El pasado 7 de enero China levantó la prohibición de la venta de videoconsolas y videojuegos en el país y hoy nos hemos despertado con la noticia de que Nintendo ha aumentado un 11% el valor de sus acciones gracias a la apertura de este nuevo mercado. El nuevo precio de las acciones remonta a Nintendo al periodo en el que tomó la decisión de bajar el precio de la Nintendo 3DS y crear el programa para embajadores.

En el año 2000 el Gobierno chino prohibió la venta de videoconsolas y videojuegos en todo el país para evitar que el contenido violento pudiera “perjudicar la salud mental de los jóvenes” como dijo por aquel entonces Tuo Zuhai, un alto funcionario del Ministerio de Cultura.  La única forma que tenían los chinos de acceder a esta forma de entretenimiento y cultura era a través del ordenador. Sí podían jugar a juegos de ordenador, pero no a todos. Por ejemplo, en 2004 los jóvenes tenían acceso a 140 juegos online. En este caso se habla de censura del contenido.

Recientemente estuve en China y me sorprendió que a pesar de que existiera esa prohibición, sí se vendían videoconsolas y videojuegos de importación en lo que llaman “mercado gris”, pero lo que más me sorprendió de todo es que los personajes clásicos de Nintendo tienen una presencia enorme en el imaginario de los jóvenes.

En Shanghai había una tienda enorme en la zona del Jardín Yuyuan que vendía exclusivamente figuras de vinilo de personajes manga y (¡atención!) figuras de videojuegos. Mario, Yoshi y los Toad estaban ahí pero ni rastro de cartuchos, Wii U, o 3DS. La gente quería jugar a esos juegos, ver a Mario saltar a Yoshi comer fruta y a los Toad excavando pero los niños no podían jugar a esos juegos hasta hace solo dos días.

China, respecto a la cultura de los videojuegos, me pareció una olla a presión. Es decir, los ingredientes están ahí pero falta el fuego para poder hacer el caldo. Miraras a donde mirases veías a gente interactuando con una pantalla, la de su móvil. Jugando con un dispositivo que no está concebido para jugar. Solo era necesario dar este pistoletazo para cambiar el teléfono por una Nintendo 3DS en el metro, o una Wii U en sus hogares.

Ese 11% en el precio de las acciones ahora debe traducirse en ventas de consolas y videojuegos. Pero algo nos dice, que así será.