Con las recientes noticias que hemos conocido acerca del retraso de varios títulos, como Watch Dogs, DriveClub y The Witcher 3, se ha desatado un interesante debate acerca de la doble cara que ofrece este tipo de situaciones. Recordemos que Watch Dogs estaba previsto para noviembre de 2013 y saldrá finalmente a finales de mayo de 2014; DriveClub debía haber salido el 15 de noviembre de 2013 para estrenar Playstation 4 y todavía no se sabe la fecha, aunque todo apunta que se va para finales de 2014, como pronto; The Witcher 3, por último, estaba confirmado para 2014 y finalmente saldrá (si no vuelve a haber cambio de fechas, claro), en febrero de 2015.

El debate genera, como decimos, dos opiniones: de un lado están aquellos que justifican los retrasos y los reciben como algo positivo, ya que en teoría dan más tiempo a los desarrolladores para pulir los juegos y sacarlos en una versión mejor. Prefieren, en definitiva, tener un juego bien hecho, aunque tarde, que un producto mediocre ya mismo en las manos.

Por otra parte están aquellos otros que critican a las compañías por engañar al consumidor, por crearle expectativas sobre lanzamientos que en teoría están a la vuelta de la esquina y le animan a comprar determinados sistemas, como pasó con DriveClub y PS4 o con Raymand Legends y Wii U y que, a la hora de la verdad, no acuden a la cita por esa horrible, manida y deleznable excusa de las compañías de que querían dar más tiempo a los desarrolladores para «completar totalmente su visión», como si más que juegos lo que hicieran estas empresas fueran predicciones del oráculo de Delfos.

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Por nuestra parte, creemos que ambas posturas simplifican demasiado la realidad de empresas que, por muy distintos motivos, deben modificar sus fechas de lanzamiento previstas. A nosotros nos parece que si un juego se retrasa porque no está terminado, tiene fallos o no ha llegado a cumplir los plazos, es algo que debe achacarse a una mala planificación y debe tener consecuencias, y no hacer la vista gorda con la tontería de las visiones completas. En cualquier trabajo hay plazos, y si no se cumplen, hay consecuencias. Aquí, sin embargo, con poner excusas pedestres ya parece suficiente, y no debería ser así.

De Watch Dogs ya hemos hablado en anteriores entradas, de modo que ya sabréis más o menos lo que opinamos. Este juego no ha estado acabado en ningún momento, se presentó en unas condiciones que compiten de tú a tú con el famoso Killzone 2 y es una evidencia para todo aquel que tenga ojos que ha sufrido recortes monumentales a nivel técnico, por mucho que sus responsables lo nieguen. Y encima se planificó que saliera casi al mismo tiempo que Assassin’s Creed IV, lo que no tiene ningún sentido. Si luego el juego se pega un batacazo en ventas, cosa que esperamos que no ocurra, alguien debería dar explicaciones más allá de la totalidad de las visiones.

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Lo de DriveClub también es de juzgado de guardia. Este juego tendría que haber estrenado nada menos que el sistema de Playstation Plus. Fue de los primeros juegos de la consola del que tuvimos conocimiento, y sus opciones de interacción con otros jugadores prometían revolucionar el modo en que concebimos la conducción. Era, además, el juego con el que íbamos a estrenar la consola primero en América, luego en Europa y más tarde, tras el primer retraso, en Japón. Ahora se rumoreaba que el juego saldría en abril, pero parece que tampoco. Y así, con fecha indefinida hasta no sabemos cuándo. ¿Cómo es posible que un lanzamiento tan trascendental en el catálogo exclusivo y online de Sony haya pasado por un desarrollo semejante? ¿Cómo es posible que todos los periodistas que tuvieron ocasión de probarlo vieran aquello más verde que una pradera y que en su estudio responsable o en Sony no lo vieran hasta dos semanas antes del lanzamiento de la consola?

Y en cuanto a The Witcher 3, qué decir. La tercera entrega de las aventuras de Geralt de Rivia era uno de los títulos que más esperábamos, uno de los pocos que mostraban realmente potencial next-gen con unos gráficos apabullantes y un mundo abierto impresionante, y nos acabamos de quedar sin él hasta 2015. Es más, que se lo desplace más allá de la campaña navideña no es, ni mucho menos, una buena señal. ¿Por qué un juego tan importante se perdería la época de ventas más importantes? ¿Es por la dichosa visión, o porque quizá el juego no está realmente a la altura de lo esperado?

En cualquier caso, nos hace sospechar de todo, y eso es lo peor que puede pasar. Por ejemplo, ¿qué pasa ahora con The Order 1886, o con The Division? ¿Veremos cómo sufren bajones gráficos con cada tráiler? ¿Podremos confiar en que van a salir cuando sus desarrolladores afirman? Sinceramente, no tenemos respuesta, y bien que lo sentimos.

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