Circula por Internet estos días el rumor de que es probable que Ubisoft se esté planteando dar un respiro a su sobreexplotada saga de crímenes a través del tiempo, que desde 2009 lleva de forma ininterrumpida dándonos entregas anuales. Recordemos que la primera parte apareció para Xbox 360 y Playstation 3 en 2007, y que dos años después se pasó al formato anual. Así, desde entonces hemos tenido Asassin’s Creed II (2009), Brotherhood (2010), Revelations (2011), Assasin’s Creed III (2012), Assassin’s Creed IV: Black Flag (2013), el dúo formado por Unity y Rogue (2014) y, más recientemente, Syndicate (2015). A estas entregas “principales” o de sobremesa hay que añadir otros 6 juegos aparecidos para diferentes sistemas portátiles, desde DS a PSVita pasando por PSP o Android, lo que eleva a un total de 15 juegos en 8 años (17 si tenemos en cuenta los dos que saldrán a lo largo de 2016 para Vita).

A pesar de las buenas críticas que ha recibido Syndicate, parece ser que las ventas no están siendo tan buenas como en años anteriores: apenas llegó a 390.000 copias en sus primeras semanas, frente a los 3 millones de la tercera entrega o a los 1,8 de la cuarta en el mismo tiempo. Esta es la lista completa de las ventas de la saga en sobremesa (la fuente es la propia Ubisoft):

Assasin’s Creed (8 millones)

Assasin’s Creed 2 (14 millones)

Assasin’s Creed Brotherhood (8 millones)

Assasin’s Creed Revelations (7 millones)

Assasin’s Creed III (12 millones)

Assasin’s Creed IV: Black Flag (11 millones)

Assasin’s Creed Unity + Rogue (10 millones entre ambos)

Resulta llamativo que en el caso de los últimos dos juegos Ubisoft hiciera referencia a una cifra combinada, y no desglosada por juegos, lo que hace pensar que ambos están por debajo de las ventas del primero de los juegos, en torno a 4-5 millones. Las fuertes críticas vertidas a Unity por su cantidad de errores y la sensación de agotamiento ofrecida por medios especializados y feedback de jugadores no espolearon una estrategia que, sin embargo, sí podría cambiar gracias al sonoro batacazo de Syndicate (que a pesar de debutar en el número 1 en países como Reino Unido no tardó ni una semana en desplomarse, y lleva camino de empeorar aún más las cifras de sus dos predecesores).

Este declive en ventas, y no otro motivo, es el que ha hecho reflexionar a la compañía canadiense acerca de la conveniencia de seguir saturando un mercado que cada día parece menos interesado en el eterno devenir de los asesinos y templarios. Lo que en su momento comenzó con muy buen pie (y, ya entonces, mecánicas mejorables), ha terminado convirtiéndose sencillamente en un más de lo mismo incapaz de dar un solo paso adelante significativo en casi una década.

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Para alguien que, como el que esto escribe, comenzó de manera apasionada aquella magnífica aventura de Altair y se quedó prendado del carisma de Ezio, prácticamente todo lo que vino después fue una sucesión de decepciones, con algunas (la tercera entrega, por ejemplo), más abultadas que otras. Y a pesar de los relativos respiros de algunos momentos muy concretos de Black Flag, lo cierto es que yo ya he perdido la esperanza en esta franquicia. Al último no pienso acercarme, con perdón, ni con un palo, por decirlo en términos coloquiales. Me da igual lo apasionante que sea recorrer Londres en carromato: que no cuenten ya conmigo.

Entiendo que en todas estas cuestiones sobre las franquicias aquí lo que importa es el vil metal, y lo que a los jugadores o a la progresión de la industria en general les aporte tal o cual entrega es lo de menos. No nos engañemos, Assassin’s Creed no inventó nada en 2007 que no hiciera mil veces mejor GTA San Andreas, por poner solo un ejemplo ilustrativo, en término de posibilidades en el mundo abierto, por más que su factura técnica fuera envidiable o su trama fuera de lo más intrigante.

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Es complicado aventurar qué le depara a esta franquicia en la nueva generación. Sus primeros pasos no han levantado, desde luego, la menor expectación comparado con lo que en su día fue. Ubisoft haría realmente bien en frenar la maquinaria, esa que tiene a media compañía por medio mundo diseñando sillas de época y orfebrerías varias, a replantearse un poquito cómo adaptar las propuestas válidas que sin duda todavía puede ofrecer al usuario de estos nuevos tiempos. Los esquemas jugables simplones del pasado deben desaparecer, como esas rutinas de combate que sonrojarían al primer Street Fighter, sí, ese que nadie ha jugado jamás. Hacen falta épocas realmente atractivas, personajes con un mínimo de carisma que no se limiten al típico joven en sus veintitantos con capucha misteriosa, y que nos devuelvan la pasión, la intriga y la épica que se perdió en algún punto indefinido de las naderías de Revelations y el cataclismo del indio aquel cuyo nombre ya ni recuerdo, y que todavía venimos arrastrando desde entonces.

En cualquier caso, no sería de extrañar que de aquí a dos semanas se filtre Assasin’s Creed: Reiteration, o como quiera que se llame la entrega encargada de “renovar” nuestras ilusiones de que esto renazca de alguna manera, y que se nos vuelva a prometer de todo (tráilers tramposos incluidos) para luego volver a ofrecernos, a la hora de la verdad, nada de nada. A mí me daría una pena tremenda lo que le ha ocurrido a esta saga si no fuera por el hecho, incontestable, de que sus responsables se han dejado llevar por una codicia que ha cegado cualquier capacidad creativa, de diseño o de innovación desde 2009. Y mira que ya ha llovido desde entonces: con decir que ese año se anunciaba The Last Guardian

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(Nota del 12 de febrero: Ubisoft ha confirmado oficialmente que NO habrá entrega de la saga este 2016, y que está haciendo todo lo posible porque la que sí verá la luz en 2017 ofrecerá un renovado apartado jugable y técnico. Veremos)