Vi el otro día, con interés, preocupación y algo de tristeza, la presentación de Google con su nuevo y prometedor sistema de videojuegos, Stadia. Este servicio de streaming, que según sus desarrolladores permite jugar a cualquier juego desde cualquier dispositivo a través de navegadores como Chrome o Chromecast Ultra, se podrá usar desde un teléfono, una tablet o smart TV sin necesidad de instalaciones, consolas o discos de ninguna clase. Ver jugar a Assassin’s Creed Oddyssey a plena fluidez en un PC, en una televisión o en un Pixelbook como si tal cosa me dejó bastante impactado.

La empresa no ha revelado todavía plan de negocio, precio o fecha exacta de salida, aunque promete que se podrá jugar en 2019 a 8K y a 60 fps en todos los títulos disponibles (que, además de los asesinos griegos, solo añadió Doom Eternal a una lista aún muy por confirmar), algo que, con la llegada del 5G, no me parece improbable en aquellos territorios donde dicha velocidad de conexión se alcance de forma razonable (se ha confirmado ya su lanzamiento en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y “gran parte” de Europa, donde dichas conexiones sí parecen más probables de aquí a un par de años).

Evidentemente, este anuncio ha removido todos los cimientos de la industria y plantea un horizonte de expectativas que, ya para empezar, modifica mucho el panorama que nos habíamos imaginado. Todos sabíamos que el dichoso Netflix de los videojuegos iba a llegar tarde o temprano, pero yo sinceramente contaba todavía con una generación de transición antes de la llegada de este fenomenal tsunami, que amenaza con destrozar el sector del videojuego y renovarlo como ya ha ocurrido en décadas anteriores con la distribución de la música, cine o series.

Y de la misma forma que los CD’s, las películas en DVD, los videoclubes y tantas otras rémoras, parece claro que el formato físico del videojuego, las tiendas especializadas y tantas otras cosas están en la puerta de salida, para dar paso a servicios donde la comodidad, la inmediatez y la accesibilidad parecen claves esenciales. Los catálogos de las consolas de cada generación darán paso definitivamente a macro-catálogos, las consolas darán paso a servidores de Internet y conceptos como el coleccionismo, la compra venta de segunda mano o retrocompatibilidad desaparecerán por completo. El signo de los tiempos.

No parece que pueda haber una fuerza capaz de frenar o revertir este proceso, de modo que parece absurdo lanzarse aquí a hacer una oda a los viejos tiempos: es evidente que estos planteaban una serie de problemas que, gracias a este tipo de plataformas (lo digo en plural porque entiendo que Sony, Microsoft y Nintendo tendrán que reaccionar con sus propias propuestas), hacen que el panorama para el jugador esté mucho más allanado, y resuelve grandes lastres derivados de los sistemas de hardware cerrado que hasta ahora hemos consumido, más o menos por una media de uno por lustro.

Como ya sabéis, yo soy coleccionista desde hace mucho tiempo, y a mí no me resulta igual de atractivo acudir a un catálogo en una pantalla y elegir un título, por cómodo que sea, que tenerlo en formato físico. Me pasa con ITunes, con Netflix y me pasará con Stadia o la que sea que utilice. Sin negar una sola de las cualidades de los catálogos por Internet, la calidad de audio o vídeo que muestran o su evidente accesibilidad y longevidad, yo echaré de menos ver cómo las compañías presentan su nueva consola, la apoyan durante años con títulos de toda clase que puedo elegir e ir coleccionando, etc. No es romanticismo, es simplemente una costumbre que entiendo que las nuevas generaciones verán como yo veía a los que coleccionaban vinilos.

Sea como fuere, yo sigo teniendo dudas razonables sobre que Stadia vaya a traer ya mismo un sistema tan potente, eficaz y a prueba de fallos como promete. Lo de las 8K a 60 fps lo tengo que ver primero para creérmelo, porque esa cantinela de la estabilidad y fluidez máxima de la imagen llevo escuchándola muchos años y todavía no la he visto cumplida, salvo en algunos títulos de Xbox One X, y aun estos con algunos reparos. En cualquier caso, lo que es innegable es que esto es un ciclón que va a arrasar con todo, así que más nos vale hacernos con los últimos restos del naufragio antes de que se produzca, porque el océano del Streaming amenaza con anegarlo todo.