Llevo evitando el tema de Death Stranding desde hace demasiado tiempo, en parte porque la figura de Kojima es algo que impone (y que se nota cada vez que aparece algo sobre él en cualquier medio especializado), y en parte porque todo lo relacionado con este título exclusivo de PS4 está envuelto en una bruma en la que es realmente complicado diferenciar lo que es puro fanatismo del más descarado, información objetiva y crítica mínimamente constructiva. Antes de entrar en materia alguna sobre el tema, parto del hecho de que creo que es positivo que este buen hombre siga haciendo juegos, al margen de que sean más o menos redondos, aunque solo sea porque al menos intenta hacer cosas diferentes. Eso no quita, sin embargo, que solo por ser obra suya haya que reverenciar a Death Stranding como si fuera la próxima venida del Mesías y ahí está el problema, que nadie parece ponerse de acuerdo en nada sobre este título.

Los análisis del juego que acaban de publicarse en las revistas especializadas de medio mundo han sido, como era de esperar, de una disparidad ejemplar, y el debate sobre el juego, servido en bandeja de plata para que fans y detractores se repartan cera de la buena. Hay quien lo califica de obra maestra y le da un 10 como una catedral (ninguno de los grandes medios generalistas lo hace, eso sí: IGN le ha cascado un 6.8, y GamesRadar+ y Game Informer un 7, por ejemplo); hay quien, en el otro extremo, lo suspende y lo tacha de mediocre y aburrido, aunque quizá lo haga por buscar el click fácil en Metacritic por contraste negativo, no lo sé.

En cualquier caso, son más los análisis positivos que los negativos, pero incluso en aquéllos a veces me ha dado la sensación de que el analista estaba haciendo una especie de discurso pseudo-filosófico para encubrir o maquillar aspectos que no le han terminado de convencer del todo, como el sistema de juego general y el combate y la simpleza de los jefes finales en particular. En lo que todos coinciden es en lo acertado de esa idea de conectar a diferentes jugadores al estilo Dark Souls (cómo se me atraganta la omnipresencia de esta saga en los tiempos modernos, de verdad), así como en que debido a sus largos paseos por un vasto escenario prácticamente vacío, este juego no es para todo el mundo, y es frecuente encontrar en muchos de estos textos palabras como «peculiar», «arriesgado», «intrigante», etc.

Evidentemente, hasta que no juegue a Death Stranding no pienso entrar en la calidad del juego, y eso es algo que puede tardar un tiempo porque me niego a pagar 70 euros por un título que está atravesando una tormenta tan fenomenal sobre su propia calidad por parte de gente a la que respeto mucho en esto del análisis del videojuego. Debo reconocer que a mí la temática, diseño general y vídeos que he podido ver hasta ahora (análisis técnico de Digital Foundry incluido, por cierto), no me han despertado un gran interés, más allá de que se ve gráficamente muy bien. Francamente, hay muchos otros juegos que ahora mismo me interesan mucho más que lo último de Kojima, y en ese tiempo que pase hasta que caiga en mis manos, estoy convencido de que podré obtenerlo a un precio mucho más económico.

Hay algo que también me tira para atrás, y esto es algo en lo que prácticamente todos los análisis que he leído coinciden en señalar, que es la ausencia de esa revolución y originalidad que se supone que iba a traer la llegada de Death Stranding. Nadie o casi nadie da por bueno ese nuevo género autoproclamado por Kojima, el «Strand Game Genre«, que busca unir a los jugadores en una especie de red de cooperación a base de construir estructuras que otros pueden rematar con recursos compartidos, y que permiten un mejor acceso a ciertas zonas del mundo central del juego. Para muchos, esta es una idea surgida claramente del sistema de mensajes compartidos de Dark Souls, que no inventa ni revoluciona nada en absoluto por más que resulte interesante como concepto de juego, que eso tampoco parece dudarlo nadie.

Hideo Kojima es un diseñador de videojuegos que durante un tiempo estuvo a la absoluta vanguardia en el sector (en las fechas nadie parece ponerse de acuerdo, aunque yo creo que las indiscutibles son 1998-2002, etapa en la que se publicaron sus dos primeros Metal Gear Solid para PS1 y PS2), pero que de un tiempo a esta parte ha ido perdiendo fuelle, se ponga como se ponga su legión de fans. Ni la tercera ni la cuarta entrega de Solid Snake aportaron nada especialmente revolucionario al sector a nivel técnico o jugable, ni tampoco una quinta parte llena de polémica que salió a medio hacer y con ideas claramente fallidas (algo que la prensa se cuidó mucho de decir en su momento, por cierto).

Precisamente por eso, el miedo que tengo con Death Stranding es un miedo real a equivocarme y gastar (mucho) dinero en un juego que no sé si merece realmente la pena o no, miedo de que la maquinaria publicitaria de Sony, la influencia de Kojima como creador de indiscutible talento y las ganas de no pocos medios de congraciarse con ambos estén influyendo en los análisis de un juego que no termino de ver ni tan especial ni tan maravilloso, por más que lo intento. Miedo al humo, en definitiva.

El problema que tienen los consumidores medios es que a ellos no se les mandan copias del juego para que se hagan una idea clara sobre ningún juego, por lo que todo depende de lo que ellos infieran a partir de una campaña de marketing donde en no pocas ocasiones han participado muchos análisis de medios que están bien lejos de ser honestos. Y no estamos hablando de una decisión barata: el juego sale a 70 euros del ala, y solo el tiempo dirá si nos encontramos apilados montones de Death Stranding en los cajones de segunda mano de las tiendas o si, por el contrario, el asunto se vuelve de culto y adquiere una nueva categoría. Yo, desde luego, tengo claro que quiero jugar al título, pero tan claro como que no me voy a arriesgar a que me tomen el pelo con una compra precipitada de día 1.