Tres años después de la primera aventura de Sora, Donald y Goofy, PS2 volvía a recibir en sus circuitos otra odisea que mezclaba los universos de Disney y Square-Enix. Es complejo hablar del argumento sin entrar en SPOILERS, por lo que a partir de aquí el análisis hará referencia no solo a eventos de esta entrega, sino de algunas lanzadas posteriormente sin las cuales es casi imposible entender muy bien de qué va esto.

Antes de entrar en ese jardín, sin embargo, creo que es de justicia reconocer el enorme salto de calidad técnica que hay entre la primera parte y esa secuela. Es impresionante que aún en PS2 se pudieran ver los mundos de Disney moverse con semejante soltura, dejando todo lo visto en la anterior entrega como una especie de borrador: no hay más que ver cómo se despliegan ante nosotros mundos que repiten protagonismo, como el de Agrabah, Ciudad Halloween, Bastión Hueco, mucho más amplios y complejos que antes (lo del inframundo de Hércules es una maravilla), y ya sin esa molesta sensación de “habitaciones conectadas” que dejaban los anteriores.

Este diseño se aplica también a otros nuevos, como el castillo de La Bella y la Bestia, las tierras orientales de Mulan o la sabana de El Rey León, que en todo momento te hacen sentir literalmente dentro de sus respectivas películas y, al menos en mi caso, revivir muy gratos recuerdos. Mención especial para el universo del primer cortometraje de Mickey, Steamboat Willie, que es una maldita genialidad de principio a fin y una de las sorpresas más agradables de un juego plagado de momentos fenomenales.

Quizá he echado en falta más novedades, primero porque Disney tiene un patrimonio demasiado amplio como para justificar tanta repetición (volver de nuevo a ver La Sirenita, , Winnie the Pooh, Hércules o las antes citadas no ayuda), y en segundo lugar porque algunas de las decisiones sobre las nuevas incorporaciones, como el disparate de Los piratas del Caribe o el caso fallido de Tron, han sido claramente introducidas con calzador por exigencias de la factoría de los sueños, donde ni uno solo de los personajes se termina de sentir cómodo con unas tramas en la que lo único que se salva es los magníficos temas de la banda sonora.

En cualquier caso, los personajes de Disney, como ya ocurría en la anterior, están perfectamente recreados, con tramas algo más complejas y divertidas, y con una sensación mayor de profundización en su mundo. A eso se le suman algunas muy buenas ideas, como los números musicales de La Sirenita o el coliseo de Hércules, donde siguen esperando las mejores armas en forma de trofeo. La banda sonora está cuidadísima y es un placer recorrer sus escenarios y enfrentarse a los monstruosos jefes finales.

Otro aspecto realmente mejorado es el tema de la jugabilidad, donde se han hecho los ajustes necesarios para que el combate sea más dinámico y divertido. A eso ayuda, y de qué manera, la sabia decisión de ampliar los escenarios y de mejorar la cámara, de manera que ya no se producen esos extraños efectos de quedarse atascado que tanto lastraban la experiencia del original. Jugar a KH2 y pasarlo bomba es todo uno, porque Sora está equipado con 200.000 habilidades que vamos desbloqueando conforme subimos de nivel, y donde además está el factor de implementar más habilidades con los Impulsos, unas esferas especiales que amplían nuestros factores (fuerza, habilidades, etc.) sin tener que recurrir a la ampliación por experiencia, y que conviene gastar sabiamente en los tres componentes del equipo.

Donald y Goofy ya no van por ahí gastando magia y pociones a las primeras de cambio, y se comportan de una manera bastante más responsable y fiable en combate. Esto incluye también a los secundarios de lujo, donde destacan Bestia, Simba o Jack Skellington (lo de este último es de locos, qué manera de masacrar juguetes navideños), así como a unas invocaciones donde de nuevo el genio de la lámpara se lleva la palma de las castañas.

Da gusto, ya para terminar con las bondades, las transformaciones de los protagonistas, que especialmente en la sabana africana tienen un aspecto excepcional, pero que también en el corto de Steamboat Willie van a despertar auténticas carcajadas. Es tan espectacular el diseño de este juego, tan festivalero y apropiado, que cualquier fan de Disney tiene que saber valorarlo en su justa medida y darle el aplauso solo por esa mezcla de buena jugabilidad y apartado audiovisual absolutamente apabullante.

Otro aspecto realmente mejorado es todo lo que tiene que ver con la nave Gumi, que en el primer juego se convertía en algo relativamente fastidioso y que ahora, sin embargo, es todo un minijuego de shooter on rails al más puro estilo Panzer Dragoon (eso de seleccionar varios objetivos y disparar a la vez a todos ellos casi me hace saltar las lágrimas de la nostalgia), lleno de momentos divertidos y espectaculares. Sigo pensando que el editor es un desastre incomprensible y que para llegar a hacerte una buena nave necesitas matricularte en la misma universidad de astrofísica que para entender el argumento del juego, pero aun así los momentos llave que te permiten acceder a cada mundo (luego por el espacio central nos movemos con total libertad, por suerte), son niveles divertidos y emocionantes, es decir, justo lo que no eran los del primer juego.

Evidentemente, no todo podían ser virtudes, lo que nos lleva al que quizá sea el gran problema de Kingdom Hearts 2, y que a la postre terminaría convirtiéndose en un mal endémico para la franquicia: lo injustificadamente enrevesado de su argumento. La primera entrega tenía algunos momentos difícilmente entendibles, como aquel asunto tan poco claro de traspasarse corazones entre el personal a conveniencia del guión, pero en líneas generales se podía seguir bien: agentes del mal conectan muchos mundos, el trío protagonista acude al rescate y lo salva, con viaje del héroe y búsqueda de la identidad, amistad y amor de por medio. Todo tópico y típico, pero razonablemente bien contado.

Ahora bien, lo de este segundo juego (y posteriores) no tiene nombre ya desde un prólogo infame, a mi juicio uno de los peores que he jugado jamás en toda mi historia como jugador. Sé que la legión de fans de la saga se me echará encima por decir esto, pero es mi obligación como redactor ser fiel a mi experiencia como jugador, así que ahí va: la trama de Roxas por Villa Crepúsculo es de una lentitud, de una inacción narrativa y de un sopor generalizado que sencillamente no hay por donde cogerlo. Son cuatro horas. Cuatro. Cuatro puñeteras horas en las que no pasa absolutamente nada de interés y lo que pasa tampoco se entiende un carajo; para cuando controlamos finalmente a Sora y volvemos a lo conocido, es decir, navegar por mundos Disney y abatir jefes finales, toda la morralla de Roxas va quedando tan perdida como un significado real que no habría forma de comprender allá por 2005, cuando no habían salido los cuatro juegos (cuatro) que permitían comprender quién demonios era Roxas, Axel, la organización XIII, Ansem el viejo, Xenmas, Xehanort y la madre que los trajo a todos.

Es un galimatías que, ojo, no es problemático porque sea incomprensible en sí mismo (Nomura no es Joyce, para qué engañarnos), sino porque es retorcida, innecesaria y fastidiosamente embrollado. Es literalmente imposible que alguien que no hubiera jugado a Chain of Memories (aparecido para Game Boy Advanced el año anterior) supiera quién rayos era Naminé, que es un personaje clave para entenderlo todo. Esta manía de Nomura de lanzar juegos con aspectos relevantes en plataformas tan diferentes (hay títulos en PS2, PSP, Game Boy Advanced, DS, 3DS y hasta móviles) hace prácticamente imposible que alguien sea capaz de seguir mínimamente la trama sin perder el juicio o el bolsillo (y quizá ahí esté la clave última). Habría que esperar a Birth by Sleep, el título de PSP lanzado en ¡¡¡¡¡2010!!!!! para comprender de dónde sale Roxas y cómo termina en Villa Crepúsculo. ¿De verdad alguien me va a decir que es algo lógico?

Yo, desde luego, no. Creo, sinceramente, que el título juega al despiste con el jugador y le engaña de maneras tan pedestres como poco respetuosas, como todo lo que tiene que ver con la trama de Riku y sus fabulosos cambios de apariencia y voz. Esa manía de ocultar a personajes detrás de otros que están detrás de otros para provocar no sé qué clase de efecto sorpresa que nunca llega a producirse es algo que no consigo entender de un juego donde, no lo olvidemos, todo se termina reduciendo a ir por ahí con un pato y un perro dando castañas con una llave grande a unos bichos que se convierten en bolitas de colores. ¿De verdad era necesario todo ese rollo metafísico y existencial? Más allá de los delirios masturbatorio-mentales del personal, yo no veo ni medio normal ese alud de fanatismo que ha despertado esta saga, de verdad que no, porque Kingdom Hearts 2 es una absoluta gozada de juego que se ve lastrado por una narrativa que no para de detener la acción para soltarnos unos rollos absolutamente incomprensibles sin una puñetera enciclopedia de la saga, algo que a la altura de 2005 era totalmente imposible.

Pero si al juego le cuesta comenzar horrores, qué decir del final. Es entrar en el último mundo que se abre ante nosotros y comenzar una escalada de violencia en forma de jefes finales que parece no tener fin. Entiendo que se le quiera dar un tono épico al asunto, pero de verdad que resulta agotador enfrentarse a 18 jefes finales antes de enfrentarse a las 200 transformaciones de un Xenmas que sencillamente no se muere nunca, y que nos tiene una y otra vez reventándolo para que resucite una última vez. De verdad, es agotador, aunque al menos en este caso pasa algo y hacemos algo como jugadores, a diferencia de aquel prólogo solo por el que, insisto, le he bajado 10 puntos de la nota total (y me he quedado corto).

En definitiva, en este repaso que he hecho por los dos capítulos más importantes de la saga antes de ponerme a los mandos de la tercera y esperada entrega, he podido descubrir muchos aspectos que justifican sobradamente por qué Kingdom Hearts es un fenómeno que traspasa las fronteras del cine o de los videojuegos, así como otros tantos aspectos que, espero, se corrijan en el juego que acaba de salir ahora mismo a las tiendas y que está recibiendo parabienes universales y un éxito, seguramente, tan merecido como el de los anteriores. Veremos.

P.d: La nota se corresponde con el año 2005 y la plataforma PS2. Es cierto que ahora mismo el juego se puede jugar también en la excelente conversión para PS4 reunida en la recopilación Kingdom Hearts 1.5 + 2.5, que es sin duda la que yo recomendaría por su excelente trabajo técnico, como se puede comprobar en las imágenes que acompañan al análisis.

Tres años después de la primera aventura de Sora, Donald y Goofy, PS2 volvía a recibir en sus circuitos otra odisea que mezclaba los universos de Disney y Square-Enix. Es complejo hablar del argumento sin entrar en SPOILERS, por lo que a partir de aquí el análisis hará referencia no solo a eventos de esta entrega, sino de algunas lanzadas posteriormente sin las cuales es casi imposible entender muy bien de qué va esto. Antes de entrar en ese jardín, sin embargo, creo que es de justicia reconocer el enorme salto de calidad técnica que hay entre la primera parte y esa secuela. Es impresionante que aún en PS2 se pudieran ver los mundos de Disney moverse con semejante soltura, dejando todo lo visto en la anterior entrega como una especie de borrador: no hay más que ver cómo se despliegan ante nosotros mundos que repiten protagonismo, como el de Agrabah, Ciudad Halloween, Bastión Hueco, mucho más amplios y complejos que antes (lo del inframundo de Hércules es una maravilla), y ya sin esa molesta sensación de "habitaciones conectadas" que dejaban los anteriores. Este diseño se aplica también a otros nuevos, como el castillo de La Bella y la Bestia, las tierras orientales de Mulan o la sabana de El Rey León, que en todo momento te hacen sentir literalmente dentro de sus respectivas películas y, al menos en mi caso, revivir muy gratos recuerdos. Mención especial para el universo del primer cortometraje de Mickey, Steamboat Willie, que es una maldita genialidad de principio a fin y una de las sorpresas más agradables de un juego plagado de momentos fenomenales. Quizá he echado en falta más novedades, primero porque Disney tiene un patrimonio demasiado amplio como para justificar tanta repetición (volver de nuevo a ver La Sirenita, , Winnie the Pooh, Hércules o las antes citadas no ayuda), y en segundo lugar porque algunas de las decisiones sobre las nuevas incorporaciones, como el disparate de Los piratas del Caribe o el caso fallido de Tron, han sido claramente introducidas con calzador por exigencias de la factoría de los sueños, donde ni uno solo de los personajes se termina de sentir cómodo con unas tramas en la que lo único que se salva es los magníficos temas de la banda sonora. En cualquier caso, los personajes de Disney, como ya ocurría en la anterior, están perfectamente recreados, con tramas algo más complejas y divertidas, y con una sensación mayor de profundización en su mundo. A eso se le suman algunas muy buenas ideas, como los números musicales de La Sirenita o el coliseo de Hércules, donde siguen esperando las mejores armas en forma de trofeo. La banda sonora está cuidadísima y es un placer recorrer sus escenarios y enfrentarse a los monstruosos jefes finales. Otro aspecto realmente mejorado es el tema de la jugabilidad, donde se han hecho los ajustes necesarios para que el combate sea más dinámico y divertido. A eso ayuda, y de qué manera, la sabia decisión de ampliar los escenarios y de mejorar…
Gráficos - 84%
Sonido - 87%
Banda Sonora - 92%
Mecánicas / jugabilidad - 85%
Argumento - 15%
Duración - 83%
Originalidad - 70%

74%

Kingdom Hearts 2 mejora la fórmula de su predecesor en prácticamente todos los aspectos: a nivel visual es un festín, reproduce con mimo y cariño una decena de universos de Disney, algunos tan memorables como El Rey León, La Bella y la Bestia o Mulan. Por el camino queda, eso sí, una narrativa obtusa, retorcida y que no termina de encajar bien unas piezas que iban a necesitar casi una decena de juegos de la franquicia para tener (algo de) sentido. Una pena, porque junto con el infame prólogo y un final excesivo, son las únicas sombras de un juego espectacular.

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