ecco_box_euCuando uno piensa en la cantidad de juegos clónicos que pueblan el catálogo de cualquier sistema, como ocurría con las aventuras en tercera persona en el caso de los 16 bits o de los disparos en primera persona en esta última generación, existen también algunas rarezas que son las que establecen el verdadero nivel de calidad de software. En el caso de Mega Drive, esta excepción tenía nombre y apellidos, y no estaba protagonizada por ningún aventurero intrépido, sino por un delfín llamado Ecco.

La aventura comenzaba con un ecosistema pacífico que era asaltado por una fuerza desconocida, que Ecco debía identificar viajando por una serie de mundos acuáticos, caracterizados por su ambiente enigmático y fabuloso. El detalle con el que estaban hechas las criaturas marinas, los movimientos y la suavidad del control eran sencillamente perfectos. Realmente uno tenía la sensación de estar inmerso en el mar, aunque lógicamente era un mar laberíntico plagado de rutas, templos sumergidos y secretos para que el jugador fuera avanzando en la historia. A mí siempre me pareció que la historia de los alienígenas estaba metida con un poco de calzador, pero realmente solo afectaba a la última parte de un juego que resultaba distinto y muy original, además de contar con una factura técnica impecable. Su secuela, Tides of Time, fue también recibida en Mega Drive con aplauso de crítica y público, lo que originó posteriores versiones en sistemas como Dreamcast, donde la técnica llevaría a Ecco a mundos tridimensionales de los que quizá haya ocasión de hablar en otro momento.