La saga GTA ha tenido siempre una sombra de polémica a su alrededor, especialmente cuando se alzó sobre sus primeras y mediocres entregas para ofrecer un mundo tridimensional plagado de posibilidades. La censura se alzó con la vara de la justicia para atizar con fuerza a Rockstar por haber creado semejante oda al crimen, la violencia gratuita, el sexismo, racismo, homofobia, el latrocinio y toda clase de vicios que se nos puedan pasar por la cabeza. Entrega tras entrega, sin embargo, los millones de compradores del juego dieron la razón a todos aquellos que defendían que, en realidad, GTA es una sátira contra la sociedad americana, permisiva hasta la saciedad con toda clase de hipocresías siempre y cuando no aparezcan pezones en televisión en horario infantil. Tantos años y tantos millones de juegos vendidos después (solo esta quinta entrega va por los 40 millones, ahí es nada), parece que el debate moral sobre este juego ya debería haber pasado de moda.

Lo que es innegable es que en GTA V se encuentran todos y cada uno de los comportamientos moralmente censurables que puedan imaginarse, con el personaje de Trevor casi siempre como absoluto protagonista, desde esa entrada en escena en la que sodomiza a una prostituta a aquella otra en la que tortura sin piedad a un preso del FIB con métodos a cual más salvaje y demoledor. Desde luego, si lo que uno quiere es enriquecerse en aspectos morales o pasar un rato de diversión inocente, GTA no es su juego. Nosotros, desde luego, no dejaríamos a nuestros hijos menores jugar a esto, y ahí es donde creemos que debe zanjarse este debate (en la responsabilidad de los padres/tutores de los jugadores menores) y hablar, entre adultos, de lo que verdaderamente importa, que es el juego en sí.

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Para todos aquellos que hayan jugado ya a las versiones de séptima generación, y por mucho que nos quieran vender motos, aquí hay muy poca justificación, por no decir ninguna, de que alguien que ya conozca el juego deba volver a pasar por caja. Una verdadera edición remasterizada no se debería limitar solo a aspectos técnicos, que en este caso se notan, y mucho, con unos magníficos 1080 y 30 frames estables en PS4 (algo menos en la versión de One, como viene siendo ya habitual). Es cierto que la distancia de dibujado se ha ampliado, y de qué manera, y ahora todas las texturas lucen bastante mejor, algo que se nota desde el césped a los interiores de los coches, a los que podemos acceder en la novedosa vista en primera persona, pero a nosotros nos hubiera gustado encontrar algo más.

Respecto al modo en primera persona, para un juego que ha sido tradicionalmente en tercera persona, esta nueva perspectiva solo nos ha aportado quebraderos de cabeza a excepción de los tiroteos, que entendemos que es su verdadera razón de ser. A la hora de conducir perdemos visibilidad y control de los vehículos, e incluso en los disparos hemos notado que el control no termina de ser todo lo fluido que debería. Quizá en la sexta entrega se note más que ahora, donde no deja de ser una mera curiosidad que nunca, bajo ningún concepto, se termina imponiendo al modo clásico de juego. Por todo ello, y con las principales novedades ya destacadas (a lo que se suman decenas de nuevas canciones para las diferentes radios), aquí termina la aportación de Rockstar a la versión Next Gen de GTA V. Qué bueno hubiera sido encontrar esta misma versión con los DLC’s que, estamos seguros, Rockstar venderá a precio de oro de aquí a unos meses. Y esa inclusión sí que hubiera hecho de esta versión lo que todos queríamos en realidad, como lo fue en su momento la de GTA IV que incluía aquellos dos magníficos episodios, La balada de Gay Tony y The Lost and damned, junto al juego original.

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Respecto al tema técnico, nos gustaría hacer una apreciación final. Es verdad que este juego luce bastante mejor que el 90% del catálogo de nueva generación, pero eso no es sino la lamentable verificación de que las compañías no están poniendo todavía toda su carne en este asador. El motor gráfico de GTA V, por muy remozado que se nos quiera presentar, no deja de ser de séptima generación, y eso es algo que se nota bastante en todo tipo de detalle, como las caras, manos y articulaciones de personajes, los modelados de edificios, efectos de luz y agua, etc. Insistimos, todo ha sido muy mejorado, pero aun así esto no es una experiencia next-gen a nivel técnico ni de broma. Y para aquellos que mantienen lo contrario, les invitamos a que mantengan su palabra cuando GTA VI nos deje a todos boquiabiertos de aquí a unos años.

Sobre el resto del juego, y al margen de remitiros a la review que hizo Alejandro en su día, lo único que podemos decir es que es una obra maestra. Es cierto que, tomados de uno en uno, sus diferentes subgéneros tienen problemas en el control, la precisión y la jugabilidad, ya sea la conducción (donde al menos se ha eliminado el horrible modo borroso de plena velocidad de la cuarta entrega), los disparos (que sin el modo de autoapuntado son un auténtico drama), o buena parte de los minijuegos, con un tenis que es para darse de cabezazos contra la pared. Lo bueno de GTA V es que, aun siendo un 6 o un 7 en muchos de estos aspectos, los combina con tal sabiduría y los enlaza de una manera tan magnífica en un modo historia irrepetible, que hasta eso se lo perdonamos. En cualquier caso, la sexta entrega sigue teniendo un amplio margen de mejora en muchos de estos apartados, algunos de ellos realmente básicos y que siguen presentando errores bastante llamativos.

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El modo campaña del juego es por lo que realmente merece la pena ir a pasar una temporada a Los Santos (del online nos ocupamos luego). Las historias trenzadas de Michael, Trevor y Franklin tienen en los golpes un clímax que, no obstante, no decae en las misiones secundarias, plagadas de humor, guiños a películas y libros y un sinfín de críticas más o menos veladas a los vicios y virtudes de nuestra sociedad contemporánea, como las magníficas misiones que tienen a Life Invader (trasunto de Facebook) o los anuncios sobre las bondades de la nube como protagonistas. GTA V es un juego con más detalles de los que podríamos contar en una vida entera de juego, con cientos de conversaciones cuidadosamente elaboradas y magníficamente interpretadas por sus actores de doblaje (lo del castellano es aquí otro debate que también parece que se eternizará hasta el infinito, sin que terminemos de entender muy bien por qué: para nosotros buena parte de la esencia de este juego es vivirla con el acento americano de sus personajes).

Una de las grandes novedades de este juego, que realmente nos ha satisfecho después del inmenso sopor que nos produjo GTA IV, es la variedad en las misiones. Ya desde el principio, con las familias disfuncionales de Michael y Franklin o las auténticas locuras de Trevor, el juego nos mete de lleno en situaciones surrealistas, pero tremendamente divertidas. Es imposible no soltar carcajada tras carcajada ante escenas como la del yoga, el rescate del yate o la parodia del creador de Life Invader, por no mencionar el nigérrimo sentido del humor de un Trevor que, le pese a quien le pese, es la auténtica estrella cómica de la función y proporciona decenas de diálogos memorables.

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Conseguido, pues, que el juego no nos convierta en meros chicos MRW, nos esperan decenas de misiones donde sin duda, los atracos se convierten en el centro gravitacional de una historia plagada de momentos soberbios. La preparación y ejecución de dichos golpes nos hace sentir en una versión digital de Heat, la magnífica cinta de Al Pacino y Robert de Niro (cuyo personaje influyó, y no poco, en el de Michael, por cierto). La combinación de las diferentes habilidades de los personajes, los saltos entre unos y otros y el excelente sentido del ritmo y la narrativa de Rockstar hace que estas misiones sean, posiblemente, uno de los momentos álgidos de la generación (de la anterior, entiéndase).

Respecto al modo online, es la locura insana y rematadamente divertida que los ya veteranos recordarán de la versión de séptima generación. Es un acierto por parte de Rockstar permitir traspasar partidas y perfiles de sistemas anteriores, porque eso evitará a más de uno tener que pasar de nuevo por editor y niveles de experiencia del inframundo. El sistema de carreras, partidas a muerte, torneos y competiciones de dardos, pulsos, tenis y lo que se ponga por delante sigue invitando a los jugadores a encerrarse en salones, esta vez de hasta treinta jugadores, para hacer las barrabasadas que se les ocurran. Los premios y bonificaciones por muerte, con búsqueda y captura incluida, por no mencionar las ya clásicas huidas de la policía, siguen siendo las estrellas de este modo. Hemos detectado algunos problemas de conexión en determinados momentos, especialmente cuando queremos entrar a salas donde hay otros amigos, pero no es nada en comparación con los que tuvo en su momento este modo cuando salió para Xbox 360 y PS3.

En definitiva, GTA V sigue siendo, como le sucedió en su momento a The Last of Us Remastered, un juego realmente recomendable, en especial para aquellos que, por alguna marcianada, se lo perdieran en su momento. Es un juego largo, entretenido hasta decir basta y muy, muy absorbente (quizá demasiado, si es que eso es un defecto), y garantiza meses de auténtica diversión. Que tanto este juego como la joya de Naughty Dog sean los lanzamientos más fuertes y de mayor calidad de PS4 y Xbox One en lo que va de año, con alguna que otra honrosa excepción, no es sino la demostración irrefutable de que 2014 ha sido un año para olvidar en la nueva generación. Y ya que estamos en fechas navideñas y de deseos, allá va el nuestro: por favor, Rockstar, no nos hagas esperar otros 5 años para GTA VI.

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La saga GTA ha tenido siempre una sombra de polémica a su alrededor, especialmente cuando se alzó sobre sus primeras y mediocres entregas para ofrecer un mundo tridimensional plagado de posibilidades. La censura se alzó con la vara de la justicia para atizar con fuerza a Rockstar por haber creado semejante oda al crimen, la violencia gratuita, el sexismo, racismo, homofobia, el latrocinio y toda clase de vicios que se nos puedan pasar por la cabeza. Entrega tras entrega, sin embargo, los millones de compradores del juego dieron la razón a todos aquellos que defendían que, en realidad, GTA es una sátira contra la sociedad americana, permisiva hasta la saciedad con toda clase de hipocresías siempre y cuando no aparezcan pezones en televisión en horario infantil. Tantos años y tantos millones de juegos vendidos después (solo esta quinta entrega va por los 40 millones, ahí es nada), parece que el debate moral sobre este juego ya debería haber pasado de moda. Lo que es innegable es que en GTA V se encuentran todos y cada uno de los comportamientos moralmente censurables que puedan imaginarse, con el personaje de Trevor casi siempre como absoluto protagonista, desde esa entrada en escena en la que sodomiza a una prostituta a aquella otra en la que tortura sin piedad a un preso del FIB con métodos a cual más salvaje y demoledor. Desde luego, si lo que uno quiere es enriquecerse en aspectos morales o pasar un rato de diversión inocente, GTA no es su juego. Nosotros, desde luego, no dejaríamos a nuestros hijos menores jugar a esto, y ahí es donde creemos que debe zanjarse este debate (en la responsabilidad de los padres/tutores de los jugadores menores) y hablar, entre adultos, de lo que verdaderamente importa, que es el juego en sí. Para todos aquellos que hayan jugado ya a las versiones de séptima generación, y por mucho que nos quieran vender motos, aquí hay muy poca justificación, por no decir ninguna, de que alguien que ya conozca el juego deba volver a pasar por caja. Una verdadera edición remasterizada no se debería limitar solo a aspectos técnicos, que en este caso se notan, y mucho, con unos magníficos 1080 y 30 frames estables en PS4 (algo menos en la versión de One, como viene siendo ya habitual). Es cierto que la distancia de dibujado se ha ampliado, y de qué manera, y ahora todas las texturas lucen bastante mejor, algo que se nota desde el césped a los interiores de los coches, a los que podemos acceder en la novedosa vista en primera persona, pero a nosotros nos hubiera gustado encontrar algo más. Respecto al modo en primera persona, para un juego que ha sido tradicionalmente en tercera persona, esta nueva perspectiva solo nos ha aportado quebraderos de cabeza a excepción de los tiroteos, que entendemos que es su verdadera razón de ser. A la hora de conducir perdemos visibilidad y control de los vehículos, e incluso en los disparos hemos notado que el…
Gráficos - 9
Sonido - 9.2
Mecánicas / Jugabilidad - 8.7
Duración - 10
Argumento - 9.3
Originalidad - 8.3
Banda Sonora - 9.6

9.2

GTA V es un absoluto imprescindible si no lo has jugado en séptima generación. Tanto por su trama, personajes, posibilidades y modo online, garantiza más horas de diversión que medio catálogo de PS4 o Xbox One juntos, pero lo mejor es que rebosa calidad por sus cuatro costados. Las mejoras para esta edición son, sobre todo en lo técnico, más que bienvenidas, y dejan el listón alto para la futura entrega de esta ya mítica saga de Rockstar, aunque hubiéramos agradecido más aportaciones en el terreno del contenido. En cualquier caso, es un juego que no te puedes perder.

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