Confirmada ya la salida en septiembre de The BioShock Collection, que incluirá remasterizaciones de los clásicos de 2K Games BioShock (2007), BioShock 2 (2010) y BioShock Infinite (2013) y de todo su (generoso) contenido DLC, me gustaría hacer un par de consideraciones. En primer lugar, me parece bien que se haga esta remasterización, aunque solo sea por el hecho de que buena parte de la actual generación de jugadores no conoce las bondades del primer juego, para mí uno de los mayores clásicos que ha dado la séptima generación. Ya solo por él merecería la pena pasar por caja. Pero es que además de eso, buena parte de los jugadores que sí lo conocen se perdieron la segunda entrega (que pasó sin pena ni gloria) y buena parte de los excelentes DLC de Infinite, lo que añade aún más interés al asunto.

Más discutible me parece el hecho de que esta colección se lance en septiembre, compitiendo de tú a tú con otros grandes lanzamientos que seguramente harán que pierda fuerza, cuando el hecho de sacarlo ahora en verano hubiera aumentado seguramente su importancia en el mercado, dada la ausencia de grandes títulos de estos dos meses de parón tradicional del sector. Una colección de este tipo es ideal para echarle horas en esta época, sobre todo por el enorme interés y despliegue narrativo del que hacen gala estos títulos, más allá de sus discutibles valores como First Person Shooter.

4075_bioshock

Lo mejor que tenía BioShock era, sin duda, la ambientación de esa fascinante ciudad sumergida de Rapture, y con ello no solo me refiero al espectacular diseño de todos y cada uno de los escenarios que lo componen, sino de esa sensación de inmersión, tan difícil de conseguir en un videojuego, de que estás en un lugar que respira vida por los cuatro costados. Rapture era una ciudad decadente y claustrofóbica, plagada de lunáticos enmascarados que nos atacaban sin ningún motivo y donde destacaban, por encima de todo, esos Big Daddies con su inmenso poder destructivo de los que debíamos huir como de la peste. Pero es que además de todo eso este juego contaba con unas ideas fenomenales que servían de trasfondo a la historia, que iba en un crescendo narrativo soberbio hasta el encuentro con Andrew Ryan, el líder fundacional de aquel extraño proyecto. Tanto por lo inteligente de su concepto como por los descubrimientos que vamos haciendo conforme avanza el título, con una ciudad en que cada escenario contaba una historia, recomiendo encarecidamente a los jugadores de nuevo cuño que le den una oportunidad, porque seguramente van a encontrar hallazgos que no se repetirían (y no con la misma suerte) hasta la llegada del olvidado, que no olvidable, Spec Ops: The Line (2012).

BioShock 2 es más complejo de analizar, en parte porque no está desarrollado por los mismos creadores del primer juego, sino que fue un encargo de la distribuidora Take Two Interactive para 2K Marin, dado que el equipo principal de Ken Levine (el alma mater de la franquicia) estaba enfrascado en el tortuoso desarrollo de Infinite. Es un epígono en toda regla, es decir, un juego que repite los esquemas del anterior para buscar en esa fórmula conocida las mieles del éxito, y que incluía como mayor novedad la posibilidad de jugar en el papel de un Big Daddy y un modo multijugador que, curiosamente, es de lo poco que la BioShock Collection va a eliminar del lote original. No es el mejor juego de la colección, pero su inclusión me parece obligatoria y bienvenida.

The_Flying_City_of_Columbia

El caso de Infinite es, como todo lo que rodea a este juego, mucho más complejo, porque no solo obliga a replantear los anteriores títulos como parte de una saga mucho más amplia que los límites de Rapture, sino que modifica ciertos aspectos que funcionaban perfectamente en los anteriores y lleva la franquicia hacia horizontes más discutibles en casi todos los sentidos. Mucho se habló en su momento de Infinite como juego de la generación, en una época donde, con perdón, aparecieron barbaridades mayúsculas como GTA V o The Last of Us, por poner solo dos ejemplos.

Siempre he sido muy, muy crítico con Infinite, y creo que con motivos, porque de alguna forma me parece que maltrata el legado de BioShock y malogra buena parte de las muchísimas virtudes del original sin razón aparente. Para empezar, no me gustó nada la rastrera campaña de promoción del juego, con aquellos vídeos donde se mostraban unas habilidades espectaculares de los protagonistas que luego no aparecieron en absoluto en el juego. El upgrade de los vídeos del E3 era tan monumental que cuando luego tuve el juego en mi consola tenía la sensación de estar jugando a la versión de PS2 (el original salió para Xbox 360 y PS3).

Pero lo que más me molestó fue que, mientras que Rapture me había fascinado de principio a fin por su enorme vitalidad y capacidad de sugestión, la ciudad flotante de Columbia no iba más allá del decorado de cartón piedra. Un decorado primoroso, eso sí, con un diseño absolutamente demencial, pero que carecía de vida pese a que, irónicamente, lo veíamos en su máximo esplendor y plagado de habitantes. La sensación de estar recorriendo un decorado me persiguió como una mala sombra durante todo el juego, algo a lo que no ayudaba las secciones de tiro al pato, es decir, los tiroteos, donde nuestros enemigos se lanzaban a por nosotros con una alegría descomunal, abandonando sus coberturas y haciéndonos frente con martillos mientras los freíamos a balazos con un rifle. Los poderes del primer juego se convirtieron en un mal chiste, el tan manido gancho de los raíles era poco menos que anecdótico y para colmo de males, la coprotagonista del juego, Elizabeth, era una broma de mal gusto en cuanto a IA se refiere: nada de poderes mágicos espectaculares, lo único que hacíamos era presionar cuadrado para confortarla y recibir monedas y munición de ella, como si más que una princesa en apuros fuera una máquina expendedora con patas. A pesar de ello, fue alabada por toda la prensa como la octava maravilla del mundo y al juego, que no pasaba de ser un mediocre FPS, se lo catalogó como una joya absoluta.

Foto Bioshock--620x349

Tremendo error de juicio para un juego que claramente era más bonito en la sala de ideas que en la de programación, y que en esos cinco largos años de desarrollo (2008-2013) experimentó todo tipo de cambios, para finalmente quedar en lo que quedó, un producto claramente sobrevalorado por la crítica que a los dos días estaba ya por decenas en todas las tiendas de segunda mano. Buena parte de las críticas que recibió el juego (que algunas hubo, por suerte para el sentido común), llevó a Levine a modificar ciertos aspectos jugables y narrativos en los DLC que lo acompañaron, donde entre otras cosas volvíamos a Rapture y lo veíamos en su pleno apogeo.

Por todo ello, y a pesar de que el legado de esta franquicia es mucho más complejo y discutible de lo que se nos quiere vender, considero que la BioShock Collection es una excelente noticia, tanto para los noveles como para los veteranos jugadores que ya los conozcan. Poder verlo todo a 60 fps y 1080p (solo en la versión de PS4, entiendo), y disfrutar de nuevo de las muchas virtudes narrativas que encierran los tres títulos y su DLC, es un auténtico lujo, y una obligación para todo aquel que quiera tener una obra maestra de la historia del videojuego, el BioShock original, en su colección.

header_586x192