Hubo un tiempo en que Rareware, la compañía que ahora hace juegos para Kinect, era una de las second party más importantes de la industria del videojuego, casi a la altura de lo que ahora supondría una Naughty Dog, por ejemplo. Hubo casi una década, la comprendida entre 1994 y 2003, en que los juegos de Rare eran deseados por todo el mundo y constituyeron, quizá, el mayor consuelo de los sufridos poseedores de una Nintendo 64, que veían cómo año a año la empresa británica les proporcionaba juegos de auténtico primer nivel, algo que por desgracia el resto de compañías solía hacer para otros sistemas.

Autores de clásicos para NES como Marble Madness y Battletoads, la empresa dio un salto de calidad impresionante con el paso a los 16 bits. Conscientes de la necesidad de aliados fuertes ante la llegada de Ultra 64, Nintendo estableció una serie de acuerdos de exclusividad que produjo un primer resultado excepcional: Donkey Kong Country. Al mismo tiempo, Rare desarrolló una placa para gráficos renderizados de gran potencia con el arcade como objetivo, fruto del cual nacieron el juego de carreras Cruis’n Usa y el más acertado Killer Instinct, un fantástico juego de lucha que posteriormente fue convertido para Super Nintendo y, en una versión mejorada de la segunda parte, también para Nintendo 64.

Precisamente sería en este sistema, con un estreno algo discreto con Killer Instinct Gold y Blastcorps, donde Rare conocería sus mayores éxitos, con permiso de Donkey Kong. En un lapso de 4 años ininterrumpidos salieron a la venta GoldenEye 007, considerado uno de los padres del FPS moderno, Diddy Kong Racing (el único juego que ha sido capaz de plantarle cara a Mario Kart en más de 20 años), Banjo-Kazooie, Jet Force Gemini, Donkey Kong 64, Perfect Dark, Banjo Tooie y Conker’s Bad Fur Day, todos ellos juegos de absoluta referencia en géneros tan dispares como la acción, las plataformas o la aventura.

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Aunque lastrados por esa tendencia al osito de peluche que tenían los juegos de Nintendo de aquella época, Rare logró darle a todos ellos una personalidad arrolladora, un sentido del humor sensacional y, en el caso de los dos FPS, un nivel de excelencia que sencillamente no conoció rival en aquella generación. Ello despertó, obviamente, el deseo de otras compañías de contar con sus servicios o, en su defecto, con el de sus responsables, lo que comenzó un éxodo de programadores a otras empresas que supuso la primera piedra en el camino de una compañía que entonces estaba en la cima del éxito.

Star Fox Adventures, un juego inicialmente pensado para Nintendo 64 y que posteriormente se reconvertiría para Gamecube, fue el canto de cisne de una época irrepetible para la compañía, que con su adquisición por parte de Microsoft para esa generación que comenzaba perdería a buena parte del equipo que tantos éxitos le había dado. Tras numerosas reconversiones internas, la empresa lleva varios años anclada en juegos menores, a pesar de lo cual mantiene un cierto aire de respeto que infunden aquellos años de gloria.

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En el Rincón del Pixel vamos a dedicar nuestros próximo retro-análisis a aquellos juegos que, en su día, hicieron historia en los 16, 64 y 128 bits. Estad atentos a nuestra página porque en las próximas semanas, os ofreceremos completos análisis de los siguientes clásicos:

  • Donkey Kong Country (1994)
  • Killer Instinct (1995)
  • Killer Instinct Gold (1996)
  • Goldeneye 007 (1997)
  • Diddy Kong Racing (1997)
  • Banjo Kazooie (1998)
  • Jet Force Gemini (1999)
  • Donkey Kong 64 (1999)
  • Banjo Tooie (2000)
  • Perfect Dark (2000)
  • Star Fox Adventures (2002)