Van pasando las semanas, desde el anuncio de la Nintendo Switch, y todavía siguen goteando noticias de cierta relevancia. La última de ellas, que nos ha llegado hoy mismo, procede del señor Tatsumi Kimishima, el nuevo presidente de la compañía: parece ser que el servicio online costará en Japón entre 17 y 26 euros, por lo que parece poco probable que la cifra en Estados Unidos y Europa sea superior a los 30 euros. Parece comprensible, dadas las limitaciones de partida del servicio que ofrece Nintendo en este aspecto, para cuyos juegos online hará falta una aplicación que nos permita activar el chat de voz o esos juegos que ofrecerán “gratis” cada mes y que serán reemplazados por el siguiente en cuanto finalicen los 30 días de gracia. Kimishima ha dejado caer, como quien no quiere la cosa, que la posibilidad de que Switch sea compatible con VR no se ha descartado del todo.

Desde luego, si algo ha conseguido Nintendo es que en todo este tiempo se haya revalorizado la marca dentro del sector, y que genere noticias permanentemente. Switch está en boca de todo el mundo, para bien o para mal, y eso es un golpe de efecto que casi con toda seguridad era casi más importante que convencer plenamente con su sistema. Esa estrategia tan de Nintendo de mostrar pero sin revelar del todo, de sugerir y dejar que la fantasía del personal rellene los huecos con esa fe casi milagrosa en la compañía, ha vuelto a dar sus frutos, y eso a pesar de los pesares, que no son pocos.

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Switch constituye un caso algo extraño en el sentido de que por cada una de cal da dos de arena: es region free pero pierde retrocompatibilidad y online gratuito, señas de identidad de anteriores sistemas de la compañía; da un Zelda y un Mario de categoría en su primer año de vida, pero a cambio habrá meses donde únicamente saldrán juegos a todas luces menores y una batería de ports de juegos que ya no tienen el tirón que tuvieron; ofrece una potencia suprema respecto a cualquier portátil vista hasta la fecha, pero como consola de sobremesa no parece mucho más potente que una Wii U y no se sabe nada, pero nada, de especificaciones técnicas, más allá de que no será compatible con los motores de última generación.

Mi visión del sistema ha ido cambiando con el tiempo, en parte porque creo que no entendí del todo el concepto híbrido que nos quería plantear la compañía. Switch no es una consola de sobremesa, no está pensada para competir de tú a tú con nadie. No resulta, o al menos lo visto hasta ahora no parece demostrar que así sea, un salto cualitativo técnico digno de mención respecto  a Wii U: Switch es, o al menos así lo veo yo, una consola portátil que se puede jugar en la televisión, y no al revés, como pensé al ver el primer anuncio.

No parece que, más allá de un ligero aumento de resolución en el modo de sobremesa, vayamos a apreciar notables mejoras gráficas como sí hicimos en la pasada generación, donde el salto a la HD le sentó de maravilla a todos los títulos First Party en su comparativa con entregas anteriores. Si uno compara imágenes de Mario Kart para Wii y Wii U es para caerse de espaldas, y si luego vuelve la mirada a Wii U /Switch, apenas notará diferencias gráficas. Más allá de que se trata de un port, no se trata de marcar esa diferencia en la televisión sino de hacerlo en las manos. Poned ahora Mario Kart 7 de 3DS al lado de Mario Kart Deluxe, porque esa es realmente la comparación que hay que hacer.

Esto me lleva a pensar que 3DS tiene los días más contados de lo que yo pensaba, y ayuda a entender el motivo de lanzamientos como los de Poochy and Yoshi’s Wooly World, un port de Wii U que apenas añade nada nuevo al original, pero que sirve para rellenar calendario y catálogo (y que me hace preguntarme, en otro orden de cosas, que si 3DS era capaz de esto, ¿cómo es posible que exista esa aberración llamada Yoshi’s Island 3DS?).

Evidentemente, todavía falta tiempo para mostrar el potencial real de Switch, pero yo no creo que vaya a hacer juegos más espectaculares, dinámicos o soberbios que Zelda: Breath of the Wild, Mario Kart Deluxe y Super Mario Odyssey. Y todavía faltan ports, porque yo no me creo que Super Smash Bros, Bayonetta 2 y un largo etcétera se vayan a quedar ahí en el limbo de los justos.

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Lo cual nos lleva directamente al asunto del catálogo, para mí el gran caballo de batalla de Switch junto con el precio de la consola y los periféricos. Más allá de los huecos enormes de calendario que hay de momento de aquí a Navidades, para mí el problema es otro: en primer lugar, el catálogo de lanzamiento es abiertamente escaso y falto de calidad, más allá de Zelda. Por otro lado, y una vez que nos ponemos ya en perspectiva del resto del año, tanto hablar del apoyo Third Party y resulta que al final esto se traduce en Rayman Legends Definitive Edition (no me digan que no tiene guasa el asunto, después de todo lo que pasó con aquel juego en Wii U), un Bomberman, un FIFA de PS3, un port de Ultra Street Fighter 2 a precio de novedad (tela) y un Skyrim que, de nuevo, se basa en la versión de Xbox 360 y PS3 de 2011 y no en la Special Edition que ha salido ya para las consolas de la actual generación.

A mí esto me parece sinceramente grave. Por supuesto que entiendo, como casi todo el mundo, que Nintendo ocupa un lugar secundario para los jugones, muchos de los cuales adoptarán el sistema cuando haya un Mario o un mínimo catálogo de exclusivos de la compañía que lo justifique, y que más allá de eso, los Call of Duty, FIFA y demás se jugarán en las “primeras” consolas. Eso lleva siendo así desde que murió Gamecube. No obstante, me asombra el poco esfuerzo que ha hecho Nintendo por disfrazar esa falta de apoyo, más allá del panel aquel donde se exponían logos de decenas de prestigiosas compañías. Y por supuesto que la compañía tendrá ases en la manga, (Retro Studios, sin ir más lejos), y la posibilidad de tirar de catálogo virtual de Gamecube, ports de Wii U o Wii y lo que usted quiera, pero creo que estaremos todos de acuerdo en que esto último debe ser un apoyo secundario al catálogo, no la razón de ser de su existencia entre lanzamiento y lanzamiento potente de la consola.

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Así las cosas, y si bien el hardware me parece prometedor, creo que Switch necesita reforzar su catálogo y potenciar la ilusión con algo más que magia y fuegos artificiales. Esto se arregla con juegos ilusionantes, cuya ausencia me sorprende teniendo en cuenta que los usuarios de Wii U llevamos prácticamente dos años en el dique seco o recibiendo juegos menores. Estoy convencido, en cualquier caso, de que las próximas semanas seguirán ofreciendo más noticias, pero lo cierto es que estamos a un mes del lanzamiento del sistema y sigue habiendo incógnitas, vacíos y falta de detalles que nos tienen a todos, por qué no reconocerlo abiertamente, en vilo. Todo un golpe de efecto de la gran N, sin duda.