He empezado hoy, tras muchas dudas y devaneos, a jugar a Death Stranding, y a cada minuto que pasaba más me convencía de que, junto con The Last of Us Parte 2, será el último juego de PS4 al que voy a jugar antes de pasarme a la siguiente generación. Esto no se debe, desde luego, a causa de falta de oferta o de juegos apetecibles a lo largo del año (como Dragon Ball Z Kakarot, Final Fantasy VII o Ciberpunk 2077, sin ir más lejos). El problema es que el ruido que hace mi PS4 es tan insoportable que incluso con cascos me impide seguir el juego con la comodidad mínima deseable, y ya no lo soporto más.

Evidentemente, si hago un artículo sobre ello no es, ni mucho menos, porque solo me esté pasando a mí. Hace meses llevé la consola a una tienda especializada de Madrid y allí me confirmaron lo que yo ya había leído bastantes veces en la red: que las PS4 de medio mundo llevan ya dos o tres años dando unos problemas de sonido tremendos, tanto en los primeros modelos como en los Pro, derivados de varios condicionantes que se han unido para dar lugar a una perfecta tormenta de distorsión.

En primer lugar, las consolas de esta generación, como hemos sabido después y las propias compañías han terminado confirmando de facto con la salida al mercado de las dichosas PS4 Pro y Xbox One X, eran sistemas muy flojos técnicamente para su tiempo, lanzados en tiempos de crisis a unos precios de crisis. No estaban pensadas para durar 6 o 7 años, como le ocurrirá a mi pobre motor de avión cuando lleguemos a noviembre de este año. En ese desarrollo defectuoso estaba, como problema central, un fallido sistema de ventilación, a todas luces insuficiente dado que los juegos son de una enorme exigencia y calientan la consola prácticamente con el arrancado de inicio. Esto lleva a las PS4 a hacer un ruido que es de locos, como si un jet estuviera a punto de despegar en el salón de tu casa.

Da igual lo que intentes: puedes colocarla en vertical o en horizontal, colocarle un ventilador supletorio debajo, tenerla suspendida de cables para que no toque superficie alguna o esconderla detrás del mueble del televisor: el ruido de los ventiladores agonizando es tan fuerte que te rompe por completo la experiencia de juego, con un permanente, constante e insoportable ruido que se superpone a las conversaciones de los personajes, rompe el silencio o la tensión cuando el juego lo requiere, y te está sacando todo el tiempo de la experiencia de juego.

Sé que muchos diréis que el problema es la acumulación de polvo, restos de tabaco, barbacoas o similares: no es el caso de esta, que tras su revisión y conviviendo diariamente en un hogar que no conoce humo de ninguna clase, hace un ruido atronador. Y en el colmo de los colmos, he probado a ponerle ventiladores extra y lo único que consigo es que haga más ruido… También me han llegado a decir que deje de comprar juegos físicos, que lo que hace ruido es el disco al girar dentro de la consola… ¿Estamos locos o qué? ¿Ahora resulta que para jugar a videojuegos en condiciones ya no puedo comprarme videojuegos como a mí me salga de las narices?

Es un desastre. No me puedo creer que alguien que pague más de 400 euros por un sistema, más sus dichosas actualizaciones, suscripciones y juegos, tenga que estar en estas condiciones tan lamentables. Con esta son más de 10 las consolas que he tenido a lo largo de mi vida como jugador y jamás, en toda ella, he tenido que soportar algo semejante. Yo conecto ahora mismo mi Nintendo 64, mi Sega Saturn o mi Mega Drive, por citar solo tres de las más antiguas de mi colección, y os aseguro que van como la puñetera seda, sin ruido ni molestia alguna que valga.

Por supuesto que me negué a comprar la versión Slim y Pro de la consola, harto como estoy de que nos tomen el pelo a mano armada cada vez que tienen ocasión, y por supuesto que Sony, Microsoft y Nintendo seguirán sacando revisiones de aquí a tres años de sus respectivos sistemas para hacernos pasar por caja mil y una veces. Sé el mundo en el que vivimos y cuento con ello, mal que me pese. Lo que no estoy dispuesto es a pagar por jugar a más juegos en estas condiciones. Si Sony quería que nos pasemos todos a PS5 estas mismas navidades, solo por poder jugar a todo mi catálogo sin tener que sentirnos como en Barajas, parece que lo va a conseguir.

Pero esa no era la idea. La idea era vendernos una consola decente, cuyos joysticks de los mandos no se derritieran con el simple contacto de nuestra piel, y que al cabo de cuatro o cinco años no parezcan reactores nucleares a punto de explotar por los aires. Es una vergüenza, un problema terminal que condena a todas estas consolas al cubo de la basura, y que anuncia, aviso a navegantes, que la próxima PS5 no se libra de la sospecha de este y tantos otros desmanes: en todas y cada una de las generaciones anteriores, ya fuera por factores de nostalgia o de comodidad, me daba una pereza infinita tener que comprarme nuevos sistemas; en el caso de esta generación, estoy deseando, literalmente, quitármela de encima.

Y esa no era la idea.