Cerrado ya el ciclo de conferencias, aunque todavía hasta mañana se podrán desgranar algunos jugosos detalles sobre varios de los juegos más importantes de la feria, me parece oportuno comentar las impresiones de un E3 que ha demostrado varias cosas. En líneas generales, se trata de un evento más potente que el del año pasado, donde las consolas de la octava generación han sacado músculo y han dejado claro que están en una madurez que, tal y como afirmaban desde Sony hace unas semanas, vaticina que el año que viene seguramente tocará hablar ya de nuevo hardware, toda vez que títulos como The Last of Us Part 2, Gears of War 5 y un largo etcétera parece que van a alcanzar los límites técnicos tanto de PS4 como de Xbox One, ambas camino de cumplir ya cinco años desde su lanzamiento.

Como siempre, más que en conferencias y en minucias que seguramente ya conoceréis por las webs y canales profesionales, me parece más interesante extraer de todo ello datos de especial significado y, sobre todo, aquellos juegos que han robado el show por diferentes motivos.

Y en ese sentido, es de justicia empezar hablando de una Microsoft que, por primera vez en muchos años, ha hecho correctamente sus deberes. Tras la cháchara sobre teraflops y 4K del año pasado con su Xbox One expandida, este año tocaba juegos, y vaya si los ha habido. Vaya por delante que salvo las clásicas franquicias, como el ya citado Gears 5, el lejano Halo Infinite o Forza Horizon 4, solo este último hará acto de presencia en 2018, dejando claro que los otros son anuncios de proyectos en una fase aún temprana. Me parece fenomenal que la conferencia demostrara más ritmo e interés por parte de la compañía americana, algo que sin duda se comprueba en la adquisición de estudios como Ninja Theory, pero creo que el comentario general para Microsoft es el de “ya era hora”. Ya era hora, señores de Microsoft, de hacer las cosas como Dios manda, de mostrar juegos con músculo técnico y no esas mediocridades de clase baja que llevamos años tragándonos como si fueran la octava maravilla del mundo. Sus usuarios se merecían ya una hornada de juegos exclusivos y multiplataforma en condiciones, por más que para mí todo esto llega ya tan tarde que más me parece una política de control de daños de cara a la próxima generación que una reacción a la espera de remontar ya nada en la presente.

PS4 representa, como siempre, la otra cara de la moneda. Va sobrada de confianza Sony y se notó a cada paso de una conferencia que fió todas sus bazas a cuatro ases ganadores, y vaya ases. The Last of Us Part 2 mostró un tráiler que solo Naughty Dog es capaz de elaborar, con toda la esencia de una franquicia que empieza a mostrar esa dualidad del desarrollo de personajes y una acción e infiltración que ponía los pelos de punta, y que hace presagiar que estamos ante uno de los juegos de la generación. Ellie copó todo el protagonismo, como ha venido haciendo hasta ahora, y promete ser uno de los personajes clave de la historia del sector por lo que de rupturista tiene el enfoque que Druckmann y compañía le han otorgado (y no, aquí no solo me estoy refiriendo a su sexualidad).

Ghost of Tushima, por su parte, fue una de las sorpresas más agradables que recuerdo, ya que poco esperaba yo de este título a tenor de lo poco que sabíamos. Su gameplay fue convincente, espectacular y prometedor, y me dejó con muchas ganas de conocer más de un título que, entiendo, será lanzado a lo largo del año que viene para disfrute de la parroquia. Mucho antes que este llegará Spiderman, que tiene a la gente de Insomniac Games haciendo auténticas virguerías técnicas. El vídeo que circula ya por Internet con un gameplay extendido por Nueva York me ha parecido una de las cosas más salvajes e impactantes que recuerdo en mucho tiempo, y lo mejor de todo es que no hará falta esperar demasiado para ponernos en la piel del trepamuros mutante, ya que a primeros de septiembre lo tendremos entre nosotros repartiendo castañas arácnidas con tanta soltura como elegancia. El tráiler, por su parte, con esa galería de villanos conocidos (con la inclusión de ilustres como Buitre, Electro, Rino o Lagarto), promete dejar al Batman de Rocksteady muchos pasos por detrás, aunque recordemos que el listón está alto en ese sentido.

Death Stranding, por último, me dejó con ese sabor de boca un tanto agridulce de todas las producciones de Hideo Kojima: mucha expectación, mucho hype y mucha intriga, pero la sensación de que a la hora de la verdad el juego puede patinar sobre su propia complejidad, como ya le pasó al malogrado Metal Gear Solid V, cuyo desenlace todos recordamos. Me tiene realmente fascinado lo que se puede hacer con ese motor gráfico y la libertad total de Kojima a la hora de desarrollar una historia que, ahora sí, no está sujeta a los condicionamientos de una Konami que, claramente, ha perdido relevancia sin este señor a los mandos de la nave.

Si los megatones de PS4 destacaron por su espectacularidad, violencia y capacidad de sorpresa, no cabe decir lo mismo de una decepcionante Nintendo que ha hecho una de las peores actuaciones en un E3 que recuerdo (sí, ya sé que ellos técnicamente no “están” en el E3, pero ya nos entendemos). Su Nintendo Direct fue un tostón falto de personalidad y sorpresas donde no se reveló nada que no se supiera, por lo que hubo muy poco espacio para la novedad: vuelve, una vez más, la saga Mario Party (¿alguien tenía alguna duda?), los Pokémon que ya conocíamos de hace unos días, un DLC para Xenoblade Chronicles 2 y una sarta de juegos menores, por lo que todo quedó fiado a ese Super Smash Bros Ulimate que ha confirmado mis peores temores: se trata de un port glorificado de la versión de Wii U que incluye, como principal reclamo, todos y cada uno de los personajes aparecidos en la saga hasta la fecha (que no es poca cosa, ojo), pero que más allá de eso, del consabido skin de Link sacado de Breath of the Wild y dos nuevos invitados (Inkling y Ridley, el bichejo malvado con forma de Pteranodon de Metroid), no ofrece revolución alguna en cuanto a mecánicas o ideas.

Qué ocasión tan desaprovechada para explicar, por ejemplo, en qué va a consistir el dichoso online que sale en septiembre, o cómo se va a mejorar la infraestructura de una Switch que sigue, año y medio después largo, en completos pañales en cuanto a funcionalidades. De eso, nada se dijo. Tampoco se habló de Bayonetta 3 o de Metroid Prime 4, que se presentó el año pasado con un breve teaser y que este, en cambio, ni ha mostrado un miserable tráiler o algo de gameplay, ni de Yoshi, que se supone que salía este año pero del que no se ha sabido nada tampoco, o de ese Pikmin 4 en el que sabemos que Miyamoto anda implicado. Lamento ser siempre el agonías con esta empresa, pero creo que lo han hecho francamente mal este año y han demostrado, salvo que futuros Nintendo Direct lo desmientan, que este 2018 está siendo muy inferior en oferta y propuestas a sus usuarios de lo que fue aquel 2017 inicial cuyos éxitos empiezan a resultar ya demasiado lejanos. El catálogo de Wii U empieza a quedarse huérfano de ports que hacer, y por más que sean bienvenidas las versiones de DragonBall FighterZ, FortniteFIFA 19 o remasters de Dark Souls, yo esperaba mucho más de Nintendo este año y me temo que nos vamos a quedar con las ganas.

Respecto a las third parties, ha habido juegos como Anthem que tuvieron más espacio del que quizá merezcan a estas alturas de su desarrollo (yo no me creo que eso lo pueda mover una consola de la actual generación cuando esté acabado, dicho sea de paso), y mentiría si dijera que me gustó lo que vi del dichoso Ciberpunk 2077, con el que nos lleva dando la tabarra la crítica desde hace no sé cuánto y que, sinceramente, para mí no deja de parecer un GTA futurista que, eso sí, se está llevando todos los parabienes de los que han podido ver la demo y pinta para juego del E3. Veremos. Tampoco me resultó prometedor que todo lo que se viera de Beyond Good & Evil 2 fuera una cinemática, muy espectacular, eso sí, pero que no permite conocer el estado de desarrollo de un juego que me temo que al paso que va será de esos infames “intergeneracionales” como siga por estos derroteros. De Bethesda y su Elder Scrolls 6, del que solo vimos una montaña lejana, casi mejor no digo nada, más allá de que para semejante broma mejor podrían habérselo ahorrado.

Más allá de eso, me sentí decepcionado, y mucho, con la salida de Assassin’s Creed Odyssey, que creo que llega mucho antes de lo que debería. Origins fue un reinicio fabuloso para la franquicia precisamente porque venía de un parón necesario. Del mismo modo, ahora podrían haber esperado otros dos años y seguir profundizando para ofrecer una experiencia cada vez mejor, pero en lugar de eso parece que en Ubisoft les ha dado de nuevo la fiebre templaria y nos van a ofrecer un más de lo mismo, pero a lo espartano. Seguro que es un juego notable, pero como empecemos de nuevo a darle a la máquina de churros y a sacar títulos repetitivos de forma anual esto volverá a saturar de nuevo, y si no, al tiempo. De Devil May Cry 5, otra de las grandes “sorpresas” filtradas, prefiero esperar un poco más a conocerlo mejor, pero en cualquier caso me parece interesante que Dante vuelva a campar a sus anchas y a discutirle de nuevo el trono de los mamporros a 60 frames a la bruja de Sega.

En definitiva, este E3 ha dejado claras varias cosas que ya sabíamos: que PS4 sigue a lo suyo, dominando con puño de hierro y a base de grandes títulos que prácticamente se venden solos, porque seguramente anda más pensando ya en esa futura PS5 que, casi con toda seguridad, me temo que veremos anunciada de aquí a un año; que Microsoft ha pretendido recuperar la senda del éxito que tuvo en la generación anterior a base de reforzar su catálogo, de hacerse con nuevos estudios que desarrollen exclusivos prometedores para ella y de afianzar una base de usuarios que, por pequeña que sea en la actual generación, es la que va a permitirle comenzar con buen pie de cara a la próxima, en la que sin duda también anda pensando; y que Nintendo no está, ni mucho menos, cumpliendo las promesas que lanzó en su momento con Switch y se está limitando a vampirizar su propio catálogo de consolas previas y el de las actuales, en la esperanza de que solo eso maquille una sequía de juegos propios cuyo catálogo, inexplicablemente, está siendo más pobre que cuando tenía que alimentar dos sistemas a la vez.

Aparte de eso, la feria no ha dejado anuncios notables ni grandes sorpresas o revelaciones, lo que hace del presente E3 un ejercicio de confirmación de la octava generación de consolas, que ha alcanzado una plena madurez y está en condiciones de ofrecer a los usuarios de PS4, PC y Xbox One un catálogo poderoso lleno de importantes propuestas de juego.