Desde hace años, la saga FIFA nos ha acostumbrado a la excelencia en la séptima generación. Sencillamente, no había mejor juego, ni más completo ni más amplio en opciones, bases de datos y modos de juego que él. Ninguno de sus rivales estaba a su altura, con el consiguiente acomodamiento de una franquicia que vio cómo, paulatinamente, desde la excelsa entrega de 2010 cada una de las nuevas iteraciones añadían matices a una fórmula consolidada, pero en riesgo de dormirse en los laureles.

La entrega de 2014 tuvo que competir con el problema de partida de ser transgeneracional, y además el primer intento en octava generación. Es decir, tuvo que pagar los platos rotos de ser el primero en llegar a la fiesta, lo que le acarreó no pocos problemas, muchos de ellos inexplicables. Un año largo después, EA Sports nos ofrece un nuevo capítulo, que pule, corrige y mejora prácticamente todo lo que se podía.

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Para empezar, se ha recuperado el modo torneo, algo del todo injustificable y que afeó de forma notable el anterior juego (una ausencia que, recordemos, solo se limitaba a la octava generación (¿?)). Además de eso, se han mejorado, y mucho, las opciones de juego cooperativo online y local, pudiendo realizar temporadas cooperativas, incluso en el famoso modo Ultimate.

Luego volveremos sobre este modo, pero antes nos tenemos que detener en algunas de las características que hacen de este juego un fenomenal simulador de fútbol, posiblemente el más completo y lujoso a nivel técnico que hemos probado hasta la fecha. A nivel gráfico, se nota el uso del nuevo motor en una recreación más fiel y lograda de jugadores y estadios. El nivel de detalle en las animaciones de los futbolistas es cada vez más asombrosa, especialmente con los nuevos añadidos de los controles orientados y en carrera, haciendo realmente sencillo reconocer a determinados jugadores por su peculiar estilo de conducción del balón.

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FIFA 15 es puro espectáculo visual, con un nuevo sistema de cámaras al término de cada parte que nos muestra las mejores imágenes a cámara súper lenta. Toda una gozada con la que poder deleitarnos del excelente acabado visual de un juego al que únicamente le podemos poner el “pero” de que los rostros de muchos futbolistas siguen pareciendo algo monigotes. Incluso aquellos donde deberían haberse notado más por motivos estrictamente comerciales, como Ronaldo, Messi, Neymar o Luis Suárez necesitan, a nuestro juicio, una mayor dedicación para abandonar definitivamente ese aire de maniquíes que vienen arrastrando desde la anterior generación.

Pero si el juego brilla con fuerza en todos y cada uno de los aspectos centrales, qué decir del envoltorio: la iluminación, los detalles de lluvia y barro sobre el balón, el efecto de la hierba, que al fin parece alzarse sobre el suelo y dar sensación de volumen… son tantas las novedades que resulta una tarea bastante engorrosa, especialmente cuando para cualquier fan de la saga basta con jugar un par de partidos para apreciarlos todos y cada uno en su pleno esplendor.

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Más allá del nivel técnico, que al fin alcanza un merecido sobresaliente, FIFA 15 se gana al público con un sistema de control más pulido, donde se han ampliado las opciones de juego en aspectos básicos como los saques de esquina y falta: podemos añadir más jugadores, elaborar estrategias más complejas… todo con la excusa de vencer a unos porteros que al fin parecen porteros y que, aun con sus fallos todavía, transmiten una sensación de realismo mucho mayor que la de FIFA 14 gracias a su sistema de detección de impactos en el cuerpo, provocando unos despejes mucho más realistas y completos.

Es necesario hacer un alto en el camino, entre tanta loa (a la que habría que sumar, como siempre, el de la inmensa base de datos o el apartado sonoro, con Manolo Lama, Paco González y compañía dándolo todo por animar los encuentros), para centrarnos en el que es, con diferencia, el modo estrella de un juego que ya muchos solo compran por él: nos referimos, claro está, al Ultimate Team.

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La idea de este modo es, recuperando el viejo sabor de las colecciones de cromos de antaño, la posibilidad de hacerte tu propio equipo a base de esfuerzo. Partiendo de un equipo base algo malillo, vamos ascendiendo a base de abrir sobres que canjeamos con el dinero obtenido por los partidos. Los jugadores se dividen en clases bronce, plata y oro, siendo estos últimos los más codiciados por sus condiciones físicas, y donde encontraremos a los cracks que todos conocemos ya.

Las numerosas aplicaciones para tabletas y móviles permitirá a los usuarios seguir jugando a dicho modo, donde podemos modificar estrategias, fichajes y descartes, de modo que siempre podemos estar enganchados. Realmente es complicado resistirse a sus encantos, y aunque determinados jugadores van a estar fuera de nuestro alcance, salvo que algún sobre milagroso venga a remediarlo, hace que sea con diferencia el punto clave que explica que toda la comunidad se pase el año entero dedicando horas al juego.

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Por lo tanto, desde le puntos de vista del juego como tal, así como de las opciones estratégicas y de dirección de equipo, FIFA 15 se muestra de nuevo intratable. Es verdad que podrían haberse añadido algunos modos más de juego, que el modo carrera está bastante estancado y podría aprender del buen hacer de la saga 2K en este aspecto y que todavía sigue habiendo fallos bastante imperdonables, como el hecho de que desde el saque inicial se pueda meter gol más fácilmente que tras elaborar una jugada casi perfecta en otro momento del partido. Todo eso es cierto. Y, sin embargo, FIFA 15 esgrime sus mejores armas con una fuerza con la que muy pocos pueden competir, y donde los torneos online se erigen en su columna vertebral.

El juego es difícil, por cierto. Difícil de dominar en ataque y, especialmente en defensa, donde la amplitud de opciones no ha cambiado tanto como en la búsqueda del gol. Ahora es más difícil meter goles que antes, con unos porteros mucho más trabajados en inteligencia artificial. Los pases ya no son tan mecánicos, sobre todo si lo situamos en modo de control manual, y en cuanto a niveles de dificultad, más allá del profesional nos las veremos y desearemos para levantar determinados partidos.

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El juego ha confirmado, tras varias semanas de explotarlo bien, muchas de las buenas sensaciones que nos transmitieron las demos que pudimos probar antes de su lanzamiento. FIFA 15 es mucho, muchísimo más que una simple actualización respecto de la anterior versión. Se trata de un juego realmente superior en aspectos clave, tanto a nivel técnico como de jugabilidad, y se convierte en una compra obligada para los amantes del fútbol, que además podrán seguir las evoluciones de sus equipos de la realidad con un sistema de noticias incorporado a unos menús de juego que, al fin, ya no son ese galimatías engorroso que eran en versiones previas.

Hay una última advertencia que nos gustaría hacer sobre el juego, aunque aquí realmente no sabemos hasta dónde habría que culpar a la realidad y no tanto a la simulación planteada por EA Sports: la diferencia entre los equipos de clase alta y de clase media (no digamos ya baja) es enorme. Jugar con el Real Madrid, el Chelsea o el Barça no tiene nada que ver, tanto a la hora de las sensaciones de juego como de la satisfacción de cara a portería, con la que ofrecen equipos como el Manchester United, Milan o Juventus, por poner solo tres ejemplos. Es, literalmente, como jugar a dos juegos diferentes. Asimismo, nos ha parecido que algunos jugadores están excesivamente potenciados, como Benzemá, Touré Yayá o incluso el propio Ronaldo, que a veces realiza proezas que ni siquiera él sería capaz de hacer en la realidad. Todo sea en aras del espectáculo, esperemos.

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Desde hace años, la saga FIFA nos ha acostumbrado a la excelencia en la séptima generación. Sencillamente, no había mejor juego, ni más completo ni más amplio en opciones, bases de datos y modos de juego que él. Ninguno de sus rivales estaba a su altura, con el consiguiente acomodamiento de una franquicia que vio cómo, paulatinamente, desde la excelsa entrega de 2010 cada una de las nuevas iteraciones añadían matices a una fórmula consolidada, pero en riesgo de dormirse en los laureles. La entrega de 2014 tuvo que competir con el problema de partida de ser transgeneracional, y además el primer intento en octava generación. Es decir, tuvo que pagar los platos rotos de ser el primero en llegar a la fiesta, lo que le acarreó no pocos problemas, muchos de ellos inexplicables. Un año largo después, EA Sports nos ofrece un nuevo capítulo, que pule, corrige y mejora prácticamente todo lo que se podía. Para empezar, se ha recuperado el modo torneo, algo del todo injustificable y que afeó de forma notable el anterior juego (una ausencia que, recordemos, solo se limitaba a la octava generación (¿?)). Además de eso, se han mejorado, y mucho, las opciones de juego cooperativo online y local, pudiendo realizar temporadas cooperativas, incluso en el famoso modo Ultimate. Luego volveremos sobre este modo, pero antes nos tenemos que detener en algunas de las características que hacen de este juego un fenomenal simulador de fútbol, posiblemente el más completo y lujoso a nivel técnico que hemos probado hasta la fecha. A nivel gráfico, se nota el uso del nuevo motor en una recreación más fiel y lograda de jugadores y estadios. El nivel de detalle en las animaciones de los futbolistas es cada vez más asombrosa, especialmente con los nuevos añadidos de los controles orientados y en carrera, haciendo realmente sencillo reconocer a determinados jugadores por su peculiar estilo de conducción del balón. FIFA 15 es puro espectáculo visual, con un nuevo sistema de cámaras al término de cada parte que nos muestra las mejores imágenes a cámara súper lenta. Toda una gozada con la que poder deleitarnos del excelente acabado visual de un juego al que únicamente le podemos poner el "pero" de que los rostros de muchos futbolistas siguen pareciendo algo monigotes. Incluso aquellos donde deberían haberse notado más por motivos estrictamente comerciales, como Ronaldo, Messi, Neymar o Luis Suárez necesitan, a nuestro juicio, una mayor dedicación para abandonar definitivamente ese aire de maniquíes que vienen arrastrando desde la anterior generación. Pero si el juego brilla con fuerza en todos y cada uno de los aspectos centrales, qué decir del envoltorio: la iluminación, los detalles de lluvia y barro sobre el balón, el efecto de la hierba, que al fin parece alzarse sobre el suelo y dar sensación de volumen... son tantas las novedades que resulta una tarea bastante engorrosa, especialmente cuando para cualquier fan de la saga basta con jugar un par de partidos para apreciarlos todos y cada uno en…
Gráficos
Sonido
Jugabilidad
Duración

Una más que bienvenida entrega que sutura muchas de las heridas abiertas de FIFA 14, como la ausencia de determinados modos y fallos garrafales en determinados momentos críticos. No está exento de fallos y sigue habiendo margen de mejora, pero este juego es ya un sobresaliente sin paliativos, con un apartado técnico realmente digno de mención.

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