Puede parecer exagerado hablar de dramas ante un juego que, tras 10 largos años después de comenzar su desarrollo (bajo otra batuta y con otro título, todo hay que decirlo), anuncia que se retrasa «solo» otros dos meses; ya digo, hablar de dramas parece un exceso y quizá lo sería en otras circunstancias, pero lo de Final Fantasy XV ya pasa de castaño a oscuro. El título ahora saldrá, de momento, el 29 de noviembre, y no el 30 de septiembre como se anunció a finales de marzo en un evento organizado por Square-Enix precisamente para anunciar dicha fecha. En aquella ocasión su máximo responsable dijo que la fecha estaba ya establecida desde hacía la friolera de dos años y medio, es decir, 3 años justos antes de dicho lanzamiento previsto.

Muchos aficionados pensarán que, total, después de 10 años y pico, qué son dos meses. Y probablemente tengan razón, el juego salga a finales de noviembre y haga lo que hacen casi siempre todos los juegos de esta franquicia: enamorar a sus aficionados de toda la vida y decepcionar profundamente al resto. Sin embargo, y sin ánimo de entrar otra vez en la dichosa polémica sobre los retrasos de los juegos y las engañifas de las compañías distribuidoras, lo de este juego está empezando a levantar sospechas bastante razonables, que se unen a las ya vertidas por aquella desastrosa Platinum demo que analizamos hace poco, donde se veía a todas luces que ese juego no estaba ni mucho menos en condiciones de ser lanzado al mercado.

Como siempre, los motivos argumentados por los responsables del juego hablan de dar el tiempo necesario a los desarrolladores para ofrecer al público la totalidad de su visión y el producto de la mayor calidad. Como siempre, nada que objetar a la retórica vacua irrefutable de la calidad y las visiones celestiales, pero yo me pregunto si es esa la verdadera razón.

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Lo que está demostrando esta compañía es una falta de seriedad alarmante. Nadie les obligaba, absolutamente nadie, a celebrar de manera pomposa y rimbombante el evento donde se anunciaría la fecha de publicación del juego. Podían haberse callado y trabajar a destajo en un juego que es evidente que necesita todo el esfuerzo del mundo, y que lleva más de un lustro siendo el quebradero de cabeza de una compañía que, me temo, después de esto no va a tener muchas ganas de seguir haciendo triple A de este calibre a semejante coste económico y de descrédito. Si había escasa expectación por el juego en la comunidad general, vamos a ver qué tal le sienta al título salir ahora en plena campaña navideña y combatiendo de tú a tú con los auténticos megatones que prometen arrasar con todo, como los nuevos Call of Duty, Titanfall 2, Forza, Gran Turismo Sport, FIFA 17 y un larguísimo etcétera.

Yo entiendo que los anuncios de las compañías muchas veces van más dirigidos a los inversores, para tranquilizarlos a ellos y a sus bolsillos, que a una comunidad gamer que a nadie le importa un rábano. No obstante, es precisamente esa comunidad la que luego apoyará (o no) los esfuerzos de dicha empresa comprando el juego y haciendo que circule por donde debe circular un juego, que no es tanto una sala de conferencias como el salón de una casa. Juegos como Grand Theft Auto V van ya por los 50 millones (y los que le quedan) porque detrás tiene una compañía bastante seria, una Rockstar que cada minuto que dedica a un título está más que bien empleado y premia al jugador con una calidad fuera de toda duda. Y es que se trata de eso, señores de Square-Enix, de tener un poquito más de seriedad.

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