Cuando se presentó Playstation 4, uno de los primeros tráilers que apareció fue el de InFamous Second Son. No vamos a engañaros: las anteriores entregas de la saga, obra también del estudio Sucker Punch, no nos habían llamado demasiado la atención en su momento. Nos parecían juegos de aventuras dignos, divertidos y con un punto de originalidad con aquellos superpoderes, pero no llegaban a traspasar ninguna frontera técnica o jugable digna de mención, por lo que se nos figuraba como una propuesta casi de segunda fila o categoría, casi como una especie de juego menor, aperitivo antes del gran banquete protagonizado por estudios con más peso en Sony.

Qué equivocados estábamos. Second Son es una auténtica maravilla, el primer gran juego de Playstation 4 y el que, por primera vez, pone de manifiesto la superioridad técnica de esta consola sobre todo lo que hemos visto hasta ahora. Pero no adelantemos acontecimientos.

Para quien no esté muy familiarizado con la saga, hay que aclarar que en el universo InFamous existen una especie de mutantes llamados conductores, capaces de manipular a su antojo una serie de elementos para obtener poderes que los equiparan a un súper héroe al uso: enorme fuerza, rapidez, capacidad de saltos imposibles, invisibilidad, etc…. El protagonista de las dos primeras entregas, Cole McGrath, atravesaba todo tipo de situaciones para buscar una solución pacífica al conflicto planteado por los conductores en una sociedad totalmente reacia a cualquier cosa que suene a diferente, hasta un desenlace del que es mejor no comentar nada.

Para esta tercera entrega no numerada, tanto Sony como Sucker Punch convinieron en que el usuario de Playstation 4 no tenía por qué saber nada de la franquicia, y del mismo modo que habían hecho con Killzone Shadow Fall, se centraron en plantear una nueva entrega, con un nuevo personaje y un nuevo escenario, Seattle, que dejaba atrás a la ficticia ciudad de Empire City, una especie de trasunto de Nueva York. A su vez, el protagonismo recae esta vez en Delsin Rowe, un miembro de la tribu nativo americana de los Akomish, que por pura casualidad se ve envuelto en una guerra abierta entre el Departamento de Bioterrorismo, el DUP, y una serie de fugitivos que esconden más de una sorpresa.

Joven, descarado y con un punto de mala leche que nos ha encantado, Delsin pronto se convierte en el alma de la fiesta, con un Troy Baker excelente a pesar de que el papel no permite el lucimiento que sí le han dado sus trabajos anteriores como Joker en Batman Arkham Origins, Booker DeWitt en Bioshock Infinite o, especialmente, Joel en The Last of Us. Sus diálogos con la telefonista de la DUP cada vez que hace una trastada son para troncharse, así como los que mantiene con su hermano Reggie, el gran secundario del juego, y contribuye a darle al juego un tono alegre, distendido, que ayuda a sobrellevar la tensión de algunas escenas concretas sobre las que tampoco debemos desvelar nada.

La acción principal transcurre en Seattle, con su Space Needle o el barrio chino como principales reclamos de una ciudad recreada con mimo, detalle y un lujo técnico como jamás se ha visto hasta ahora. Ni siquiera el todopoderoso Grand Theft Auto, varias veces más grande que este juego, se permite una distancia de dibujado semejante o unos efectos de iluminación y partículas como los de Second Son. Sencillamente, ver a nuestro personaje alcanzar alturas de vértigo sin perder de vista ningún elemento del paisaje, o pelear de noche entre luces de neón que iluminan todo a nuestro paso es algo que solo la octava generación podía poner sobre la mesa de semejante manera. Tanto de día como de noche, ya sea con clima despejado o lluvioso, Seattle es una ciudad llena de luz, detalles impresionantes y gente que puebla sus calles, que nos jalea si nos decantamos por la variante noble o nos increpa si decidimos ser malvados. Dividida en dos grandes áreas y con varios distritos en cada una, nuestro objetivo será devolver la paz a las calles desafiando a la autoridad de la DUP de todas las formas posibles.

Second Son es, por todo ello, uno de los primeros productos next-gen del catálogo de cualquier consola. Poner en pantalla decenas de enemigos sin ralentizaciones, explosiones, helicópteros, furgonetas, y eso sin contar con todas las barrabasadas de las que somos capaces con nuestros poderes supone un auténtico golpe de autoridad por parte de Sucker Punch, de los que mucha gente dudaba al ver los primeros y sorprendentes tráilers. Además, el juego cuenta con un trabajo facial que deja en pañales mucho de lo visto hasta ahora, especialmente en el tema del movimiento de labios. La expresividad de los personajes, alguno de los cuales se permite el lujo de masticar chicle (parece una chorrada pero no lo es: fijaos en el movimiento de la boca de Reggie mientras habla y mastica, es sensacional). Es cierto que todavía queda camino por recorrer para lograr un mayor realismo en los rostros, pero este juego nos ha permitido disfrutar de una flexibilidad nunca antes vista, que ayuda a sumergirnos mucho mejor en la acción.

Mención aparte, lógicamente, para los poderes de Delsin. Si el humo resulta espectacular por sus efectos de llamas y su poderío en combate, qué decir del neón, con el que nos hemos pasado el 70% del juego. Es apasionante la sensación de velocidad al recorrer la ciudad a toda pastilla convertidos en luz, al más puro estilo Tron, o la verticalidad al trepar por los rascacielos, que es con diferencia uno de los momentos más espectaculares en el apartado de exploración.

No obstante, los enfrentamientos contra la DUP, con sus bases y sus centros de control, son con diferencia lo más entretenido del juego. La manera en que afrontamos cada asalto, destruyendo cámaras de vigilancia, atacando por los puntos más débiles y, finalmente, montando un auténtico terremoto a mamporro limpio es sencillamente sensacional. Los duelos ganan profundidad si añadimos el factor de la verticalidad, que nos anima a combatir en tejados y hasta desde las paredes, convirtiendo cada combate en un auténtico despliegue de medios al más puro estilo Matrix. Los ataques de Delsin permiten disparar de lejos con un sistema de apuntado y tiempo bala, atacar en cuerpo a cuerpo o incluso sorprender a nuestros enemigos por la espalda para dejarlos inutilizados. Las acciones meritorias aumentan nuestra barra de golpe especial, unos movimientos súper destructores de cada poder, que en una cinemática breve y soberbia fulminan a nuestros enemigos como si fueran hormigas.

Del resto de poderes no podemos decir nada, salvo que cada vez que el juego parece haber agotado el filón de tal o cual poder aparece siempre uno nuevo, incluso cuando menos lo esperamos, para darle la vuelta al asunto y hacernos disfrutar como auténticos enanos con las mil y una posibilidades de afrontar las situaciones del juego.

Porque por encima de toda otra consideración, y con el fastuoso apartado técnico ya repasado, lo que queda es una sensación de auténtico disfrute. Todo en este juego está hecho para disfrutar, de tal modo que Seattle termina convirtiéndose en nuestro particular patio de recreo donde somos capaces de hacer, literalmente, lo que nos dé la realísima gana. El sistema de misiones abiertas, la capacidad de ir mejorando habilidades tras recoger determinados objetos y la variedad de situaciones, que van desde el combate abierto a misiones secundarias como perseguir objetivos concretos, hacer grafitis revolucionarios (alguno de ellos bien ingeniosos, por cierto), hacer redadas contra el narcotráfico o encontrar cámaras ocultas complementan a las misiones de una campaña principal bien hilada y llena de diálogos divertidos, para terminar de redondear un juego sobresaliente.

Hay, no obstante, algunos problemas que hemos encontrado a lo largo de nuestra partida (y la hemos completado al 100%, así que no hay cabos sueltos): el sistema de misiones secundarias encierra un pequeño ciclo de rutina por cada distrito, que puede hacerse algo repetitivo si no se alterna adecuadamente con las misiones principales. Por otro lado, el sistema de decisiones morales del jugador, que puede llevarlo a convertirse en héroe o en un villano de tomo y lomo, nos resulta algo arcaico en su planteamiento. Lo que valía para hace diez años, cuando Bioware estaba planteándose su primer Mass Effect, ahora mismo resulta demasiado esquemático y, peor aún, incoherente en este caso con una historia donde la maldad no terminamos de ver bien cómo encaja en la psicología de un personaje que, por gamberrete que sea, no es en ningún momento un delincuente con potencial criminal creíble.

Al margen de estos apartados, que desde luego no empañan el excelente resultado final, nos quedamos con todos y cada uno de los muchos momentos divertidos y espectaculares que ofrece el juego. Desde el primer al último enfrentamiento, Second Son tiene una intención clara por dar las riendas de la historia al jugador y permitirle que saque partido a todas y cada una de las habilidades del personaje, que no dejan de implementarse hasta el mismo enfrentamiento final, del que únicamente podemos decir que es de los más impactantes y entretenidos que hemos jugado en años. El uso que hace este juego de las partículas, de las físicas de los objetos y de la iluminación cobra en ese duelo su máximo esplendor, del que esperamos que más de un desarrollador tome buena nota para el futuro.

Porque si algo ha demostrado Second Son, además de una contrastada calidad, es que Playstation 4 es capaz de ofrecer grandes juegos, y va mucho más allá de presagiar lo que los grandes estudios de Sony serán capaces de hacer en el futuro de esta consola. Sucker Punch ha demostrado haber alcanzado un nivel mayor del que esperábamos, y hacía mucho tiempo que no nos parecía tan fenomenal equivocarnos de esa manera. Sea como sea, este juego se ha convertido por derecho propio en el primer gran imprescindible del sistema, y el mejor juego de lo que llevamos de 2014 con una notable diferencia.

Cuando se presentó Playstation 4, uno de los primeros tráilers que apareció fue el de InFamous Second Son. No vamos a engañaros: las anteriores entregas de la saga, obra también del estudio Sucker Punch, no nos habían llamado demasiado la atención en su momento. Nos parecían juegos de aventuras dignos, divertidos y con un punto de originalidad con aquellos superpoderes, pero no llegaban a traspasar ninguna frontera técnica o jugable digna de mención, por lo que se nos figuraba como una propuesta casi de segunda fila o categoría, casi como una especie de juego menor, aperitivo antes del gran banquete protagonizado por estudios con más peso en Sony. Qué equivocados estábamos. Second Son es una auténtica maravilla, el primer gran juego de Playstation 4 y el que, por primera vez, pone de manifiesto la superioridad técnica de esta consola sobre todo lo que hemos visto hasta ahora. Pero no adelantemos acontecimientos. Para quien no esté muy familiarizado con la saga, hay que aclarar que en el universo InFamous existen una especie de mutantes llamados conductores, capaces de manipular a su antojo una serie de elementos para obtener poderes que los equiparan a un súper héroe al uso: enorme fuerza, rapidez, capacidad de saltos imposibles, invisibilidad, etc.... El protagonista de las dos primeras entregas, Cole McGrath, atravesaba todo tipo de situaciones para buscar una solución pacífica al conflicto planteado por los conductores en una sociedad totalmente reacia a cualquier cosa que suene a diferente, hasta un desenlace del que es mejor no comentar nada. Para esta tercera entrega no numerada, tanto Sony como Sucker Punch convinieron en que el usuario de Playstation 4 no tenía por qué saber nada de la franquicia, y del mismo modo que habían hecho con Killzone Shadow Fall, se centraron en plantear una nueva entrega, con un nuevo personaje y un nuevo escenario, Seattle, que dejaba atrás a la ficticia ciudad de Empire City, una especie de trasunto de Nueva York. A su vez, el protagonismo recae esta vez en Delsin Rowe, un miembro de la tribu nativo americana de los Akomish, que por pura casualidad se ve envuelto en una guerra abierta entre el Departamento de Bioterrorismo, el DUP, y una serie de fugitivos que esconden más de una sorpresa. Joven, descarado y con un punto de mala leche que nos ha encantado, Delsin pronto se convierte en el alma de la fiesta, con un Troy Baker excelente a pesar de que el papel no permite el lucimiento que sí le han dado sus trabajos anteriores como Joker en Batman Arkham Origins, Booker DeWitt en Bioshock Infinite o, especialmente, Joel en The Last of Us. Sus diálogos con la telefonista de la DUP cada vez que hace una trastada son para troncharse, así como los que mantiene con su hermano Reggie, el gran secundario del juego, y contribuye a darle al juego un tono alegre, distendido, que ayuda a sobrellevar la tensión de algunas escenas concretas sobre las que tampoco debemos desvelar nada. La acción principal…
Gráficos - 92%
Sonido - 84%
Banda Sonora - 82%
Mecánicas / Jugabilidad - 83%
Argumento - 70%
Duración - 70%
Originalidad - 65%

78%

Infamous Second Son es un juego bastante correcto en todos sus apartados, especialmente en un nivel técnico sobresaliente que compensa algunas carencias a nivel de originalidad y argumento, donde palidece un poco en comparación con sus entregas predecesoras. Las andanzas de Delsin por Seattle son sin duda entretenidas, variadas y llenas de momentos espectaculares, aunque seguimos pensando que PS4 puede ofrecer más, mucho más, que lo último de Sucker Punch.

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