El próximo 1 de septiembre llegará a nuestras consolas uno de los títulos más importantes de los últimos años: la quinta entrega de la saga Metal Gear Solid, The Phantom Pain. Sin embargo, y a pesar de que las aventuras de infiltración, espionaje y acción táctica creadas por Hideo Koijma llevan perfeccionándose desde su primer capítulo, allá por 1987, las convulsiones de una trama bastante retorcida y los largos tiempos de espera entre cada uno de los lanzamientos han provocado que muchos jugadores estén bastante perdidos.

Lo primero que hay que aclarar es que Metal Gear cuenta con dos líneas temporales principales, donde están enmarcados los juegos sin seguir un orden cronológico, a pesar de su aparente numeración. Cada línea está protagonizada por un personaje diferente aunque, en apariencia, puedan parecer el mismo: Big Boss y Solid Snake. Su parecido se debe a que, en realidad, el segundo es un clon del primero, aunque luego iremos con más detalles.

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En líneas generales, la trama de Big Boss se remonta a los años 60, y estaría compuesta por los juegos Metal Gear Solid 3: Snake Eater (1964), Portable Ops (1970), Peace Walker (1974), Ground Zeroes (1975) y The Phantom Pain (1984). En ella seguimos los pasos de un agente especial con el nombre en clave Snake, que pasa de ser un agente novato a dirigir una organización propia con especial hincapié en el desarrollo de armas nucleares (en forma de tanques motorizados llamados Metal Gear, que dan nombre a la saga). Tras pasar su bautismo de fuego en Snake Eater, ambientada en las selvas de Rusia y con un gran papel secundario de su mentora y amiga, The Boss, Snake es condecorado con el título de Big Boss.

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Portable Ops y Peace Walker, lanzados en su momento para PSP continúan esa trama para llevar a su protagonista a enfrentarse a los miembros de su antigua unidad, FOX, y a rebelarse finalmente para crear su propia organización, Militares sin Fronteras (MSF). Establecidos en Colombia, comienzan la creación de una base en el océano llamada Mother Base. Personajes como Kaz Miller, Paz o Chico son introducidos en Peace Walker, cuya estructura y posibilidades lo han catapultado como un título clave en la saga. Precisamente en Ground Zeroes, prólogo a la quinta entrega numerada, la misión de Big Boss es rescatar a Paz y a Chico en una misión con un final espectacular, donde la Mother Base y el MSF son destruidos.

The Phantom Pain es el capítulo que está llamado a unir de manera definitiva las tramas de Big Boss y Snake. Por lo visto hasta ahora, suponemos que los ideales de paz y libertad de Big Boss se van a ir trastocando poco a poco en todo lo contrario, y que a lo largo del juego nos iremos posicionando como una amenaza para un mundo que no ha hecho más que darnos decepciones en los juegos precedentes. Aquí también se nos presentará a un infante Solid Snake y a sus hermanos, conocidos como Les enfants terribles, miembros involuntarios de un proyecto de clonación por el que el ADN de Big Boss fue trasvasado en algún momento de los años 70 para dar lugar a esta especial familia de soldados.

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Todas estas tramas, que tienen la guerra fría y la amenaza nuclear de fondo, evolucionan de una forma bastante sorprendente en los siguientes juegos, ambientados a partir de los años 90 y ya con Solid Snake como (casi) absoluto protagonista: Metal Gear (1995), Metal Gear 2: Solid Snake (1999), Metal Gear Solid (2005), Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty (2007-2009) y Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots (2014).

Los dos primeros juegos, lanzados originalmente en MSX y NES, establecen unas nuevas reglas de juego: como agentes operativos de FOXHOUND, fundada en su momento por Big Boss y bajo sus órdenes, Solid Snake debe infiltrarse en una base llamada Outer Heaven, donde el propio Boss le espera al mando de su propio Metal Gear, revelándose como el villano a partir de ese momento. Con un argumento parecido, esta vez en la nación ficticia de Zanzíbarland, volvemos a infiltrarnos en una base para enfrentarnos a Big Boss por segunda (y parece que definitiva) vez.

Metal Gear Solid, el juego que lanzó la franquicia al estrellato global allá por 1998 para Playstation, nos lleva hasta las instalaciones de la base de Alaska conocida como Shadow Moses. Allí Solid Snake se enfrenta a una legión de auténticos soldados para el recuerdo, como Revolver Ocelot, Sniper Wolf o Psycho Mantis, para descubrir finalmente la existencia de su hermano, Liquid Snake. Su muerte en la batalla final revela, además, la existencia de un virus, Foxdie, destinado a matar a todos los miembros de FOXHOUND, Snake incluido.

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Metal Gear Solid 2: Sons o Liberty (PS2 ), generó una gran polémica a causa del juego de engaños que Hideo Kojima estableció en la promoción del título, donde se nos hizo creer que controlaríamos de nuevo a Snake para descubrir que este solo protagonizaba un prólogo del juego, mientras que era otro agente infiltrado,  Raiden, el que protagonizaba el resto. Polémico y enrevesado como pocos títulos de la saga (Ocelot y Liquid se “fusionan” genéticamente tras el implante de un brazo del fallecido, ahí es nada), en él se nos revela la existencia de un tercer hermano, Solidus, que ha secuestrado al presidente de los Estados Unidos en una planta llamada Big Shell. Raiden y Snake se infiltran en ella y colaboran para vencer al ejército de Solidus y matar a su líder, que a su vez trabajaba para una misteriosa organización llamada Los Patriotas.

Precisamente esta organización es la clave del último título cronológico de la saga, Guns of the Patriots (PS3), donde encarnamos a un anciano Snake que se infiltra en Oriente Medio para volver a reencontrarse con viejos amigos, como Liquid Ocelot. El objetivo del juego es, además de atar todos y cada uno de los muchos cabos sueltos de la historia 8algo que Hideo Kojima logra con bastante habilidad), implantar un virus que termine con las Inteligencias Artificiales que en realidad controlan Los Patriotas y, finalmente, enfrentarse a Liquid Ocelot en una batalla a puños que ha pasado a convertirse en uno de los momentos clave de la saga. Tras esto, Snake se reencuentra con un también anciano Big Boss, con quien se reconcilia antes de que muera por efecto del virus, y dejando a Snake por fin libre de vivir el tiempo que le queda en paz.

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Evidentemente, el resumen que acabamos de hacer no da cuenta, ni en un 1%, de la complejidad de una franquicia con cientos de personajes, horas y horas de diálogos y tramas con organizaciones misteriosas, agentes dobles y secuencias de acción memorables. Metal Gear se ha destacado por encima de otras sagas por su especial hincapié en dotar a su historia de personajes carismáticos, tramas apasionantes y situaciones límite, muchas veces rompiendo esa “cuarta pared” del videojuego, como cuando Big Boss nos ordena que apaguemos la consola en Metal Gear o Psycho Mantis juega con nuestros mandos de control en el épico enfrentamiento con Snake.

Pero por encima de todo, Metal Gear ha destacado por proponer unas reglas de juego distintas que no se basan en el simple “mata a todo lo que se mueva”, que es la nota predominante del sector. Los juegos de esta saga se caracterizan por su carácter lineal y, sin embargo, abierto a la hora de decidir las estrategias con las que nos abrimos paso en nuestro camino. Obligan al jugador a pensar antes de actuar, a dominar todos y cada uno de los muchos gadgets de nuestro protagonista, algo que no ha hecho sino ir en aumento conforme Kojima y su equipo dotaban de mayor profundidad a la saga.

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Lo apasionante de la quinta entrega, que está ya a escasas dos semanas de llegar a nuestro país, es que va a romper con algunos de los esquemas principales de la saga, con un mundo realmente abierto donde podemos elegir misiones con total libertad, y en un escenario como nunca antes se ha visto en la saga. Si la Mother Base tenía un papel importante en Peace Walker y contribuía a dotarle de una profundidad inusual en este tipo de juegos, el nivel que alcanzaremos en The Phantom Pain será espectacular, ya que podremos movernos por ella e interactuar con todos y cada uno de sus numerosos elementos, soldados incluidos.

Para un fan de la saga como el que esto escribe, poder completar esa compleja línea temporal que va de Big Boss a Snake es un auténtico sueño hecho realidad. Metal Gear es un hito de la historia del videojuego por su aportación en mecánicas, originalidad, narrativa (con todo lo discutible que sea este punto por el gusto de Kojima por tirar de cinemáticas), y por supuesto en espectacularidad audiovisual. Sus juegos han sido siempre punta de lanza de sus respectivos sistemas, algo que parece que se repetirá en una Playstation 4 y una Xbox One que llevan esperando este título como auténtica agua de mayo.

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A pesar de haber generado polémica por el asunto de los micropagos, parece que The Phantom Pain está en condiciones de cumplir todas y cada una de las promesas de su creador, algo más extraordinario si cabe teniendo en cuenta que el juego será lanzado, en una versión inferior técnicamente, tanto en Playstation 3 como en Xbox 360 (seguramente, el último gran lanzamiento para ambos sistemas). Todo lo que hemos podido saber hasta ahora, tanto en el modo campaña como en el prometedor multijugador online, están a la altura de la nueva generación y van a ofrecer meses de diversión a unos seguidores que llevamos largo tiempo con ganas de hincarle el diente.

Por último, el hecho de saber que esta vez sí estamos ante el capítulo final firmado por Hideo Kojima dota a este lanzamiento de un carácter aún más especial, casi nostálgico. Es algo así como saber que Super Mario 64 fue el último juego del fontanero donde Miyamoto tuvo una implicación absoluta: la saga seguirá dando guerra, seguro, pero ya no va a ser lo mismo.

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