En ocasiones no hace falta una efeméride en especial para acordarse de ciertos sistemas y catálogos que nos dejaron ya hace tiempo. El declive de Sega como consola de videojuegos no nació, como ha llegado a afirmarse con Saturn, que tampoco fue su peor sistema de hardware, algo que he llegado a leer en algunos lugares supuestamente especializados en el tema. Es evidente que esta consola, que nació de mala manera en 1995 y murió de una forma aún más lamentable apenas tres años después, tuvo una vida corta y un catálogo que no estuvo a la altura de lo que se esperaba del sistema, la respuesta a la 32 bits de Sony (la primera y ya casi mítica Playstation 1), pero eso no quiere decir que no hubiera joyas ocultas que merezca la pena rescatar.

Vaya por delante que este especial tiene como objetivo servir de sentido y sincero homenaje a una consola que quizá mereció mejor suerte, pero que tuvo la mala fortuna de coincidir en el tiempo y el espacio con dos auténticos colosos (no olvidemos, además de la bestia de Sony, a Nintendo 64), que eclipsaron absolutamente todo lo que no fueran Marios, Zeldas, “Metal Gears”, “Final Fantasies”, y un largo etc.

Y es que, a pesar de que las cifras del fracaso de Sega con esta consola son más que evidentes (no llegó a los 9 millones de unidades y su juego más vendido, Virtua Fighter 2, apenas llegó a los 2 millones), el tiempo y una cierta distancia ha permitido que se pueda ver con ojos un poco más benévolos el conjunto de errores que se cometieron en la planificación, desarrollo y comercialización de todo lo relacionado con la Saturn. Las disputas documentadas entre Sega Japón y la división estadounidense, que a la par se puso a desarrollar por su cuenta y riesgo nada menos que un periférico espantoso de 32 bits para Mega Drive llamado 32X, afectaron sobremanera a un lanzamiento atropellado y sencillamente desastroso, con versiones pobres de juegos llamados a mejores empresas (las primeras versiones de Virtua Fighter y Daytona USA, que dejaban bastante que desear y necesitaron sendas remasterizaciones a los pocos meses).

 

 

La pregunta que los historiadores del sector (que ya los hay), es cómo fue posible que una compañía como Sega, que antes de 1994 era símbolo de grandes éxitos, un hardware sólido y una línea de títulos realmente buenos en su consola de 16 bits, fuera capaz en apenas cuatro años de destruir casi por completo su patrimonio, defraudar a millones de usuarios y condenarse a sí misma a la más absoluta irrelevancia. Para cuando quisieron remontar el asunto, con la difunta y aún más de culto Dreamcast, ya era demasiado tarde (aunque esa es otra historia, para otro especial).

Volviendo a 1994, hay que decir que hubo dos factores que determinaron el nacimiento de Saturn, y ninguno de ellos tenía que ver con la propia consola. En primer lugar, Sega había decidido alargar de manera artificial la vida útil de Mega Drive, que desde 1988 llevaba dando muchas alegrías a los “segueros”. Aquel horrendo periférico llamado Mega CD (1991) fue solo el anuncio de lo que estaría por venir, aquel 32X que supuso una auténtica catástrofe comercial para la compañía y empantanó el camino de las 3D que la propia Sega había auspiciado en 1993 lanzando un revolucionario juego de lucha arcade, llamado Virtua Fighter.

Sega dominaba con comodidad los salones recreativos, el campo de pruebas perfecto para que las poderosas placas gráficas hicieran soñar a los usuarios con mundos nuevos a la vuelta de la esquina. Eso, y su posición de relativa fuerza en el mercado de las consolas de sobremesa llevaron a la empresa a guerras civiles entre sus divisiones americana y japonesa, que fueron desde la legitimidad de la secuela de nada menos que Sonic the Hedgehog, santo y seña de la compañía, a una carrera absurda por dar un salto a las 3D para las que, en el caso de sobremesa, era evidente que les faltaba mucha preparación.

Dos proyectos comenzaron a desarrollarse en paralelo, el proyecto Júpiter y el proyecto Saturno. El primero fue el americano, que terminaría convirtiéndose en una 32X cuyo batacazo todavía resuena en el Gran Cañón del Colorado. El segundo, lanzado un año más tarde, llegó con la promesa de remediar todos los errores del pasado, dar carpetazo a Mega Drive definitivamente y colocarse a la altura de sus más directas competidoras.

Siendo esto así, uno podría pensar que ya estaba todo resuelto, ¿verdad? Nada más lejos de la realidad. Resulta que la compleja estructura del hardware del sistema de Saturn, compuesto por dos procesadores paralelos de la compañía Hitachi, resultaban muy poco capaces de mover entornos tridimensionales, que es justo lo que sus dos competidoras hacían realmente bien. Curiosamente, la consola movía con gran habilidad juegos en 2D, como quedó más que demostrado con juegos como Street Fighter Alpha 3, Radiant Silvergun, Rayman o Guardian Heroes, cuatro de sus grandes títulos.

El problema es que en aquellos tiempos esto ya no vendía y no interesaba, porque se consideraba anticuado o pasado de moda, y lo que se llevaba eran juegos de cámara y polígonos con texturas. Como resultado de todo esto, a lo que se unieron las bajísimas ventas del sistema, el apoyo third-party prácticamente desapareció, ya que era mucho más cómodo y rentable para otras compañías programar versiones mejores de cualquier juego para una Playstation que cayó con los dos pies sobre el mercado y no se bajó de allí en los siguientes diez años, e incluso para Nintendo 64, que vendió cuatro veces más que Saturn.

Además de eso, la propia Sega falló de manera estrepitosa en elementos claves de su catálogo. Al margen de los errores ya mencionados de salida, la compañía fue absolutamente incapaz de programar y lanzar un Sonic decente en tres dimensiones para el sistema (un caso para el estudio que aún hoy, más de veinte años después, sigue trayendo cierta controversia). La gente de Sony Playstation se lo pasaba bomba con Crash Bandicoot y Nintendo 64 hacía saltar a más de 11 millones de personas con su Mario 64, mientras que los usuarios de Saturn debían conformarse con una versión de Sonic 3D, un juego bastante normalito de la última etapa de Mega Drive que de 3D solo tenía el título. En aquellos tiempos donde aún importaban las mascotas, la cancelación de Sonic Xtreme, que así se iba a llamar la gran aventura del erizo en Saturn, demostró que Sega tampoco en esto estuvo a la altura.

El hundimiento del sistema fue inversamente proporcional al éxito de sus dos rivales, especialmente de Sony. Y eso que a pesar de todo las conversiones de recreativas fueron bastante decentes en su mayoría, permitiendo jugar en casa a ports realmente conseguidos de juegos como Sega Rally, Sega Touring Car, ManxTT Superbike,  Fighting Vipers, Virtua Cop 1 & 2, The House of the Dead y un largo etcétera. A esas conversiones y los juegos antes citados, Saturn sumó versiones decentes de juegos como Tomb Raider o Resident Evil, grandes éxitos del momento, y por si no fuera suficiente, añadió algunos exclusivos de auténtica maestría, como la saga Panzer Dragoon o, muy especialmente, Nights into Dreams. De todos ellos y alguno más nos ocuparemos en el siguiente apartado del reportaje, dedicado en exclusiva a comentar aquellos juegos.

Lástima que la versión del primer Shenmue no llegara a aparecer para la consola, aunque de hecho Yu Suzuki confirmó que en un principio Saturn iba a ser la plataforma de destino de este fenomenal juego. Es muy probable que el sistema hubiera reventado de haber tratado de ofrecer lo que sí pudo la muy mejorada versión de Dreamcast, pero el caso es que Sega decidió cancelar dicha versión y centrar todos sus esfuerzos en la que sería su siguiente, y último, intento dentro de la fabricación de hardware.

La mayor parte de los códigos fuentes de los juegos de Sega de aquella etapa se han perdido, de modo que es imposible recuperar a través de tiendas virtuales clásicos como los ya citados. Con algunas excepciones, como Virtua Fighter 2, el resto del catálogo de exclusivos se ha quedado perdido en el limbo de los justos, algo que no sucede ni con Mega Drive ni con Dreamcast. Sirva, pues, este reportaje, como un homenaje a esas joyas perdidas de un sistema denostado en su momento, pero que a pesar de todo ofreció destellos de la grandeza de una compañía que en aquellos años perdió por completo el norte y nos abrió un poco los ojos a las miserias, que también las tiene, de este sector del videojuego.