Larry Hryb, conocido como Major Nelson y uno de los principales portavoces de la división de videojuegos de Microsoft, ha dado a conocer hace apenas tres horas a través de su cuenta de Twitter que Xbox One se venderá a partir del día 9 de junio en una edición sin Kinect, con un precio de 399 dólares. Esto supone una rebaja de 100 dólares respecto a su precio actual, una de las razones que buena parte del sector ha esgrimido como esencial en las ventas de la consola frente a su principal competidora, Playstation 4.

A pesar de que muchos esperábamos esta noticia tarde o temprano, no imaginábamos que Microsoft escogería el E3 para poner en marcha esta nueva estrategia. Lo que no admite dudas es que toda la planificación de la Xbox One original ha terminado en un sonoro y rotundo fracaso, con Microsoft dando marcha atrás en todos y cada uno de los aspectos que nos dejaron horrorizados hace ahora mismo un año, cuando la consola fue presentada de aquella manera tan estrambótica en Redmond con aquel galimatías televisivo, de políticas restrictivas de segunda mano y, especialmente, esa fijación por convertir un periférico fallido como Kinect en el eje vertebrador del sistema.

Las decisiones de Sony fueron un completo acierto, desde sacar la cámara del pack inicial para rebajar el precio a olvidarse del DRM y mantener la libre circulación de juegos entre usuarios. Microsoft ha tardado un año entero en situarse a la par de su competidor, pero solo cuando las ventas han demostrado que la consola de Sony casi dobla a Xbox One. Ha hecho falta una previsión económica calamitosa en un futuro a medio-largo plazo para que se produzca la rectificación que ya se inició con la marcha de Don Mattrick, presidente de la división de entretenimiento de Microsoft y uno de los principales desarrolladores de la consola. Aquella salida suponía el reconocimiento de que aquellas estrategias iniciales fueron un fracaso, la última de las cuales, Kinect, acaba de caer por su propio peso.

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Cuando antes mencionamos el periférico como algo fallido no lo decimos, evidentemente, en ventas. Kinect ha vendido 24 millones de unidades para Xbox 360 y va camino de los 5 en Xbox One, una cifra nada desdeñable. No obstante, todo el que ha probado tanto la primera como esta última versión sabe que aún está lejos de ser lo que se nos prometió hace ya tres años. Hay fallos en el reconocimiento de voz, retrasos en la captura de movimientos y, sobre todo, un catálogo plagado de mediocridad donde destacan vergüenzas como Kinect Star Wars, Kinect Dragon Ball Z y un largo etcétera de juegos francamente olvidables, algo que en Xbox One tampoco llevaba camino de ir a ninguna parte.

Por mucho que algunos puedan acusar a la compañía de incoherencia, por perder el elemento diferencial frente a su competencia, lo cierto es que la consecuencia directa de la nueva política de Microsoft es bien simple: a partir de ahora, los desarrolladores ya no están condicionados por Kinect para hacer juegos para Xbox One. Y eso significa que el catálogo específico del periférico irá a peor, para desgracia de sus muchos usuarios.

En cualquier caso, y por mucho que la decisión de vender Xbox One es sabia, para nosotros llega a destiempo. Francamente, no sabemos qué estarán pensando ahora mismo todos aquellos que se hicieron con una consola a pesar de Kinect, pagando esos 100 euros de más que dentro de apenas un mes se ahorrarían sin problema, pero no debe ser nada bueno. Kinect nació como un periférico a la sombra del éxito de Wii y su control de movimiento, destinada a un público casual amante de los juegos ocasionales, y ha contado siempre con la abierta animadversión de la comunidad hardcore, que en líneas generales y, siendo suaves, la ve como un engorro para jugar a grandes juegos.

Seguro que dicha comunidad habrá recibido la noticia con satisfacción, y que más de uno y más de dos está ya pensando en hacerse con un sistema, ahora sí, a un precio mucho más ajustado para lo que ofrece técnicamente. Que un sistema con tantos peros técnicos frente a PS4 y el dichoso periférico fuera la más cara del mercado era, sencillamente, insostenible, y Microsoft le ha dado carta de defunción a Kinect 2.0. Y que nadie se extrañe: esto era la crónica de una muerte anunciada.