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Faltan solo tres meses para el lanzamiento de Playstation 4 y Xbox One, la nueva generación que junto a Wii U nos va a acompañar durante los próximos años. Será la octava en la historia del sector, que a lo largo de las últimas cuatro décadas ha traído consolas y juegos memorables. A lo largo de las próximas entregas de este reportaje especial de El rincón del Píxel, trataremos de descifrar algunas de las claves de los éxitos y fracasos de una época (2005-2013), prolífica en hardware, software y novedades interesantes para el sector. En esta primera parte, dedicada a consideraciones de carácter general, nos centraremos en algunos datos y algunas conclusiones provisionales. Más adelante tocará ocuparse de juegos y de aquellos elementos más positivos y más negativos que ha traído consigo la séptima generación.

Antes de empezar, comencemos por hacer constatar algunas cifras que pueden darse prácticamente por definitivas, a pesar de que tanto PS3 como Xbox 360 aún tienen algunos meses por delante para maquillar algo sus resultados finales de mercado. En el apartado de sobremesa, Nintendo Wii es la triunfadora en ventas: 100 millones de consolas por 77 de PS3 y Xbox 360, con un empate técnico en la segunda/tercera posición. No obstante, hay que reconocer que estas cifras son algo engañosas por varios motivos. En primer lugar, porque Wii tuvo un despegue estratosférico, que llegó a ponerla a la altura de 2009 en 72 millones de consolas, por “solo” 35 millones de Xbox y de PS3, respectivamente. En los siguientes cuatro años, sin embargo, la proporción varió bastante: 28 millones de Wii por 42 de sus rivales. Es una situación bastante extraña, que estuvo marcada por el pelotazo inicial de un sistema inferior tecnológicamente a sus rivales que, sin embargo, supo conquistar al público menos tradicional con una propuesta de juego tan atractiva como diferente a todo lo visto anteriormente. Con el paso del tiempo y del efecto sorpresa, sin embargo, la burbuja de Nintendo se fue pinchando y esto dio oxígeno a unos rivales que, de haber seguido así un año más, habrían podido igualar aún más la contienda.

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A pesar de lo que digan las cifras, nosotros creemos que la igualdad entre los tres sistemas es la marca de una generación inédita, donde no ha habido un triunfador claro en ninguno de los tres mercados esenciales, América, Japón y Europa. Repasemos de manera más detallada: en el primero, Nintendo y Xbox 360 están con 41 y 40 millones, seguidas de PS3 con 32. En Japón Wii colocó 13 millones, Ps3 10 y Xbox 360 1,5. En Europa, Wii y Sony empatan a 33, con Xbox 360 con 24. Salvo en el caso de Microsoft y su caso perdido en Japón, en el resto no hay diferencias reseñables. Lejos quedan aquellos tiempos en que PS1 arrasó con 100 millones frente a los 33 de N64 y los 9 de Saturn, o más recientemente, cuando PS2 arrasaba con 150 millones frente a los 24 de Xbox y los 22 de Gamecube.

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La buena noticia es que un mercado capaz de colocar casi 250 millones de consolas domésticas implica que el público ha aumentado considerablemente frente a generaciones anteriores. Gracias a consolas como Nintendo DS (153 millones de unidades) o Wii, que apostaban por un público de cualquier edad y género, la consola ha dejado de ser ese instrumento de ocio solitario del adolescente de turno para convertirse en un elemento de ocio más dentro del salón de cualquier hogar. Gracias a los modernos sistemas online, millones de jugadores de todo el mundo podían citarse en partidas con chats de voz y texto, ampliando la tradicional experiencia de la campaña de un jugador a cotas desconocidas hasta entonces en términos de adicción y duración. Colosos como FIFA, Call of Duty, Street Fighter IV o, en menor medida, Mass Effect 3 generan millones de partidas al año y cuentan con una base de fieles que no hace sino aumentar con cada entrega.

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El sistema de juego por detección de movimientos, que fue presentado en el E3 de 2005 como un auténtico bombazo, caló en el público más allá de la masa “casual” de la que tanto nos hemos quejado a veces. Tanto Microsoft como Sony apostaron por incorporar sistemas similares, en mayor o menor medida, a sus respectivos sistemas. Así nacieron Kinect y Move, siendo este último muy criticado por su descarado continuismo respecto a los ya míticos Wiimote y Nunchuk de la consola de Nintendo. Sin embargo, ninguno de los tres sistemas llegó a ofrecer, con alguna que otra honrosa excepción, la precisión y experiencia profunda, absorbente y realista que prometieron. Hicieron falta nada menos que 6 años para que los fans de Zelda pudieran ondear de verdad una espada con sus propias manos en Skyward Sword, con una Nintendo obligada a perfeccionar con el Motion Plus un sistema que, más allá de giros caprichosos y algo aleatorios, estaban bien lejos de las ilusiones que nos habían creado en un primer momento.

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Más triste fue el resultado en sus competidoras, con una Kinect plagada de juegos paupérrimos como Star Wars Kinect y un Move incapaz de sacar un solo juego propio y exclusivo verdaderamente atractivo más allá del correcto The Sorcerer. A la hora de la verdad, y por muchas campanillas que sonaran en 2005, Nintendo parece haber aparcado su genial idea con el nuevo Gamepad de Wii U, más centrado en la doble pantalla que en otra cosa, por lo que estamos a la espera de lo que Kinect 2.0 en Xbox One y la nueva versión de Move para PS4 tengan que decir al respecto.

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La  alta definición fue otro de los mitos de una generación que, obviando el caso de una Wii que no podía alcanzar dicho techo, tampoco lo ha hecho plenamente ni en todos los casos en unos catálogos de PS3 y Xbox 360 plagados de títulos a 720 pp. Lo normal, y con ello nos referimos a sagas tan emblemáticas como Uncharted o Gears of War, han sido los 720 pp. Y no hablemos de la tasa de frames, que bien raro era que sobrepasase los 30 por segundo en el 90% de los juegos, llegando a ver en sagas tan consagradas como Mass Effect o Bioshock unos tirones, bajones de textura y ralentizaciones que daban auténtica vergüenza, especialmente en sus versiones para una PS3 que, en el colmo de los colmos, se supone que es la más potente de toda la generación. Por desgracia, títulos como Gran Turismo 5, Metal Gear Solid IV o Virtua Tennis 4 son auténticas excepciones (y no entremos en diferenciaciones entre FullHD o HDReady, porque entonces la lista se reduce a apenas diez títulos).

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Esperamos que las tres compañías hayan tomado buena nota de esto para sus siguientes consolas. De momento, Nintendo ha incorporado el HD a sus juegos, algo que llega tarde pero que al menos llega, y juegos como Pikmin 3 o el esperadísimo Mario Kart 8 prometen hacerle justicia (y de la buena) al asunto. En el caso de las nuevas consolas, creemos que el FullHD a 60 frames por segundo es una obligación en todos sus juegos, sin excusas ya de ninguna clase. No olvidemos que esto es algo que, en realidad, no es novedad alguna para todo el que conozca el mundo del PC, que tras la muerte de los salones recreativos se ha convertido, y de qué manera, en la auténtica vanguardia tecnológica del ocio digital.

Hasta aquí las consideraciones generales. En la próxima entrega del reportaje haremos un repaso por los 25 juegos que, a nuestro juicio, han definido la generación. Y como siempre, se admiten sugerencias.