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Ya solo faltan unos días para conocer todas las novedades que nos esperan a lo largo del próximo año: el E3, la feria de ocio electrónico internacional más importante del sector, abrirá sus puertas en Los Ángeles a partir del lunes 10 de junio con una -esperemos- avalancha de novedades sobre videojuegos. Y decimos esto porque desde hace unos años el E3 ha deparado más decepciones que alegrías, sobre todo unas últimas ediciones bastante desangeladas, con cuartas y quintas partes de juegos que ya no sorprendían y una negativa total a hablar de cualquier cosa que sonara a nueva generación.

No obstante, la llegada de Wii U el pasado noviembre y el inminente lanzamiento de PS4 y Xbox One -entre noviembre y diciembre de 2013- hace pensar que, esta vez sí, el E3 nos deparará sorpresa tras sorpresa. Sony, Microsoft y Nintendo tienen mucho que decir si quieren recuperar posiciones perdidas, y más vale que se dejen de tonterías. Hagamos recuento: Sony necesita un revulsivo que le quite el mal sabor de boca general de PS3, que no ha estado a la altura de sus antecesoras PSOne y PS2. Su conferencia de febrero estuvo cargada de buenas intenciones y juegos interesantes (que no revolucionarios), pero ahora hay que rematar la faena con algo que convenza a propios y extraños de que su sistema será el de referencia de la próxima generación; Microsoft, por su parte, debería dejarse de cartas de ajuste y partidos de la NHL y comenzar a mostrar juegos que ilusionen a sus maltrechos fans, que ya no saben cómo esconderse de las burlas de la competencia; y Nintendo, por último, ya puede mostrar juegos a granel que compensen la ausencia de ocho meses (¡ocho meses!) de absoluto abandono a un sistema que pide un catálogo a gritos, o de lo contrario puede prepararse para seguir el mismo camino que Sega.

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Sea como fuere, nosotros hemos elaborado en la redacción una lista con los 10 deseos más importantes que esperamos de este E3. Hemos dado dos deseos a cada compañía, para que luego no digan, y hemos dejado cuatro generales para abrir y cerrar boca. Y sí, sabemos de sobra que no todos se van a cumplir, pero como la ilusión es gratuita…

1.- Queremos títulos propios de cada generación: las noticias que están saliendo últimamente no hacen más que plantear un panorama de juegos «desdoblados» en versiones para PS3 y PS4 o Xbox 360 y Xbox One. Mientras que algunos de ellos son de esperar, como FIFA 14, Assassin’s Creed IV o Call of Duty: Ghosts, lo cierto es que con otros proyectos «no anuales», como Watch Dogs, GTA V o Metal Gear Solid V, el asunto nos da una mala espina de agarrarse. Y es que estos últimos son los que con más expectación queremos ver, los que parece que pueden aportar ideas nuevas o ilusión a una comunidad de jugadores cansada ya de tanta secuela anual que nada aporta a su respectiva franquicia. No queremos juegos técnicamente «capados» en las consolas actuales, ni versiones ligeramente «tuneadas» en las superiores. No cuela. Queremos ver juegos que exploten todo lo posible cada sistema -dentro de las posibilidades de cada compañía y del tiempo que hayan tenido para cada máquina, obviamente-. La avalancha de juegos «a caballo» entre ambas generaciones promete ser de aúpa, pero tiene el problema de no contentar ni a unos ni a otros. Un ejemplo de la política contraria, que a nosotros nos parece la más acertada, es la que ha seguido Sony con GT6, por ejemplo, que saldrá solo para PS3 (al menos, de momento), mientras PS4 recibe Drive Club. Cada oveja con su pareja.

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2.- Queremos nuevas IP’s: ya está bien de jugar a quintas, sextas, séptimas e incluso decimoquintas partes de juegos supuestamente consolidados. Estamos cansados de «más de lo mismo, pero más bonito». Nos parece fenomenal que las franquicias sean rentables y queremos que muchas de ellas nos sigan dando alegrías, como Mario Kart, Metal Gear o Halo, pero de verdad, ¿tan complicado es inventarse nuevos personajes, situaciones y, sobre todo, ideas y mecánicas de juego diferentes? Juegos como The Last of Us, Puppeteer o Beyond Two Souls demuestran que, si se quiere, se puede. Pero hace falta querer, claro.

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3.- Primer deseo para Sony: que la segunda pantalla del mando de control sirva para algo. Tanta historia a vueltas con el gamepad de la Wii U para, francamente, terminar limitándolo a mapas o a meras curiosidades nos parece una forma estupenda de desaprovechar una función que, en principio, podría dar mucho de sí. Sony debe aprender de los errores de Nintendo para llevar a su consola un sistema eficaz donde la segunda pantalla realmente aporte algo significativo a la hora de jugar y no se limite a absurdos minijuegos que lo único que hacen es desviarte del modo de juego principal. El mando de control de PS4 ofrece unas posibilidades enormes, pero hace falta que sea la propia Sony la que dé ejemplo con juegos que demuestren de lo que es realmente capaz.

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4.- Segundo deseo para Sony: que 2013 no sea un año aislado. Estamos convencidos de que a día de hoy, cualquier usuario de PS3 es el más feliz de la actual generación, y que este año puede presumir de auténticos juegazos cada mes o cada dos meses, algo que sencillamente no ocurre con la competencia. Sin embargo, no hace falta echar demasiado la vista atrás para saber que esto no ha sido siempre así. PS3 comenzó de manera catastrófica, emperrada en una retrocompatibilidad que encareció el precio una barbaridad (salió a 600 euros, la broma), y con un servicio online que ha sido un completo desastre hasta hace bien poco (¿recuerdan lo de las cuentas robadas o los cuelgues permanentes, por ejemplo?). Eso por no hablar de una hornada inicial totalmente decepcionante, donde algún que otro despistado llegó a confundir, y no es broma, a Heavenly Sword como un juego de PS2 y a God of War II con uno de PS3. Es verdad que todo eso se ha corregido, que PS Plus es la envidia del sector y que nadie puede quejarse de catálogo hoy, pero este camino tiene que continuar sí o sí. PS4 no puede costar un ojo de la cara nada más salir, tiene que tener un sistema online competente desde el primer día y, esta sí que sí, debe seguir la senda de grandes producciones y títulos exclusivos de PS3 en 2013, para convencer a todo el mundo de dar el salto a PS4. Que 2013 no sea un año aislado, por lo que más quieran. Ah, y que el diseño final no parezca una barbacoa, ya que estamos.

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5.- Primer deseo para Microsoft: QUEREMOS JUEGOS. No es tan difícil de entender, señores de Redmond, Washington: una consola es para jugar a videojuegos. Que luego quieran meterle ustedes toda esa bazofia multimedia, multitarea y multicultural nos parece soberbio, pero ya vale con la tontería. Nadie se compra una Xbox para ver un partido de fútbol en España o para ver Sálvame Deluxe en alta definición. Nadie. Se la compra para jugar a grandes juegos, y en 360 los ha habido a patadas. Nos da igual que sea una exclusiva de Rare recuperando franquicias gloriosas del pasado, de 343 Industries con el enésimo Halo o de quien haga falta, pero por Dios bendito, juegos. Y no, Kinect Star Wars no nos vale. Es más, nada que tenga que ver con Kinect nos vale.

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6.- Segundo deseo para Microsoft: hacen falta IDEAS NUEVAS. Es necesario que una consola destaque no solo por robarle exclusivas a Sony o ideas a Nintendo. Ya está bien de esgrimir como logros épicos cosas tan horribles como Final Fantasy XIII o Kinect Sports. Ya está bien. Si Xbox One quiere hacerse con el trono de la octava generación, es necesario que Xbox One aporte ALGO DIFERENTE, que no se limite a copiar, copiar, robar exclusivas y copiar de nuevo para tratar de estar a la altura de los grandes. Microsoft es una gran compañía, pero a día de hoy parece demasiado preocupada y acomplejada por las otras, y no debería. Tiene el potencial de dominar, si quiere. Aparte de ver la SuperBowl, ¿me pueden ustedes decir algo que pueda hacer yo con Xbox One JUGANDO que no pudiera hacer con una 360? Ah, sí, lo del más de lo mismo, pero más bonito. Ah, y si decirle a los usuarios que si quieren seguir jugando a los juegos del Xbox Live mantengan su 360 es una idea renovadora, TODO lo relacionado con la segunda mano o las supuestas «innovaciones» del mando de control, pues apañados estamos.


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7.- Primer deseo para Nintendo: QUEREMOS JUEGOS. Esto ya nos suena de haberlo dicho en el número 5, pero es que el caso de Nintendo es de libro. No puede ser que llevemos esperando Pikmin 3, que recordemos que comenzó a desarrollarse como juego para Wii hace la friolera de cuatro años, como si fuera el mesías salvador de Wii U en 2013. Y mucho menos con el dichoso Pikmin volador, en cuya excitante figura centró Nintendo uno de sus últimos y delirantes Nintendo Direct. No puede ser. La compañía japonesa ha prometido que va a decir algo de Mario en 3D, así como de nuevas ediciones de Mario Kart y de Smash Bros. Vale. ¿Y? Queremos más. Queremos juegos nuevos, ideas nuevas, nuevas IP’s, y no es suficiente con «más de lo mismo, pero en alta definición» (que parece ser el mantra nintendero de la actualidad), ejemplificado como nadie por ese Wind Waker que, sinceramente, a nosotros nos parece que llega a deshora. Pero claro, dada la extrema sequía que vive el sistema, yo me jugaba ya hasta un Super Mario World por 8 euros en la consola virtual (ay, espera, que esto no es de broma…).

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8.- Segundo deseo para Nintendo: queremos ver el potencial de Wii U aprovechado. DE VERDAD. Tanto hablar del juego asimétrico por aquí y por allá, y a la hora de la verdad, ¿qué? Nada de nada. Es lamentable que ocho meses después de lanzar la consola el minijuego de Luigi en esa cosa llamada Nintendo Land y el infame Zombie U, que técnicamente es una calamidad, sean los mejores ejemplos de las posibilidades del sistema (y recordemos que esos sí eran de lanzamiento, no como Pikmin 3). Queremos ver cómo los nuevos juegos triple A de la consola hacen un uso inteligente, razonable y seductor de estas funciones, porque ya que a nivel técnico Wii U está diez abismos por detrás del resto, con algo tendrá que convencer a alguien de que compre su sistema. El hecho de que la mayor parte de las compañías importantes, como Electronic Arts, hayan optado directamente por pasar de Wii U deja a Nintendo con la certeza inquietante de que o se pone las pilas, o de esta no sale. Que ya son demasiados meses mirándose el ombligo y hablando del puñetero Pikmin volador, hombre.

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9.- Que se resuelva ya el tema de la segunda mano de una vez. Las noticias que nos llegan desde Xbox One son cada vez más escalofriantes, pasando por pagos de licencias que ha llegado a rumorearse que estarían en torno a 35 euros. De locos. Sony no ha dicho esta boca es mía, y Microsoft ni confirma ni desmiente, no sabemos qué es peor. Que nadie se engañe: la segunda mano es un factor esencial para tiendas y usuarios. De nuestro catálogo global que incluye bastantes sistemas, cerca del 50% de los juegos que hemos podido jugar son de procedencia de segunda mano. Si cualquiera de las dos compañías se carga las reglas actuales y la otra lo mantiene, creo que ya tenemos ganador. Si las dos se lo cargan, echémonos a temblar. En cualquier caso, que lo aclaren. Ya.

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10.- Que no nos vendan humo. Nos hemos hartado de escuchar las supuestas maravillas que iban a hacer las consolas durante demasiados años. Ya está bien. No queremos humo, solo juegos buenos y de calidad. No queremos jugar a nuestra consola flotando en gravedad cero, o que tenga una cámara mirándonos las 24 horas y detectando hasta nuestras palpitaciones cardíacas. No lo queremos, no lo necesitamos, no lo hemos pedido. Lo que sí pedimos son otras cosas mucho más terrenales: ocio directo, con valores de producción a la altura, una política respetuosa con el usuario de precios y servicios. Nada más, pero nada menos.

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