Desde hace varias semanas hemos tenido un intenso debate en la redacción sobre las posturas, las estrategias y las propuestas que las compañías de hardware más importantes están haciendo en la actualidad en el mundo de los videojuegos. Nintendo, Sony y Microsoft llevan varios años desarrollando políticas muy diferentes y han generado una serie de tendencias que llevan camino de convertirse en paradigma de negocio, en muchos casos. El objetivo de este artículo es precisamente ese, generar opinión, conocer también las posturas de los lectores sobre este asunto. ¿Cuál es la forma más adecuada de enfocar un negocio tan lucrativo como los videojuegos en 2015?

Aunque en mis primeros tiempos de usuario fue bastante “seguero”, lo cierto es que con el tiempo llegué a darme cuenta de que en realidad ser fiel a una compañía determinada es un error de juicio bastante grave, porque puede llevar a una radicalización que únicamente hace perder perspectiva del sector y, de paso, unos cuantos juegos excelentes por el camino que no se probarán siquiera por ser de tal o cual marca. En ese sentido, dos juegos que marcaron una época para mí fueron Donkey Kong Country y Super Mario 64, por los que literalmente me compré la Super Nintendo y la Nintendo 64. Tan convencido estaba de la calidad de aquellos productos y de la filosofía de Nintendo, que por un momento pensé que me había pasado al otro bando en aquellos locos años 90.

Nada más lejos de la realidad. Conforme mi edad como usuario aumentaba y mi perspectiva se ampliaba con nuevos horizontes, me di cuenta de que en el fondo las compañías atraviesan ciclos de mayor o menor fortuna, de mayor o menor inspiración, de mayor o menor acierto en sus estrategias. Todos sabemos que durante la década de los 2000 Nintendo cometió notables errores que le llevó a algunos fracasos tan sonados como Gamecube (en ventas, ojo) y aciertos tan cuestionables como el de Wii, que todavía sigue generando muchas dudas como gran triunfadora de la pasada generación.

En mi opinión, Nintendo no ha sabido adaptarse al sector desde hace demasiado tiempo. Nadie duda de su posición dominante, sobre todo en los años 80 y primeros 90, pero a partir de ahí, que es cuando surge la competencia (Sega, Sony o Microsoft), la compañía nipona ha tomado muchas decisiones desafortunadas, algunas de las cuales originaron paradójicamente el nacimiento de Sony como gran superpotencia de los videojuegos.

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Al margen de decisiones técnicas como las de los cartuchos de Nintendo 64, los mini discs de Gamecube o la menor potencia técnica de sus últimas consolas, para mí el mayor error ha sido hacer un hincapié excesivo en el destinatario infantil, al que al llegar a determinada edad no ha sabido dar un producto acorde con sus intereses. Cuando un usuario llega a los 12/13 años suele estar cansado de dar saltos en el reino champiñón, por mucha calidad que tengan los juegos de Nintendo, que eso nadie lo duda. El interés de los adolescentes está en esas grandes franquicias multiplataforma tipo Call of Duty, FIFA, GTA o Assassin’s Creed. Podemos debatir cuanto queramos acerca de la escasa profundidad de muchas de estas propuestas, de la pobreza que supone que siempre se esté jugando a lo mismo, etc. Lo que es innegable, en cualquier caso, es que estas sagas o no están disponibles en las consolas Nintendo o, cuando lo han estado, ha sido siempre en versiones mucho más pobres y limitadas que en sus equivalentes de Sony o Microsoft.

Que se produzca un trasvase de usuarios masivo al llegar a esa edad a consolas de otras marcas no ha parecido ser acicate suficiente para que Nintendo modifique su estrategia. Ya no es solo que no produzca juegos de corte más adulto, sino que tampoco se preocupa por adquirir las licencias para que ciertas marcas aparezcan en su consola. El hecho de que, por ejemplo, EA Sports sacara su último FIFA en Wii pero no en Wii U es un sinsentido que solo se puede comprender en el ámbito de Nintendo.

Ahora mismo la imagen de Nintendo en el sector es la de una compañía infantil, con consolas poco potentes que no pueden competir con sus rivales, y que basa únicamente su fuerza en sus títulos exclusivos, casi siempre con Mario o Link como protagonistas de una feria algo repetitiva que se limita a sacar, en ediciones más actuales y con algo más de brillo técnico, versiones de franquicias ya clásicas como Mario Bros y Mario Kart, Zelda, Metroid, Donkey Kong, Pokémon o Smash Bros. Desde la salida de Pikmin, hace más de diez años, no ha aparecido una sola franquicia nueva de entidad capaz de ampliar un poco un panorama que hace que el catálogo de las consolas termine siendo bastante similar al de su anterior generación. Los títulos más importantes de Wii U durante 2014 fueron Donkey Kong Country Tropical Freeze, Mario Kart 8 y Smash Bros U, juegos muy buenos, de una calidad contrastada y excelente acogida de crítica y público, pero que para alguien que, como yo, lleva jugando a esas franquicias desde hace más de 20 años ya poco pueden aportar, más allá de un acabado técnico más depurado. Y para 2015 las grandes apuestas son… un Zelda y un Starfox.

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Me gustaría dejar claro que no tengo nada en contra de la propuesta de Nintendo. No creo que haya una compañía más indicada para iniciar a los jugadores más pequeños en el mundo de los videojuegos, y celebro tanto la calidad de sus productos como su política general relativa a DLC, política de remasterizaciones, compromiso de juegos completos el día de su lanzamiento y su excelente estrategia de marketing, con los Nintendo Direct al frente, etc.

Dicho esto, también me gustaría hacer constatar mi decepción con esta compañía por no haber sabido tomar un camino más firme en esa encrucijada que se encontró a finales de los 90, y de la que todavía no se ha recuperado. Ahora mismo las consolas de Nintendo de sobremesa se han convertido en la segunda opción de muchos usuarios, en el mejor de los casos, porque es en las otras donde encuentran los juegos que realmente nutren sus catálogos. Puede discutirse la calidad de estos últimos, sus abusivos DLC, sus parches infrahumanos y todo lo que se quiera, pero lo cierto es que los títulos más potentes de la actualidad y futuros, como Batman Arkham Knight, Final Fantasy XVMetal Gear Solid V, el próximo Tomb Raider o el siguiente Mass Effect no aparecerán para Wii U, y eso es algo que para usuarios como yo pesa, y mucho.

Muchos podrán argumentar que el modelo de negocio de Nintendo es un rotundo éxito, y que proyectos como Amiibo no hacen sino demostrar que es una marca querida por usuarios de todas las edades. Puede ser. En nuestra misma redacción hay absolutos fans de todo lo que lleve una gran N a la espalda, y es evidente que ese cariño se basa en juegos de contrastada calidad y experiencias memorables.

Comencé el artículo haciendo referencia a Super Mario 64 (1996) que, junto a Ocarina of Time (1998), modificaron por completo mi forma de entender los videojuegos. Sin embargo, si hago una retrospectiva seria y honesta, únicamente Metroid Prime (2002) ha estado a la altura de lo que aquellos juegos supusieron para mí. Todos los demás videojuegos que me han marcado en épocas posteriores a una altura parecida no han salido en consolas de Nintendo, como Gran Turismo 3 A-Spec (2001), ICO (2001), Metal Gear Solid 3 (2005), Shadow of the Colossus (2005), Assassin’s Creed I & II (2007-2009), Heavy Rain (2010), Mass Effect 2 (2010), Journey (2012), The Last of Us (2013) y un larguísimo etcétera.

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La encrucijada que se le planteó a Nintendo a finales de los 90, cuando Sony acabó con su monopolio y cambió las reglas del juego, fue resuelta de un modo muy claro: apuesta por la línea de juego infantil, por un modelo de negocio sólido basado en franquicias reconocibles y de prestigio, y por consolas cuyo desarrollo en hardware no supusieran una sangría económica, como les sucedió con Gamecube. Millones en beneficios habrán dado la razón a muchos de los directivos que en su momento apostaron por aquello, pero por el camino perdieron su condición de brújula y referente de la industria, dejando los desarrollos más innovadores, interesantes y adultos en manos de otras compañías.

Las supuestas innovaciones que trajo Wii, como el juego por control remoto o los sensores de movimiento han caído en el más completo olvido, como ese juego asimétrico de Wii U del que ya nadie se acuerda. La falta de títulos realmente rompedores, la repetitividad del 90% de sus sagas clásicas y el agotamiento de ver cómo un enorme porcentaje de títulos apetecibles salen para otros sistemas ha hecho que buena parte de su red de usuarios mayores de 12 años dé el salto a otras compañías. Por todo ello, considero que Nintendo no ha sabido dar el salto al videojuego del siglo XXI como cabría esperar de su gran dominadora en el siglo pasado, lo que explica el papel secundario y cada vez menos relevante en la industria que ocupa en la actualidad.

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