (genial, por cierto, el minijuego de Ratatouille), o la isla del Destino del primer juego, que gracias al nuevo motor gráfico lucen de auténtico lujo.

Toda esta amalgama que, en definitiva, ha sido algo que ha caracterizado siempre a una franquicia de trama enredada, mundos desonectados y sistemas de transporte discutible, me ha hecho reflexionar bastante sobre lo que aporta hoy en día un título como KH3 al sector. Es evidente que su fórmula resulta ya hoy insostenible, que lo que en 2002 tenía un pase o en 2006 se podía hasta perdonar por cierto fanatismo trasnochado hoy ya es muy difícilmente defendible. La simplicidad de la propuesta, lo inconexo de su trama, las interrupciones constantes, la facilidad suprema de sus desafíos, lo absurdo de sus coleccionables… son fallos demasiado claros como para pasarlos por alto, por carismáticos que sean sus personajes y mundos, bien realizado técnicamente que esté el juego o fastuosos que sean sus valores de producción, que eso nadie lo pone en duda.

Todo ello hace que KH3 sea recomendable para los jugadores más pequeños de la casa, siempre y cuando no le hagan demasiado caso a su terrorífico argumento y se dejen llevar principalmente por las numerosas bondades técnicas y jugables del título, así como para sus hardcore fans que disfrutarán con el lavado de cara de su franquicia más querida y reventarán a llorar en su tramo final con las consabidas revelaciones, identidades secretas y clones de sombras de espíritus renacidos en viajes temporales que… en fin, ya os hacéis una idea. Para el resto de jugadores de estas alturas del siglo XXI, mucho me temo que KH3 va a decir poco, por no decir casi nada, en cuanto a propuesta u originalidad, y llegará a desesperar a más de uno por su diseño tan lineal y guiado.

Puede que en su momento Kingdom Hearts fuera sinónimo de magia, fantasía y diera la posibilidad de vivir y recrear momentos simbólicos de grandes películas clásicas de animación de Disney; puede que, de haberse lanzado esta entrega hace 10 años, quizá hablaríamos de un legado diferente. No ha sido así. KH3 ha pasado por todo un infierno en su desarrollo, alargando su proceso de elaboración mucho más allá de lo que su franquicia se podía permitir, y por eso este juego llega a destiempo, con la intención de recuperar sensaciones perdidas pero con la falta de habilidad suficiente por parte de sus creadores para actualizar la fórmula y colocarlo en un lugar relevante en el sector actual.

Es evidente que de toda aquella magia del pasado aquí quedan algunos retazos, pero no son más que eso, retazos; el tiempo de Kingdom Hearts pasó, y este juego fallido es una buena prueba de ello.

La saga Kingdom Hearts pone con su tercera entrega punto y final, tras casi dos décadas de juegos, spin offs y remasters de diferente tamaño y condición que han dejado a más de uno, y servidor el primero, a caballo entre la emoción y el agotamiento. Mentiría si dijera que no ha habido buenos momentos, algunos memorables, especialmente en unos capítulos numerados muy, muy superiores a todos los demás en cuanto a alcance, ambición y cantidad de mundos licenciados. Ahora bien, llegados a este punto es tal el retorcimiento y el absurdo de toda la trama argumental, que para cuando los títulos de crédito han aparecido en mi PS4, exactamente 17 años después de que lo hiciera la primera entrega en PS2, la sensación de alivio ha sido muy superior a la satisfacción por terminar el juego. Que nadie me entienda mal: Kingdom Hearts III (KH3 a partir de ahora) es un juego con muchas, muchas virtudes, especialmente en un muy cuidado apartado audiovisual que deja literalmente en pañales todo lo visto hasta la fecha en su saga. Tanto el modelado de los personajes (Sora parece que se va a salir de la pantalla en cualquier momento) como de unos escenarios que, al fin, hacen plena justicia a las películas en las que están ambientados son, junto con un doblaje sencillamente sensacional, lo mejor de todo el juego con gran diferencia. Técnicamente el juego es una maravilla, y la forma en que recrea mundos tan carismáticos como los de Toy Story, Hércules, Big Hero 6 o Piratas del Caribe es algo que sus fans y los jugadores más jóvenes van a disfrutar de lo lindo. Si uno compara la simpleza de los diseños de los juegos anteriores con este otro, tomando como referencia únicamente el festival de luz y color que son Tebas y el Olimpo del primer mundo, correspondiente a Hércules (uno de los pocos que han repetido siempre), es que no hay color. Gran acierto en ese sentido ha sido dotar a los escenarios de una verticalidad que PS1 y PS2 eran incapaces de ofrecer, y que nos permite recorrer los escenarios casi como nos dé la gana (digo "casi" porque esto no es Breath of the Wild, evidentemente), pero sí hay una sensación de mayor amplitud y menos pasilleo que las entregas precedentes. Otro cambio para mejor es un sistema de combate más refinado y lleno de posibilidades, a veces en un exceso que el juego parece que busca deliberadamente, como cuando podemos invocar ciertos movimientos especiales en forma de tiovivo, balsas de agua, tazas giratorias o un barco pirata de atracción de feria, que aniquilan todo a su paso y son espectaculares a nivel gráfico. Sora, Donald y Goofy tienen más golpes simples y combinados que nunca, y prácticamente desde el primer tercio del juego se convierten en auténticas máquinas de demoler sincorazones, dada la generosidad del juego con los puntos de habilidad, mucho menos costosos que en títulos anteriores. Esto, unido a una relativa sencillez,…
Gráficos - 9.4
Sonido - 9
Banda Sonora - 9.2
Mecánicas / Jugabilidad - 6.2
Argumento - 0
Duración - 6.2
Originalidad - 1.2
Diseño - 3.2

5.6

Válido únicamente para fans acérrimos de la saga y un público infantil que perdonará sus múltiples fallos de ritmo, diseño y mecánicas, KH3 desaprovecha un apartado técnico y musical sencillamente asombroso en una avalancha de cinemáticas de una torpeza no menos asombrosa, con una falta de respeto al jugador indigna de los tiempos que corren. Lo que a principios de siglo se admitía con reparos (cámara caótica, control tosco, narrativa dispersa y soporífera, argumento críptico) ahora, en pleno 2019, es sencillamente inadmisible.

User Rating: Be the first one !
6