Como cada año, resulta muy edificante hacer un balance de lo que nos ha aportado una industria que sigue creciendo y mostrando músculo económico. Y a diferencia de años anteriores, donde había que escarbar para encontrar auténticas joyas, este 2017 nos ha traído auténticos juegazos, títulos que están a la altura de aquellos que recordamos como los mejores no ya de su tiempo concreto, sino de una generación entera.

Quizá convenga, dentro del repaso general a las compañías y antes de entrar en títulos concretos, señalar que 2017 ha sido un año espectacular para Nintendo. Después de un lustro lleno de sinsabores con la ya difunta Wii U, se ha sacado de la manga una carta ganadora con Switch, una consola a caballo entre la portátil de última generación y una sobremesa de no tan última generación, que ha arrasado en ventas (más de 10 millones en apenas 9 meses, siendo la absoluta estrella del último Black Friday a nivel mundial), y que además de sus muchas bondades cuenta en su catálogo con dos de los candidatos a juego del año (The Legend of Zelda: Breath of the Wild, también en Wii U, y Super Mario Odyssey, del que publicaremos su análisis en breve).

Aunque seguimos pensando que Nintendo nos vende antes los juegos que las consolas (hasta la odisea de Mario no nos hemos planteado en serio hacernos con una Switch, para qué os vamos a engañar), y que este sistema nos sigue pareciendo muy caro para lo que ofrece y con una política de periféricos que roza el surrealismo más absoluto, al final son los títulos de calidad los que terminan convenciendo al personal para que se decante por un hardware. Se prevé que antes de marzo de 2018 haya superado en ventas las de Wii U en todo su ciclo vital, que ya de por sí es una magnífica señal de salud.

Sony sigue mandando en el cómputo general de esta generación a la que Nintendo llega tarde y a su aire una vez más, con más de 70 millones de consolas vendidas en sus cuatro años recién cumplidos. Su primera mitad de año ha sido sencillamente sensacional, con títulos como Nier Automata, Nioh, Persona 5, Horizon Zero Dawn y un largo etcétera. Es verdad que la segunda mitad no ha estado ni de lejos a semejante altura, únicamente con el polémico Gran Turismo Sport como título destacado, pero de nuevo Sony se las promete muy felices con un 2018 que parece que va a arrancar a lo grande, con ese póker que forman God of War, Ni no Kuni 2, Spiderman, Shadow of the Colossus y Days gone, y al que ojalá que se pudiera sumar The Last of Us Part 2 (sin fecha de lanzamiento oficial, aún).

Por su parte, Microsoft ha dado un empujón técnico a su parque de consolas con Xbox One X, que desde su presentación no hacen más que recordarnos que es la máquina de videojuegos más potente de la historia… hasta que salga la siguiente, cabría añadir. Ese empeño por convertir el 4K, HDR y demás historias técnicas en la panacea tiene el riesgo de que caduca con mucha más presteza de la que a sus responsables les gustaría reconocer. Lo de sacar músculo en teraflops es flor de un día (que se lo digan a Nintendo, que presumió de lo mismo en su día con la Nintendo 64 y mira dónde anda ahora…), sobre todo si no va acompañado de títulos potentes, y más allá de ese espectacular Forza Motorsport 7, que tampoco es que vaya a revolucionar el mercado, hay poco más donde rascar. Se agradece, eso sí, los parches para juegos ya lanzados, como Gears of War 4, o la posibilidad de que sea retrocompatible con toda la familia de Xbox, todo un detalle de una compañía que, no lo olvidemos, debe hacer concesiones por su etiqueta de virtual perdedora de la generación.

Dentro del apartado de sorpresas, creo que Cuphead es justo y merecedor de ese título honorífico. Tras haberlo jugado en varias ferias yo sinceramente no daba un duro por él, pero es imposible resistirse al encanto de un juego que se ha sabido hacer valer en un contexto muy competitivo, sin los medios de otros productos pero con un diseño artístico muy por encima de la media, y una jugabilidad de esas, de las de antes, con una endiablada dificultad y unas mecánicas que nos llevan, de manera automática, a otros tiempos más directos y accesibles. Por su parte, Sonic Mania llegó también para hacer las delicias veraniegas allá por agosto, devolviéndome a esos tiempos donde me inicié con los juegos de la mano del erizo azul. Si bien no goza de la maestría de aquellas joyas, ha sido tal el placer de jugar a un Sonic de los de verdad, lo he pasado tan fenomenalmente bien y he redescubierto tantas buenas sensaciones que la medalla de plata iría a ese simpático y eterno triunvirato formado por Sonic, Tails y Knuckles.

No puedo cerrar este apartado sin hacer otra justa mención a Assassin’s Creed Origins, que para mí es además uno de los mejores juegos de todo el año en su categoría. Jamás hubiera dicho que esta franquicia tenía vida después de los infartos que sufrió con los últimos juegos y sin embargo ahí tenéis a Bayek resucitando viejas leyendas para deleite de sus muchos fans, que ansiábamos algo así desde hace casi una década. Ya por último, Rime también me dejó un buen sabor de boca y me trasladó a un mágico lugar mediterráneo durante el mes de julio, cuando más apetecía sumergirse en esas aguas.

En las decepciones sería un olvido imperdonable no hablar aquí de Mass Effect Andromeda, que llegó con la aureola de juego de franquicia grande y se fue por la puerta de atrás, dejando muy tocada la marca Mass Effect  tras un juego bastante insulso y pobretón a nivel de historia, personajes y epicidad, que es justo donde la trilogía original obtuvo los logros que le ganaron el corazón de crítica y público. Una lástima, que toda esa inversión y medios disponibles no hicieran ver a Bioware que este juego merecía al equipo A y un guion mucho más elaborado para suponer lo que en su momento supuso la primera aventura de Shepard. Esperemos que en unos años se pueda reactivar, aunque parece poco probable… Mención de deshonor también para Little Nightmares, que se nos vendió como una obra maestra y que lo único que me aportó fueron unos gráficos curiosos y poco más.

Ya para terminar, y dentro del apartado de lo más selecto y granado, ha habido varios juegos que hasta última hora han estado dándose de castañas por el trono, entre los que destacan el fenomenal Super Mario Odyssey, Horizon Zero Dawn, Nier Automata, Metroid Samus Returns, Assassin’s Creed Origins y el que finalmente se ha llevado el gato al agua: Breath of the Wild. No debería ser sorpresa para nadie que este juego se alce con este trofeo, después de habernos dejado a todos absolutamente boquiabiertos y pegados al mando durante meses y meses. Es tan fascinante todo lo relacionado con esta nueva aventura de Link que, visto lo visto, casi hubiera preferido que no saliera DLC alguno que empañara la experiencia de juego original. Pocas veces he tenido más claro que un juego era una obra maestra como me ha ocurrido con BotW, pocas veces lo he disfrutado más de principio a fin y he encontrado sus fallos tan insustanciales en comparación con sus virtudes como aquí, por lo que no puedo evitar finalizar este apartado sin dejar de recomendar que lo juguéis, sea en la versión que sea, y os déis el gustazo de descubrir uno de los mejores juegos que se han hecho nunca. Lo más espectacular de un 2017 sensacional, sin duda.