Llevamos desde hace años planteando la conveniencia de una feria, el célebre E3 que tiene lugar todos los meses de junio en Los Ángeles, que cada año que pasa ve cómo todo evoluciona en el sector salvo su concepto mismo de feria de exposición de grandes lanzamientos del videojuego, cada vez más anclado y obsoleto en plena era digital.

Cada año cierta compañía deja de acudir al recinto oficial para hacer su propia conferencia y su propia exposición, caso de Microsoft, Bethesda, EA o Ubisoft, que adelantan sus conferencias a las fechas oficiales (recordemos, del 12 al 14 de junio) o hace como Nintendo, que desde hace años ha optado por un vídeo difundido a través de sus canales oficiales (el Nintendo Direct de turno), mientras que allí se marca un evento presencial para promocionar algún juego, los Tree House que han hecho con Breath of the Wild o Super Mario Odyssey y que este año, parece, hará igual con el nuevo Smash Bros.

A esto hay que sumar que Internet es un hervidero de rumores que hace que, de forma inevitable, se filtre buena parte de las sorpresas que cabría esperar del evento. Este año ya sabemos que veremos material de los filtrados Rage 2, Fallout 76Pokémon Let’s go Pikachu & Eevee, Devil May Cry 5, Assasin’s Creed Odyssey (lo de esta franquicia y las filtraciones es para hacérselo mirar, no me digan que no), y un largo etcétera que, de forma inevitable, resta interés al asunto.

¿Qué sentido tiene, pues, hacer un E3 según este viejo modelo? En mi caso, cada año me despierta menos interés y me aporta menos información. Las conferencias, planteadas como eventos de una hora/ hora y media, suelen dejar más la sensación de ver un anuncio de teletienda alargado donde, por desgracia, ya conoces el producto que te van a vender. Es cierto que determinados medios de comunicación tienen acceso a vídeos y contenido más avanzado que el del público general (al que ya se permite la entrada desde el año pasado y con excelentes resultados en venta de entradas, por cierto), pero más allá de eso y alguna que otra entrevista interesante, el mejor termómetro para conocer la actualidad del videojuego sigue estando en la red.

 

¿Cómo podría renovarse el E3 para volver a tener la relevancia que un día tuvo? Esto es sin duda mucho más complejo de resolver, porque el evento está inevitablemente unido al avance de unas tecnologías de la información y la comunicación que hace peligrar su carácter sorpresa y de revelación. Sería conveniente algún tipo de acuerdo, por ejemplo, para suprimir esos vídeos engañosos donde se nos quiere vender juegos que no existen más que en algún súper ordenador capaz de manejar un apartado técnico que las consolas actuales, ni de lejos, llegarán a hacer jamás. También ayudaría un compromiso mayor de las compañías por arrimar un poco el hombro y cooperar, en lugar de hacer cada una la guerra por su cuenta, y un mayor cuidado con el asunto de las filtraciones.

Entiendo que todo esto es tan imposible como revertir el tiempo, pero el camino que ha emprendido desde hace demasiado tiempo el E3 lo va a condenar a una irrelevancia cada vez mayor. Salvo anuncios puntuales que suelen guardarse con bastante celo, como lo referente a presentar nuevas consolas, lo demás está siempre en riesgo de quedar comprometido y de perder su fuerza, su impacto y su momentum, que dirían algunos.

Tampoco contribuye, ni mucho menos, esos anuncios tan lejanos que se pueden dilatar años y años en el tiempo desde que se presentan hasta que finalmente aterrizan en las estanterías de las tiendas. Un mayor realismo, una mirada más corta o media en plazos (máximo de 6 meses entre anuncio y lanzamiento), haría que el impacto de los anuncios fuera mucho mayor, como ocurrió por ejemplo con el remake de Shadow of the Colossus lanzado en febrero de este año, y anunciado en la pasada edición del E3.

Me parece grotesco que sigamos a vuelta con títulos como Ciberpunk 2077, el infausto remake de Final Fantasy VII, o lo que se ha hecho recientemente (o mejor dicho, no se hizo) con The Last Guardian, Shenmue III, etc. En el mejor de los casos, se ha establecido una especie de norma por la que lo mejor es esperar un par de años desde el anuncio hasta el lanzamiento (como pasa en Sony con sus first party, por ejemplo: God of War fue anunciado en el E3 de 2016 y fue lanzado casi dos años después). Todo lo que sea menos de eso parece inapropiado, aunque favorezca los dichosos retrasos, que ya se han convertido en norma de la generación.

Así las cosas, mis expectativas con este E3 son bastante bajas: no espero ningún anuncio revolucionario, máxime cuando estamos entrando, como dice uno de los responsables de Sony, en la “fase final” del ciclo de vida de la actual generación. La propia Sony se ha comprometido a centrar su conferencia, habitualmente una de las de mayor interés en las últimas ediciones, en cuatro títulos de mayor o menor peso específico en sus planes de exclusivos, como son Ghost of Tsushima, Spiderman y, sobre todo, Death Stranding y The Last of Us part II, con diferencia dos de los títulos por los que tengo más curiosidad, más que nada porque ya toca mostrar gameplay tras dos años de tráilers cinemáticos.

Sea como fuere, y por más que entiendo muchos de los motivos económicos, de inversión y accionistas que suelen motivar la mayor parte de las decisiones de las compañías y desarrolladoras a la hora de participar y asistir al E3, yo creo que sería bueno para todos darle una vuelta de tuerca a este concepto y volverlo algo mucho más dinámico y participativo (como hizo Capcom con la demo de Resident Evil 7 hace un par de años, disponible en la PS Store nada más anunciarse).

De quedarnos como estamos, y de continuar esta evolución en todos los demás frentes restantes del sector, dentro de poco antes del E3 ya sabremos todo o casi todo y, lo que es peor, que lo que aprendamos de esta feria nos aporte demasiado poco como para centrar nuestro interés en lo que allí se diga o se haga. Si se quiere recuperar la relevancia de antaño, ya es hora de asumir errores, planificar e idear nuevas estrategias y volver a seducir al público y a la crítica con enfoques más agresivos.