Por si alguien no se ha enterado, se está celebrando estos días la Star Wars Celebration 2019 en Chicago, donde entre otras cosas, se han dejado ver los detalles del nuevo videojuego de Respawn Entertainment: Jedi Fallen Order, que saldrá a mediados de noviembre de este año para PS4, PC y Xbox One bajo la premisa de ser una aventura de acción en tercera persona para un jugador sin micropagos ni DLC’s que valgan, así como noticias sobre la serie The Mandalorians, que estrenará el canal Disney +, con el que la compañía pretende plantar cara a Netflix y Amazon.

Pero, evidentemente, todas las miradas y atenciones estaban puestas en el tráiler del Episodio IX, que finalmente se titulará The Rise of Skywalker (algo así como El alzamiento de Skywalker). Allí estuvo el director, J. J. Abrams, la productora y jefa de todo, Kathleen Kennedy, y el casting, incluyendo a los clásicos Anthony Daniels (C-3PO) y Billy Dee Williams, que retomará su carismático papel de Lando Calrissian una vez más, además de los ya consabidos Daisy Ridley, Oscar Isaac y John Boyega, que interpretan, respectivamente, a Rey, Poe y Finn. Poca cosa contaron acerca del guión, que se mantiene en el más absoluto secreto, pero sí recibieron el cariño de toda la gente allí congregada y dieron paso a un tráiler que repite el mismo ciclo que se ha venido dando con esta nueva trilogía, alimentando la expectación de un público que seguramente llenará las salas el 19 de diciembre de este año para luego entrar en debates interminables a la salida sobre su validez, el legado y el canon.

¡¡Me río yo de la originalidad, chavales!!

Porque el tráiler repitió, punto por punto, lo que ya conocemos y deberíamos haber empezado a arreglar tantos años después, pero que ahí sigue, y donde destaca por encima de todo esa manía de hacer referencias, a cuál más forzada e innecesaria, a una trilogía original de la que es evidente que nadie es capaz de despegarse tantos años después, para al menos intentar algo diferente y original. Ahí estaba la voz de Luke, Lando en el Halcón Milenario, la medalla que Luke y Han recibieron al vencer en la batalla de Yavin, los restos, una vez más, de la inmortal Estrella de la Muerte y, por supuesto, el Emperador Palpatine partiéndose de risa al final del tráiler, seguramente porque es tan consciente como todos nosotros de que todo esto un disparate sin sentido.

Yo creo que ya está bien, de verdad, de malograr el legado de la saga Star Wars. Llevo veinte años, desde el estreno del infausto Episodio 1, tratando de verle la gracia a todo este macrouniverso formado por precuelas, secuelas y todo tipo de aberraciones transmedia que únicamente pretenden hacer caja descarada amparándose en la vieja gloria de unos éxitos que ya quedan demasiado lejos. Y ya no puedo más, de verdad.

Mírala ahí hecha añicos, como mi ilusión por la saga…

Evidentemente que aquí se me puede argumentar que esto es cine comercial de palomitas sin más ambición que la de hacer pasar un buen rato. Puede ser, pero con la excepción, honrorísima, de una infravalorada Rogue One que para mí sigue siendo lo mejor que se ha hecho en la franquicia tras El retorno del Jedi, todo lo demás me parece únicamente un sacaperras descarado donde no hay el menor interés por hacer buenas películas o por innovar en absolutamente nada, plagiando de manera descarada de aquí y de allá, cogiendo referencias una tras otra (los dados del Halcón milenario que ahora de repente son un objeto de culto omnipresente en todas partes, C-3PO siendo construido por Anakin, R-2 trabajando para la familia real de Naboo, el Halcón Milenario aparcado en Jakku porque sí, los restos carbonizados del casco de Vader para mayor disfrute personal de Kylo Ren, y así un larguísimo e inacabable etcétera de conexiones absolutamente horripilantes).

A mí todo este viaje me ha dejado hecho polvo, agotado y harto. No soporto ni las precuelas ni las secuelas, por más que tengan algún que otro momento interesante o algún personaje con un diseño soberbio. No me parecen buenas películas, ni creo que aporten lo que en su momento aportaron las originales al cine de efectos visuales. Son un refrito barato, y en especial las secuelas, de ideas trilladas, torpes y que no van a ningún lado, además de cargarse a todos y cada uno de mis héroes de la infancia de la manera más bochornosa, y que revelan con cada estreno las prisas de hacer estas cintas con apenas dos años para desarrollar un proceso que, en tiempos anteriores, llevaba entre 3/4 por película, lo que redunda en la falta de calidad y en la irregularidad general (y no, del Episodio 8 prefiero no decir nada, porque ya dije bastante en su momento y muy feliz que me quedé con ello).

Ya verás la pasta que me dan por esto en E-Bay…

Ha dicho la jefa de todo que lo de que aparezca Palpatine no es porque Rian Johnson se cargara de mala manera a Snoke en The Last Jedi, y que eso estaba ya más que previsto. Lo siento, señora, pero yo no me lo creo. Johnson se estará partiendo de risa en su casa ahora mismo porque nos ha troleado a todos, y a usted la primera, dejándole a J. J. un marrón galáctico que, evidentemente, hará lo posible por enmendar (ahí están el casco reparado de Kylo Ren o el sable de Luke, como nuevo, para demostrar que aquí hay mucho de remiendo). Estoy seguro de que The rise of Skywalker conectará al menos emocionalmante, como ya hizo en su momento The Force Awakens, con el público y los fans de la saga. Y espero que con eso y su calidad como director y creador de escenas impactantes, sea capaz de sacar un poco a flote esta nave a la deriva.

Ojalá Disney le hubiera escuchado y le hubiera dado un año más para hacer la segunda parte de esta trilogía. Pero para eso, me temo, ya es demasiado tarde. Ahora todas las esperanzas de arreglar un poco el desaguisado están puestas en este episodio noveno que, además, debe cerrar no solo la trilogía sino la saga, ahí es nada. El 19 de diciembre veremos en qué para todo esto.

Qué guapo el tuneado rojo, tú…