Hace 25 años, el género de las aventuras gráficas estaba en pleno apogeo. Se trataba de juegos sencillos a nivel técnico, que se basaban en una mecánica de «point and click» en escenarios básicamente estáticos, con los que podíamos interaccionar gracias a determinados objetos o personajes que nos permitían ir avanzando en la trama. Los había de todas las formas y colores, aunque seguramente los que más os sonarán sean los que componen la santísima trinidad formada por Monkey Island 2, Indiana Jones and the Fate of Atlantis y Day of the Tentacle, todos ellos realizados bajo el sello de la ya mítica Lucasarts.

Double Fine, que ya nos ha traído recientemente la remasterización del clásico Grim Fandango, se atreve ahora con el clásico de de 1993 de Dave Grossman y Tim Schaffer. No obstante, y a diferencia de la espantosa remasterización que se hizo de Monkey Island 2, donde los cambios modificaban la estética del juego casi por completo y lo hacían irreconocible, aquí las correcciones gráficas se han limitado a pulir las líneas pixeladas del juego, suavizando contornos y ampliando los márgenes para mejorar la resolución original de 16:9, pero respetando plenamente los diseños originales. Esto hace que el juego luzca como seguramente hubieran deseado sus creadores en 1993, con una animación parecida a la de los dibujos animados y que ya en su momento dejó en pañales todo lo visto hasta entonces en el género.

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Concebido como secuela del juego que inauguró el género, Maniac Mansion, el juego recupera uno de sus personajes principales, Bernard, y lo lleva de nuevo de vuelta a la mansión del doctor Fred Edison. En esta ocasión lo acompañan dos estrafalarios amigos, Hoagie y Laverne, y juntos se verán envueltos en una surrealista y delirante trama de salvación de la humanidad, amenazada por un tentáculo morado que ha desarrollado brazos y cerebro criminal tras beber de unas aguas contaminadas. Con la ayuda del doctor Fred Edison, nuestros héroes se introducen en tres Cron-O-Letrinas para viajar en el tiempo e impedir que el tentáculo se contamine, pero el experimento sale mal y Hoagie acaba 200 años en el pasado, en pleno gobierno de George Washington, mientras que Laverne se va 200 años al futuro, con los tentáculos gobernando la tierra. Solo Bernard permanece en el presente, y precisamente de la interacción de los tres personajes en diferentes épocas es como hallaremos las claves para resolver el juego.

A partir de aquí, el jugador puede intercambiar el personaje principal en cualquier momento, y puede moverse por los escenarios de la mansión con relativa libertad (algunas áreas están cerradas de inicio). Lo que al principio parece desbordar un poco comienza a cobrar sentido conforme vamos hablando con los personajes, momento en que Day of the Tentacle despliega todas sus artes. Los diálogos son sencillamente los mejores que he visto nunca en una aventura gráfica, una mezcla de ironía, mala leche y surrealismo combinados para dar lugar a momentos tronchantes y, sin embargo, no exentos de cierta lógica.

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Tan fascinante como divertida, esta aventura gráfica en tres tiempos ha sido modificada a nivel de mecánicas únicamente en un aspecto esencial, pero que considero todo un acierto: el sistema de objetos, el inventario y los menús ya no aparecen todo el tiempo en pantalla, como antes, sino que se han convertido en un desplegable contextual que, según el objeto que estemos accionando, nos remite a una serie de acciones posibles. Es algo tan sencillo como intuitivo, facilita el desarrollo del juego y reduce la repetitiva mecánica de probar todos los elementos, como ocurría en el original.

Evidentemente, la narrativa de 1993 no es la misma que la de 2016. Han pasado muchos años y casi con toda seguridad muchos jugadores noveles notarán que el ritmo del juego es pausado, que se toma su tiempo para avanzar y que busca, como hacían todas las aventuras gráficas, ese clásico momento de atascarse en una situación hasta que damos finalmente con la clave adecuada. Todo esto se acentúa en este juego, porque a veces la solución para ese problema ni siquiera lo tenemos en nuestra franja temporal, sino que depende de un objeto que otro personaje nos puede pasar a través de la Cron-O-Letrina, o algo que debemos hacer con Hoagie para que, 200 o 400 años después, tenga consecuencias.

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En mi caso, que pasé horas y horas con este juego en su momento y me estrujé los sesos literalmente para superar pruebas tan geniales como el concurso de belleza, la cometa de Franklin o el dichoso hámster, recorrer de nuevo los escenarios y escuchar a estos personajes de nuevo ha sido una gozada. Ya en 1993 era alucinante que un juego tuviera voces dobladas (con los textos subtitulados en castellano, que se mantienen intactos respecto del original, erratas incluidas), y la remasterización ha tenido el detalle de volver a grabar la banda sonora con bastante más calidad que la del original, algo que se agradece también.

Double Fine ha incluido, ya por último, la opción de escuchar los comentarios de sus creadores conforme jugamos, algo que se agradece en una segunda partida si no lo habéis jugado antes (a veces las voces se superponen a las del juego). Además de eso, se han introducido los ya clásicos trofeos, algunos de los cuales son realmente complejos de averiguar (máxime cuando el juego los oculta a propósito en la descripción general de trofeos, algo poco habitual).

Por todo ello, y dado que el juego permite volver al aspecto gráfico y de mecánicas original en cualquier momento del juego (y sigue incluyendo Maniac Mansion como minjuego extra), no puedo sino recomendar encarecidamente esta versión de Day of the Tentacle. No solo incluye todo el contenido original, sino que la actualización mejora con mucho acierto todos los puntos mejorables (gráficos, música, rueda de inventario), que sin duda habían envejecido peor y allanan el camino para los nuevos visitantes de esta mansión que es historia pura del videojuego. No te lo pierdas.

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Hace 25 años, el género de las aventuras gráficas estaba en pleno apogeo. Se trataba de juegos sencillos a nivel técnico, que se basaban en una mecánica de "point and click" en escenarios básicamente estáticos, con los que podíamos interaccionar gracias a determinados objetos o personajes que nos permitían ir avanzando en la trama. Los había de todas las formas y colores, aunque seguramente los que más os sonarán sean los que componen la santísima trinidad formada por Monkey Island 2, Indiana Jones and the Fate of Atlantis y Day of the Tentacle, todos ellos realizados bajo el sello de la ya mítica Lucasarts. Double Fine, que ya nos ha traído recientemente la remasterización del clásico Grim Fandango, se atreve ahora con el clásico de de 1993 de Dave Grossman y Tim Schaffer. No obstante, y a diferencia de la espantosa remasterización que se hizo de Monkey Island 2, donde los cambios modificaban la estética del juego casi por completo y lo hacían irreconocible, aquí las correcciones gráficas se han limitado a pulir las líneas pixeladas del juego, suavizando contornos y ampliando los márgenes para mejorar la resolución original de 16:9, pero respetando plenamente los diseños originales. Esto hace que el juego luzca como seguramente hubieran deseado sus creadores en 1993, con una animación parecida a la de los dibujos animados y que ya en su momento dejó en pañales todo lo visto hasta entonces en el género. Concebido como secuela del juego que inauguró el género, Maniac Mansion, el juego recupera uno de sus personajes principales, Bernard, y lo lleva de nuevo de vuelta a la mansión del doctor Fred Edison. En esta ocasión lo acompañan dos estrafalarios amigos, Hoagie y Laverne, y juntos se verán envueltos en una surrealista y delirante trama de salvación de la humanidad, amenazada por un tentáculo morado que ha desarrollado brazos y cerebro criminal tras beber de unas aguas contaminadas. Con la ayuda del doctor Fred Edison, nuestros héroes se introducen en tres Cron-O-Letrinas para viajar en el tiempo e impedir que el tentáculo se contamine, pero el experimento sale mal y Hoagie acaba 200 años en el pasado, en pleno gobierno de George Washington, mientras que Laverne se va 200 años al futuro, con los tentáculos gobernando la tierra. Solo Bernard permanece en el presente, y precisamente de la interacción de los tres personajes en diferentes épocas es como hallaremos las claves para resolver el juego. A partir de aquí, el jugador puede intercambiar el personaje principal en cualquier momento, y puede moverse por los escenarios de la mansión con relativa libertad (algunas áreas están cerradas de inicio). Lo que al principio parece desbordar un poco comienza a cobrar sentido conforme vamos hablando con los personajes, momento en que Day of the Tentacle despliega todas sus artes. Los diálogos son sencillamente los mejores que he visto nunca en una aventura gráfica, una mezcla de ironía, mala leche y surrealismo combinados para dar lugar a momentos tronchantes y, sin embargo, no exentos de…
Gráficos - 85%
Banda Sonora - 93%
Sonido - 84%
Mecánicas / Jugabilidad - 96%
Duración - 90%
Argumento - 97%
Originalidad - 83%

90%

Acertadísima actualización de la obra maestra del género de las aventuras gráficas, Day of the Tentacle Remastered ofrece todo lo que se le puede pedir a una conversión de estas características, porque satisface por igual a puristas y a nuevos jugadores que no conozcan las bondades y virtudes de la joya de un género ya extinto, pero que sigue siendo igual de fresco, divertido y fascinante que en 1993. Gran trabajo de Double Fine para un juego que, a pesar de sus canas, sigue valiendo su peso en oro.

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