La palabra «hype» significa, en inglés, «bombo publicitario» o «despliegue publicitario». Muchos medios de comunicación y no pocos usuarios lo emplean de manera incorrecta como sinónimo de «expectación», de manera que es ya bastante sencillo escuchar en muchas páginas web y foros términos como «hypear» con el significado de «despertar las expectativas sobre un determinado producto».

Las compañías son muy conscientes de que cada vez vivimos más en una sociedad de información global e instantánea, donde las exclusivas son cada vez más complicadas y los secretos más difíciles de ocultar durante un lapso de tiempo deseable. No bien se bajó del avión, un habitual de Neogaf se dedicó a proclamar a los cuatro vientos que había visto imágenes y detalles sobre Assassin’s Creed Unity, algo muy parecido a lo que ocurrió un año atrás con Black Flag. Y precisamente por ello, muchas compañías han decidido pasar a la ofensiva y emplear el hype en su propio beneficio.

Uno de los problemas que encierra esta política es que los usuarios reciben a veces más detalles de los que necesitarían. Si habéis seguido con atención todo el desarrollo publicitario previo al lanzamiento de Ground Zeroes, sabréis que buena parte de lo que se puede ver y jugar en esta demo ha sido ya mostrado en decenas de vídeos, algo que resta luego buena parte de la emoción al jugar. Pero ese no es el único asunto que nos preocupa, ni el mayor.

(Créditos de vídeo: xstrim1)

Cuando una compañía decide dar a conocer un determinado producto, escoge muy bien el modo, el medio y el contenido que va a mostrar al público. En el 99% se trata de puestas en escena muy preparadas sobre productos que, ni de lejos, están acabados o se acercan lo más mínimo al resultado final real del juego, pero eso importa poco: se trata de «hypear» al público, de generar ruido mediático y de protagonizar las portadas de las siguientes revistas, los titulares, los clics en las web especializadas.

Por lo general, el nivel de hype que genera un juego al mostrarse está en correspondencia proporcional inversa a la calidad final del título. Killzone 2 se presentó en 2005 como la octava maravilla del mundo, una falsa demostración que engañó a propios y extraños para ofrecer finalmente un digno título que, no obstante, no llegaba ni de lejos a lo que en su momento se había planteado. Otro tanto le sucedió años después a Bioshock Infinite, que nos mostró una serie de bondades en el E3 de 2011 que luego jamás vimos en el juego, toda una fastuosa gama de posibilidades que nos hizo soñar para luego darnos cuenta de que la realidad del juego era bien distinta. Aliens: Colonial Marines se promocionó con unos magníficos vídeos que nos hicieron pensar que al fin la saga tenía un juego a su altura, para darnos luego de bruces contra una realidad plagada de fallos y bajones técnicos.

(Créditos de vídeo: VideoGamerTv)

Por su parte, Ryse: Son of Rome, se anunció como el gran bombazo técnico de Xbox One para conocer a través de sus desarrolladores, hoy mismo, que el personaje principal pasó de los 150.000 polígonos de los primeros vídeos a apenas 85.000 en la versión final. Y eso es casi una reducción del 50%. Los ejemplos son incontables, como los recientes casos de Watch Dogs, que en su momento fue la sensación del E3 2012 o Dark Souls 2, cuyo bajón gráfico nadie comenta pero es más que evidente para todo aquel que quiera verlo, especialmente en el tema de la iluminación.

La estrategia del hype consiste en hacernos creer que vamos a experimentar algo nunca visto, especialmente a nivel gráfico, para poco a poco ir reduciendo el listón técnico con cada nuevo vídeo, cada vez más cerca de esa versión final por la que luego desembolsamos 60 o 70 euros. El problema es que, tras tantos años, nosotros ya no nos creemos nada hasta que no lo vemos con nuestros propios ojos en la pantalla de nuestro televisor. Así, por mucho que juegos como The Division sigan esa misma estrategia del hype, no podemos dejar de pensar que lo que vemos no es más que una ilusión de juego que, estamos convencidos, no se corresponde con lo que vamos a ver en nuestras consolas, del mismo modo que tampoco nos creímos en su momento que el vídeo que se mostró en primer lugar de Watch Dogs o de Ground Zeroes se correspondiera con el nivel técnico de la séptima generación, para las que supuestamente ambos estaban siendo programados.

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A las compañías les da igual, en realidad, si luego el usuario se queda frustrado o decepcionado con el producto que llega a sus manos. Irrational Games presumió durante meses de las capacidades de Bioshock Infinite de transmitir vida real con una ciudad plagada de habitantes o la posibilidad de que el jugador eligiera de qué forma afrontar el juego, y nada más supimos de ellos al darnos cuenta de que la ciudad llena de vida era en realidad un precioso decorado vacío lleno de figuras de cartón piedra, o que la única forma de «interactuar» con los npc’s era volándoles las cabezas con nuestras poderosas armas de fuego. Peter Molyneux, el rey del Hype y uno de los mayores expertos en meter la pata cuando se trata de promocionar un juego, ha llegado a llorar y a reconocer que se ha comportado como un ejemplar mentiroso durante buena parte de su carrera profesional tras tratar de darnos gato por liebre con cosas tan horripilantes como el infausto Project Milo, una demo técnica que nos prometía unos niveles de interacción con una inteligencia artificial que nunca llegaron a concretarse en nada. No dudamos de que en ambos casos tanto Levine y su equipo como Molyneux trataran de impulsar los límites del videojuego, pero incluso con la mejor de las intenciones debe haber un valor que prevalezca por encima de todos: la honradez de cara al público que te paga.

En resumidas cuentas, la estrategia del hype desvirtúa el sentido de dar a conocer un producto porque, en la mayor parte de los casos, falsea la realidad y nos hace albergar una ilusión que no se corresponde con el producto final. Ello, y la complicidad de muchos medios en buena parte de los casos, hace que el usuario esté literalmente ignorante de la realidad por la que paga precios abusivos, por lo que desde aquí queremos recomendar que os informéis mucho antes de comprar nada, preguntéis en caso de conocer a alguien de confianza que tenga información relevante y que contrastéis opiniones hasta tomar la decisión final. Y sobre todo, no os dejéis llevar por el hype.

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