Después de varias semanas de decepciones mayores o menores, según los casos, y de mucho discurso retórico por parte de compañías y medios afines, nos ha quedado bien claro que la línea de lanzamiento de cualquier consola de nueva generación es siempre problemática, que no podemos esperar milagros desde el primer día y que conocer un hardware lleva tiempo. De acuerdo. Sin embargo, creemos que es más que razonable que cualquier usuario de una Xbox One o de una PS4 se esté preguntando, a día de hoy, para cuándo puede esperar juegos que vayan más allá de la pobreza de Ryse o Knack, que no estén vacíos de contenido y prestaciones como Crimson Dragon, ResogunKiller Instinct o incluso Forza 5, o que realmente muestren un ápice de potencial real de octava generación y no se limiten a pulir detalles respecto a lo ya visto mil veces, como FIFA 14, Call of Duty Ghost o Assassin’s Creed IV. Con las excepciones de Dead Rising 3 y Killzone Shadow Fall (y estos dos con severos matices) y, especialmente, del magistral NBA 2K14, ¿dónde están esos grandes juegos de la nueva generación que todos queremos ver?

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La respuesta no es fácil de dar y mucho menos de justificar. Si uno echa un vistazo rápido al calendario de lanzamientos para el próximo trimestre (diciembre-enero-febrero), el panorama es desolador. No hay un solo título importante, ni uno solo, que anime a los compradores a hacerse con una consola de nueva generación. Hay que irse a marzo para que, de repente, aparezcan juegos como Titanfall, Destiny, Drive Club, Infamous Second Son o Metal Gear Solid Ground Zeroes, y como mínimo a abril para que vean la luz Watch Dogs o The Elder Scrolls Online. De otros, como The order 1886, Kingdom Hearts III, Final Fantasy XV, Uncharted 4 o Metal Gear Solid: The Phantom Pain, únicamente sabemos que saldrán a lo largo de 2014 o principios de 2015, pero poco más.

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¿Es esto casualidad? Ni mucho menos. Marzo es el mes que pone fin al año fiscal, y obliga a muchas compañías a dar el do de pecho en la recta final. Pero, además de eso, es el mes en que sale a la venta Playstation 4 y, presumiblemente, Xbox One en Japón, un mercado muy importante. Eso quiere decir que aunque los jugadores nipones pusieran el grito en el cielo porque ambas consolas, especialmente la primera, iban a salir en el mercado americano y europeo antes que en el suyo, lo cierto es que en ambos casos tendrán una línea de lanzamiento sencillamente sobrecogedora, donde realmente tendrán que pensar mucho en qué gastar sus yenes ante semejante oferta.

¿Qué ha pasado aquí, entonces? Pues ha pasado que tenemos una campaña de Navidad muy jugosa y un Black Friday no menos jugoso por delante, y que no es lo mismo, ni de lejos, abarcar dos mercados que tres al mismo tiempo a la hora de las remesas. Con ambas consolas habiendo establecido un parque estimado de entre 5 y 7 millones de aquí a marzo, no es de extrañar que marzo sea la fecha clave de este primer tramo generacional para Sony y Microsoft.

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El problema es que aquí salimos perdiendo nosotros, los usuarios de primera hornada. Cierto, nadie nos obliga a hacernos con un sistema de nueva generación hasta que queramos, pero no es menos cierto que a los que sí lo hemos hecho nos gustaría recibir un trato mejor por parte de ambas compañías, un trato más respetuoso, cuando menos. Los juegos que han salido hasta ahora, multiplataformas consolidados aparte, son de una media más que discreta, mediocre. Y, sintiéndolo mucho, el hecho de que el hardware esté en pañales no es excusa: el día de su lanzamiento en Japón, en noviembre de 1990, Super Nintendo salió a la palestra con Super Mario World y F-Zero, dos auténticas joyas de su catálogo y, en el caso del primero, uno de los mejores juegos de todos los tiempos. La primera Playstation salió con juegos muy buenos, como Wipeout, Ridge Racer o Rayman, mientras que Nintendo 64 se salió de todas las tablas al poner desde el primer día Mario 64 sobre la mesa, ahí es nada.

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Ha habido prisas, y eso nadie lo dice. Ha habido plazos que no se han cumplido, y de eso nadie pide disculpas reales. Ha habido demasiado juego reciclado de la anterior generación, y esto es algo sencillamente imperdonable para una compañía como Microsoft, que ha tenido a sus usuarios de Xbox 360 muertos de hambre, literalmente, durante casi dos años. Aún los usuarios de Sony se pueden consolar con el gran final de PS3, pero incluso para ellos, ¿qué pasa a partir de 2014?

Es una situación que se debería haber evitado. El ejemplo de Nintendo y una Wii U que sigue penando en ventas por medio mundo debería haber servido para hacer reflexionar a más de uno sobre los inconvenientes de lanzarse antes de tiempo y sin red. El problema es que las ventas les están dando la razón, porque tanto PS4 como Xbox One arrasaron el día de su estreno, con más de un millón de consolas cada una, y ahora mismo deben ir ya por el segundo millón largo, o incluso más (hasta que no haya confirmación oficial es imposible saberlo). No estamos diciendo que tener juegos como los mencionados nos parezca indigno o insuficiente de forma absoluta, pero sí en un porcentaje significativo. Si tanto han insistido ambas empresas en que el objetivo de estos primeros meses es el público hardcore, ¿por qué no se han asegurado al menos la presencia de un exclusivo de mayor calidad que lo visto hasta ahora? Es algo que nos cuesta entender, una mala impresión general que no mejora ni un ápice si comparamos la media de Metacritic de los exclusivos de Sony (64) y Microsoft (67) entre sí e incluso con Nintendo, que con todas las castañas que le llovieron con New Super Mario Bros Wii U y Nintendoland, tiene una media bastante superior (8). Para echarse a temblar.

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En definitiva, y por mucho que entendamos las estrategias de marketing que hay detrás de la operación invierno para Europa y América, no podemos evitar sentirnos decepcionados con la línea de lanzamientos iniciales. Es evidente que para el fan de FIFA o Call of Duty todo esto son elucubraciones sin ningún sentido, porque ellos tienen ya su ración anual y ahora toca guardar la ropa y esperar la llegada de los grandes títulos, pero nosotros creíamos que la octava generación iba a ser más que eso. Es posible que se haya perdido el factor sorpresa respecto a anteriores cambios generacionales, que el nivel de exigencia y la competencia del PC sean cada día mayores y que, evidentemente, eso no facilite la labor de las compañías. Sin embargo, nos parece que las tres compañías grandes del sector están rindiendo por debajo de su nivel real, tanto a nivel técnico como creativo, y nadie nos va a convencer de lo contrario por mucha explicación coyuntural económica que quiera. Así no se hacen las cosas.

En cualquier caso, esperamos que el tiempo nos quite la razón y que, de aquí a no mucho tardar, todos esos juegos que estamos deseando jugar, y más, corran pronto por los circuitos de esas flamantes máquinas que algunos ya tenemos en casa. Al tiempo.