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Últimamente uno de los temas que más nos llega a la redacción es el relativo al tan polémico precio de los videojuegos. Es posible que muchos de nuestros lectores no lo recuerden, pero hace ya más de 20 años el precio de los juegos de Mega Drive o Super Nintendo (especialmente de esta última consola) se iban más allá de las 10.000 pesetas de entonces (13.000 en el caso de SNES), lo que traducido a euros de hoy sería entre 60 y 80 euros. Es decir, exactamente igual que ahora, lo que quizá  ayude a relativizar ese juicio tan habitual de los jugadores más jóvenes, que se quejan de que cada vez los precios son más elevados.

En realidad, los precios en sí no han cambiado demasiado, salvo honrosas excepciones. Sony tuvo en su momento la lucidez de ver que un precio asequible favorece las ventas, por lo que los juegos de Playstation 1 no superaban los 50 euros, y estamos hablando de novedades del más alto nivel de la época. Esta es, más o menos, la política que siguió años después Nintendo con Wii, cuyos juegos no solían rebasar esa cifra salvo contadas excepciones o ediciones de lujo, como el caso de Skyward Sword, que costaba 10 euros más pero venía, a cambio, con un mando de control especial y la banda sonora orquestal de la saga. A pesar de todo, tanto Sony como Nintendo modificaron dicha política con sus nuevos sistemas, PS2 y Wii U, que han subido a la cifra estándar de 60/70 euros por novedad.

No obstante, debemos dejar claros dos conceptos. En primer lugar, que en 1991 los juegos costasen un ojo de la cara no significa ni que estuviera bien ni que nos parezca bien que haya tenido que mantenerse alegremente. Pagar 80 euros por Donkey Kong Country, por ejemplo, nos parece una auténtica salvajada, por muy buen juego que fuera, que lo era. En cualquier caso y en segundo lugar, hace una o dos décadas uno compraba juegos completos y definitivos, mientras que ahora estamos hartos de que salgan a la venta cuatro ediciones distintas de cada juego con diferente contenido para quien tenga el bolsillo más grande, a lo que se añade el tema de los DLC’s y las ediciones del año, de las que ya hablamos en una entrada anterior. Esto supone que, además de los 60/70/80 euros de salida según la edición, uno puede gastarse entre 20 o 30 euros más, dependiendo de su fanatismo, con lo que la cifra final del precio del producto es sencillamente escandalosa.

El asunto no termina aquí, por desgracia. Hace poco se han publicado los porcentajes de venta de videojuegos en España, que reflejan una caída del 16% respecto al año pasado. Es alarmante, pero más aún que la empresa que ha realizado este informe se queje amargamente de una piratería que, en su opinión, está provocando una auténtica sangría. Francamente, hay que tener mucha cara para decir esto cuando las actuales consolas de Nintendo  y Sony no tienen posibilidad de pirateo (con Xbox 360 el asunto es bien distinto, pero esta consola en España tiene unas cifras de venta realmente ridículas comparadas con las otras dos). Y es que este informe, además de que no da cifras de ventas reales o fuentes de sus porcentajes, tampoco dice nada acerca del fenómeno de páginas webs tipo zavvi.es o play.com, donde uno puede encontrar novedades a 30 o 40 euros, dependiendo de las ofertas temporales, una cifra muy inferior a la de las tiendas en España en la cadena comercial que sea (Game, Fnac, El Corte Inglés, etc.), y donde lógicamente ha derivado buena parte de la inversión de los jugones a este sector. No todo es piratería, ni muchísimo menos.

En nuestra opinión, si las cadenas apostasen por una política de precios más razonable las cifras serían bien distintas. El problema es que esto no es así en absoluto, y a la larga hay una regla bien sencilla que termina cumpliéndose en cualquier negocio: el comprador no es tonto. ¿Por qué vamos a pagar un precio a todas luces injustificado pudiendo comprar a golpe de un clic y con envío gratuito por una cifra muy inferior? Y eso por no hablar de la espectacular caída de los precios de muchos de estos juegos novedosos en un tiempo cada vez menor, algo que echa para atrás a quien se quiera hacer con novedades el mismo día de lanzamiento. God of War Ascension salió al mercado hace apenas un mes por 60/70 euros, dependiendo del establecimiento. Ahora ha caído a 40 euros, sin que nadie sepa muy bien por qué. Lo mismo ocurre con Assassin’s Creed III, que pasó de costar 60 euros a 30 así, sin más, aunque es cierto que en este caso pasaron dos meses (todo un récord, sin duda). Sin embargo, otros juegos pueden permanecer años con precios altísimos, de nuevo sin que se entienda bien a santo de qué.

 

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En ese sentido, la política de Nintendo parece algo más lógica. Los juegos salen a precios razonables y no caen con el paso del tiempo. El hecho de no devaluarse premia al usuario de novedades, que ve cómo su inversión no pierde valor en apenas unos meses. Mario Kart DS o Super Mario 64 DS, por ejemplo, siguen costando 39 euros, igual que hace seis o siete años. El usuario de Sony o Microsoft que quiera llegar a fin de mes lo tiene más fácil: esperar a que bajen los precios o comprar por Internet. Lo contrario, pagar 70 euros por juegos que en la mayoría de los casos no justifican en absoluto semejante inversión, parece una locura.

 

 Sea como fuere, la nueva generación va a volver a reabrir este debate. ¿Se atreverán Sony o Microsoft con sus nuevas consolas a aumentar aún más los precios? ¿Los bajarán atendiendo a las demandas de millones de usuarios? Pronto lo sabremos.