Para todos aquellos, que somos legión, que esperamos con bastante ansia cada nueva temporada de Black Mirror, sus creadores nos han deparado una sorpresa mayúscula con este episodio, que estrictamente no pertenece a la quinta serie de capítulos. Bandersnatch, título basado en una criatura fantástica ideada por Lewis Carroll, es un experimento interactivo a caballo entre cine y videojuegos que está causando una auténtica revolución en redes sociales por lo original de su, en apariencia, sencilla propuesta.

El capítulo cuenta la historia de Stefan Butler (atormentado y fenomenal Fionn Whitehead, que también protagonizó Dunkirk), un programador de videojuegos novel con un talento impresionante, que es contratado a mediados de los 80 por una empresa para desarrollar un ambicioso videojuego de aventura. Dicho juego, basado en caminos y elecciones por parte del jugador, se convierte en la primera meta-referencia de Bandersnatch, pero no en la única.

La originalidad de este capítulo es que en determinados momentos se nos ofrecerá la posibilidad de elegir qué camino va a tomar Stefan, desde elecciones aparentemente simples como qué cereales toma en su desayuno o música va a escuchar, a otras que implican consecuencias mucho más serias para sus seres queridos, como su padre, su psicóloga, su jefe en la empresa o su extravagante compañero de trabajo, Colin (muy bien interpretado, por cierto, por Will Poulter). Dependiendo de si estamos empleando un mando de control o el mando a distancia, se nos da un aviso (visual o de vibración), se abren varias opciones en una franja inferior negra en la pantalla, y se nos dan 10 segundos para tomar una decisión. En función de eso, la aventura tomará un rumbo u otro, permitiendo diferentes caminos y desenlaces (hay un total de cinco finales distintos, pero con cientos de caminos diferentes para llegar a ellos).

Esto, evidentemente, supone una ruptura del formato televisivo tradicional por tres motivos. En primer lugar, se rompe la pasividad lineal a la que estamos acostumbrados, al tener que influir directamente sobre momentos clave de la historia, los llamados “puntos de giro” de una trama. La identificación con el personaje principal se vuelve mucho más intensa que en cualquier otra producción, ya que nos hace sentir responsables de las decisiones que le obligamos a tomar. En tercer lugar, hace que el desarrollo de la historia se vuelva completamente impredecible y entra en un territorio al que ninguna otra serie me había llevado trasladado nunca, por más emotiva o intensa que fuera.

Evidentemente, todo esto tiene sus trampas, que su creador y el director de la serie, Charlie Brooker y David Slade, conocen y manejan con bastante habilidad. Hay una cierta repetitividad al tener que volver sobre nuestros pasos para tomar decisiones distintas, que puede afectar al interés o a la capacidad de atención del espectador, especialmente conforme se avanza hacia su desenlace. La confusión en ciertos espectadores será notable, en especial en aquellos momentos donde nos equivocamos de opción y se nos invita a retroceder con un sistema de doble opción que nos lleva a distintos puntos de la trama.

La concentración es un factor clave para no perderse en Bandersnatch, algo que quizá no toda serie exige de la misma forma en el modelo tradicional, y eso es algo que quizá tire un poco para atrás a cierto tipo de audiencia. No obstante, para aquellos que estamos familiarizados con libros del tipo Elige tu propia aventura o, en videojuegos, el modelo de juego de David Cage en títulos como Heavy Rain, Beyond o Detroit: Become Human, así como la serie de títulos de Telltale Games, enfrentarnos a los retos que propone aquí Brooker es algo relativamente familiar, si bien cuenta con la ventaja de su propio medio, además de tener unas interpretaciones excelentes y un guión notable, que no sobresaliente.

Otro elemento importante que hay que tener en cuenta es el concepto de vida útil de un producto como Bandersnatch, ya que nos invitará a verlo más de una y más de dos veces, aunque solo sea para ver opciones diferentes o finales distintos a los ya conocidos. También habrá quien lo vea como un producto de un uso y vea en sus decisiones y final propios la versión con la que se queda. A mi juicio, esto supone solo ventajas, ya que abre un abanico de opciones a los espectadores que un capítulo tradicional, por su propia estructura, no puede ni soñar.

Sin ánimo de entrar en spoiler alguno, algo que en el caso de una producción de este tipo sería criminal, no puedo sino recomendar encarecidamente que se juzgue algo así desde el conocimiento. Es posible que haga falta una mente algo más abierta que lo habitual para disfrutarlo por completo, y que este sea el primer paso de, espero, una larga lista de producciones similares, pero aun así conviene que recordemos Bandersnatch porque, si bien puede que no sea tan revolucionario como sus creadores quieren hacernos creer, es sin lugar a dudas un primer paso en un modelo de entretenimiento diferente, original y bienvenido.

Para todos aquellos, que somos legión, que esperamos con bastante ansia cada nueva temporada de Black Mirror, sus creadores nos han deparado una sorpresa mayúscula con este episodio, que estrictamente no pertenece a la quinta serie de capítulos. Bandersnatch, título basado en una criatura fantástica ideada por Lewis Carroll, es un experimento interactivo a caballo entre cine y videojuegos que está causando una auténtica revolución en redes sociales por lo original de su, en apariencia, sencilla propuesta. El capítulo cuenta la historia de Stefan Butler (atormentado y fenomenal Fionn Whitehead, que también protagonizó Dunkirk), un programador de videojuegos novel con un talento impresionante, que es contratado a mediados de los 80 por una empresa para desarrollar un ambicioso videojuego de aventura. Dicho juego, basado en caminos y elecciones por parte del jugador, se convierte en la primera meta-referencia de Bandersnatch, pero no en la única. La originalidad de este capítulo es que en determinados momentos se nos ofrecerá la posibilidad de elegir qué camino va a tomar Stefan, desde elecciones aparentemente simples como qué cereales toma en su desayuno o música va a escuchar, a otras que implican consecuencias mucho más serias para sus seres queridos, como su padre, su psicóloga, su jefe en la empresa o su extravagante compañero de trabajo, Colin (muy bien interpretado, por cierto, por Will Poulter). Dependiendo de si estamos empleando un mando de control o el mando a distancia, se nos da un aviso (visual o de vibración), se abren varias opciones en una franja inferior negra en la pantalla, y se nos dan 10 segundos para tomar una decisión. En función de eso, la aventura tomará un rumbo u otro, permitiendo diferentes caminos y desenlaces (hay un total de cinco finales distintos, pero con cientos de caminos diferentes para llegar a ellos). Esto, evidentemente, supone una ruptura del formato televisivo tradicional por tres motivos. En primer lugar, se rompe la pasividad lineal a la que estamos acostumbrados, al tener que influir directamente sobre momentos clave de la historia, los llamados "puntos de giro" de una trama. La identificación con el personaje principal se vuelve mucho más intensa que en cualquier otra producción, ya que nos hace sentir responsables de las decisiones que le obligamos a tomar. En tercer lugar, hace que el desarrollo de la historia se vuelva completamente impredecible y entra en un territorio al que ninguna otra serie me había llevado trasladado nunca, por más emotiva o intensa que fuera. Evidentemente, todo esto tiene sus trampas, que su creador y el director de la serie, Charlie Brooker y David Slade, conocen y manejan con bastante habilidad. Hay una cierta repetitividad al tener que volver sobre nuestros pasos para tomar decisiones distintas, que puede afectar al interés o a la capacidad de atención del espectador, especialmente conforme se avanza hacia su desenlace. La confusión en ciertos espectadores será notable, en especial en aquellos momentos donde nos equivocamos de opción y se nos invita a retroceder con un sistema de doble opción que…
Valoración global - 80%

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Bandersnatch es un curioso experimento, que juega con los límites entre ficción pasiva e interactiva como no había hecho ningún medio anterior. Hay que aplaudir a Netflix por arriesgar con este tipo de experimentos, que si bien tiene sus aristas y su margen de mejora, no deja de ser una experiencia única, innovadora y realmente entretenida.

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