En 2002, Square-Enix se alió con Disney para dar forma a un proyecto tan ambicioso como ilusionante: mezclar en un mismo juego personajes, escenarios y tramas de diferentes películas clásicas de la compañía del ratón con aquellas otras que habían ido configurando el espacio de éxitos consecutivos de las fantasías finales japonesas. Con un argumento tan sencillo como efectivo, el juego nos pone en la piel de un muchacho llamado Sora, que se ve transportado a un universo interconectado donde conviven los mundos y protagonistas de Hércules, Peter Pan, Aladdin y un largo etcétera con personajes propios de Square, como Tidus, Leon, Cid o Squall. Haciendo trío de héroes con Donald y Goofy, el juego nos lleva de una punta a otra de un completo mapa galáctico para derrotar a las fuerzas de la oscuridad, en un viaje apasionante y lleno de acción y aventura.

Kingdom Hearts es el primer título de una franquicia que, con el paso del tiempo, ha generado un notable culto en la comunidad de los gamers. Su fastuoso diseño, el lujo de poder contar con tantas licencias conocidas y una banda sonora extraordinaria pusieron su grano de arena para hacer de este título un clásico instantáneo. Es probable que entre tanto spin off y secuela discutible se haya perdido algo de la frescura y, sobre todo, simplicidad de este primer juego, que analizamos en su versión Final Mix para PS4, la versión más moderna y completa a día de hoy.

Para aquellos que lo jugaron en su día en PS2, las novedades de Final Mix se orientan principalmente a temas estéticos (1080p, tasa estable de 60 frames, formato panorámico), y algo de contenido adicional en forma de jefes extra y algún que otro secreto que es mejor no revelar. Lo demás sigue intacto, es decir, los dos mundos propios del juego (Traverse Town y Hollow’s Bastion), más los ocho de Disney (Aladdín, Hércules, Tarzán, Alicia en el País de las Maravillas, Pesadilla antes de Navidad, Pinocho, La Sirenita y Winnie the Pohh), y toda la galería de personajes, que sumando principales y secundarios abarca más de un centenar.

La mecánica del juego es bastante sencilla. Viajamos de un mundo a otro gracias a una nave (llamada Gumi), que podemos personalizar gracias a un taller comandado por Chip y Chop. La nave se desplaza surcando campos de asteroides y enfrentándose a naves enemigas, a modo de minijuego arcade. Es algo tosca y sin duda, lo que peor ha envejecido a día de hoy. Una vez que desembarcamos en los diferentes mundos, formados por áreas interconectadas donde se disimula con mayor o menor fortuna su estructura de «habitaciones con trampantojos», pero que en cualquier caso recogen de manera excelente la esencia de las películas en las que se inspiran. Especialmente conseguidas están las de Tarzán, La Sirenita o Pesadilla antes de Navidad (mi favorita, sin duda), algunas de las cuales implican cambio de vestuario o de forma para nuestros protagonistas.

En cada mundo, nos encontramos con los protagonistas, a los que ayudamos y a cambio se ofrecen a formar parte de nuestro equipo, y en cada caso hacemos una especie de versión del argumento de cada historia, enfrentándonos al villano de cada función al final de cada acto. Los combates se dividen en los masillas, los sincorazón o espectros, a los que nos resultará más fácil derrotar, quedando algunos jefes intermedios más peliagudos antes del enfrentamiento final. Estos son muy, pero que muy correosos en comparación con todo lo anterior, y destacan Maléfica en su versión de dragón, Úrsula y, por supuesto, el malo final, Ansem.

Es cierto que, a la larga, el juego puede terminar por hacerse algo repetitivo. Las mecánicas de combate, que podemos mejorar a base de habilidades nuevas que conseguimos al aumentar de nivel, los combos de acción o los hechizos, toman como base la esencia de los RPG de Square-Enix, de modo que veremos pociones, elixires, éteres e invocaciones, que en este caso corren a cargo, eso sí, de personajes como Simba, el Genio de la lámpara o Dumbo. Llegar a nivel 50, el mínimo recomendable para enfrentarse al desafío final, no es algo imposible pero sí laborioso, como también dominar los hechizos más complejos.

La inteligencia artificial de los enemigos no es ningún prodigio, aunque más fastidioso es en el caso de nuestros dos aliados, que se lanzan como posesos a agotar su magia contra los primeros enemigos salvo que les indiquemos lo contrario en un menú de opciones algo farragoso al principio, y al que cuesta acostumbrarse y, sobre todo, sacar su máximo partido. Una vez conseguido, eso sí, y con la cantidad de armas disponibles a lo largo del juego (bastones mágicos para Donald, escudos para Goofy y llaves espadas para Sora), lo cierto es que el título se nos puede ir a las 25/30 horas si queremos explorar sus muchos secretos.

La labor de doblaje de los personajes es, por otro lado, excepcional, y junto a la banda sonora nos sumerge completamente en los universos de Disney. Es verdad que determinadas áreas, como el barco de Peter Pan o la ballena de Pinocho resultan demasiado breves y pobres en comparación con otros mundos mucho más detallados (la cueva de las maravillas de Aladdín hace honor a su nombre). Esta irregularidad, así como la absoluta horripilancia de la cámara del juego y su sistema de fijación de enemigos, hace que el juego pierda enteros para un mínimo de exigencia contemporánea, máxime cuando este juego es posterior a otros que hicieron mejor uso de dichos recursos.

Sea como fuere, Kingdom Hearts atrapa por completo desde su excelente prólogo en las islas del destino hasta su largo y climático enfrentamiento final, y constituye un título imprescindible para comprender el éxito de PS2, que sumaba con él un exclusivo de auténticas campanillas, y una demostración más de que la calidad que se encontró en ese sistema no tiene parangón en generación alguna previa o posterior.

En 2002, Square-Enix se alió con Disney para dar forma a un proyecto tan ambicioso como ilusionante: mezclar en un mismo juego personajes, escenarios y tramas de diferentes películas clásicas de la compañía del ratón con aquellas otras que habían ido configurando el espacio de éxitos consecutivos de las fantasías finales japonesas. Con un argumento tan sencillo como efectivo, el juego nos pone en la piel de un muchacho llamado Sora, que se ve transportado a un universo interconectado donde conviven los mundos y protagonistas de Hércules, Peter Pan, Aladdin y un largo etcétera con personajes propios de Square, como Tidus, Leon, Cid o Squall. Haciendo trío de héroes con Donald y Goofy, el juego nos lleva de una punta a otra de un completo mapa galáctico para derrotar a las fuerzas de la oscuridad, en un viaje apasionante y lleno de acción y aventura. Kingdom Hearts es el primer título de una franquicia que, con el paso del tiempo, ha generado un notable culto en la comunidad de los gamers. Su fastuoso diseño, el lujo de poder contar con tantas licencias conocidas y una banda sonora extraordinaria pusieron su grano de arena para hacer de este título un clásico instantáneo. Es probable que entre tanto spin off y secuela discutible se haya perdido algo de la frescura y, sobre todo, simplicidad de este primer juego, que analizamos en su versión Final Mix para PS4, la versión más moderna y completa a día de hoy. Para aquellos que lo jugaron en su día en PS2, las novedades de Final Mix se orientan principalmente a temas estéticos (1080p, tasa estable de 60 frames, formato panorámico), y algo de contenido adicional en forma de jefes extra y algún que otro secreto que es mejor no revelar. Lo demás sigue intacto, es decir, los dos mundos propios del juego (Traverse Town y Hollow's Bastion), más los ocho de Disney (Aladdín, Hércules, Tarzán, Alicia en el País de las Maravillas, Pesadilla antes de Navidad, Pinocho, La Sirenita y Winnie the Pohh), y toda la galería de personajes, que sumando principales y secundarios abarca más de un centenar. La mecánica del juego es bastante sencilla. Viajamos de un mundo a otro gracias a una nave (llamada Gumi), que podemos personalizar gracias a un taller comandado por Chip y Chop. La nave se desplaza surcando campos de asteroides y enfrentándose a naves enemigas, a modo de minijuego arcade. Es algo tosca y sin duda, lo que peor ha envejecido a día de hoy. Una vez que desembarcamos en los diferentes mundos, formados por áreas interconectadas donde se disimula con mayor o menor fortuna su estructura de "habitaciones con trampantojos", pero que en cualquier caso recogen de manera excelente la esencia de las películas en las que se inspiran. Especialmente conseguidas están las de Tarzán, La Sirenita o Pesadilla antes de Navidad (mi favorita, sin duda), algunas de las cuales implican cambio de vestuario o de forma para nuestros protagonistas. En cada mundo, nos encontramos con los…
Gráficos - 65%
Sonido - 76%
Banda Sonora - 87%
Mecánicas / Jugabilidad - 53%
Argumento - 44%
Duración - 80%
Originalidad - 82%

70%

Kingdom Hearts es un juego de claroscuros, brillante y emotivo en sus personajes, escenarios y banda sonora y algo menos en el apartado jugable. Su lado soberbio es el que mima con el cariño de quien se sabe manejando un auténtico patrimonio de la cultura popular y nos permite disfrutar de clásicos como Peter Pan, La Sirenita, Aladdín o Alicia en el País de las Maravillas, junto a otros más modernos como Hércules, Tarzán o Pesadilla antes de Navidad. Su lado más sobrio es el que nos pone a los mandos de un muchacho de dudoso gusto por las cremalleras cuya cámara a la espalda nos deja vendidos en ocasiones, y un sistema de progresión y mecánicas algo tosco en manos de una gente que, como demostró ya sobradamente en títulos anteriores de su saga de rol, es capaz de hacer algo mucho más sutil y accesible que esto. Aun así, y con todo lo embrollado y confuso de su trama, el encanto y la magia no se la puede quitar nadie. Un juego carismático, especial y diferente que merece con toda justicia su categoría de culto.

User Rating: Be the first one !
70