De nuevo, nos encontramos en el umbral de la feria de Los Ángeles, aunque esta vez hay que decir que es de las más descafeinadas de los últimos tiempos. A la renuncia de Sony de acudir (que por ello no merecerá entrada de «camino a», como años anteriores), o las conferencias al margen de EA o Microsoft, se suman sonoras ausencias de juegos muy esperados, como Beyond Good & Evil 2, Skull & bones, Elder Scrolls 6 o el próximo Need for Speed… Tampoco parece probable que tengamos anuncios de consolas nuevas por el momento, ya que todavía queda una campaña navideña por delante a la que ninguno de los grandes quiere renunciar. Así, puestas nuestras pocas esperanzas de atisbar el futuro gracias a un nuevo tráiler de Ciberpunk 2077 y alguna sorpresa más, vamos con la primera de las compañías que realmente debe aprovechar su espacio para dar un golpe sobre la mesa: Nintendo.

Hay que recordar que, de las tres grandes, Nintendo es la única que no tiene proyecto de consola nueva en el horizonte cercano (a lo sumo esas revisiones a la baja y al alza de las que se habla en los mentideros). Esto debería obligarle a centrarse en el catálogo, pero de nuevo nos encontramos en otro atolladero: está confirmado que solo se va a hablar de títulos que vean la luz en 2019, lo que ya de entrada suprime cualquier novedad sobre Metroid Prime 4 (en manos de Retro Studios desde el pasado enero, recordemos), Bayonetta 3 o sobre cualquier proyecto interesante con franquicias clásicas o nuevas que estén en desarrollo. Habrá que conformarse, pues, con las novedades que traigan Luigi’s Mansion 3, Animal Crossing, el remake de Link’s Awakening, los Pokémon de turno… y poco más, salvo sorpresón de última hora.

Reconozco que esta etapa de Switch me está produciendo un bajón importante en mi ilusión por Nintendo, seguramente porque vengo de una etapa de Wii U que tampoco es para echar las campanas al vuelo, precisamente. Y desde el principio he sido incapaz de compartir ese entusiasmo generalizado con Switch porque no veo, de verdad que no, que su catálogo tenga éxitos indiscutibles y exclusivos de verdadera entidad más allá de Mario Oddyssey, Smash Bros Ultimate o Xenoblade Chronicles 2 (insisto, una vez más, en la condición de port de Zelda Breath of the Wild y Mario Kart Deluxe, que todavía sigue habiendo quien los defiende como exclusivos del sistema, y para nada).

Dado que 2018 fue más que discreto en cuanto a lanzamientos, y que 2019 nos ha dejado de momento únicamente un nuevo título de la saga 2D de Yoshi y la inminente secuela de Mario Maker (que tampoco es como para tirar cohetes, se ponga el personal como se ponga), entiendo que la compañía debería intentar compensar la falta de novedades de auténtico peso con una serie de actualizaciones y mejoras tanto en el servicio online de Switch como en su tienda virtual, que dos años y medio después del lanzamiento del sistema sigue dando verdadera lástima.

¿Qué impide a Nintendo dar una alegría a sus suscriptores con títulos que vayan más allá del manido catálogo de NES? ¿Por qué diantres el catálogo de Gamecube jamás ha aparecido en consola virtual alguna de los sistemas de la empresa nipona, cuando en ella hay auténticas joyas? Ya que no hay forma de sacar títulos nuevos para Switch del calibre de Mario, Zelda o Smash Bros, ¿por qué no hacer uso de ese fondo de armario que rebosa calidad por los cuatro costados? ¿A qué están esperando?

El año que viene se avecina una nueva generación que va a hacer aún más dolorosa la brecha técnica entre Switch y los demás. Esa brecha ya existe, y está dejando cada port vergonzoso que es para echarse a temblar, como pasó con la reciente remasterización de un título tan poco lustroso, en principio, como Assassin’s Creed III, que se está llevando una somanta de palos de las que hacen época. ¿Es esto a lo que están condenados, más la retahíla de indies y dos o tres juegos/ports de Nintendo de Pascuas a Ramos, de aquí al final de ciclo del sistema? A mí desde luego no me parece suficiente, y no me interesan las cifras ni las previsiones de venta, como tampoco me valían las bajas ventas de Wii U para denostar una consola que a mí me sigue pareciendo que mereció mejor suerte, y que desde luego tuvo un catálogo (y una tienda virtual) muy por encima de lo visto hasta ahora para su sucesora.

Evidentemente, luego Nintendo va a hacer lo que se le venga en gana, como ha hecho de forma ejemplar hasta ahora con gran éxito comercial. Y si eso supone largarnos un Nintendo Direct de 40 minutos, 35 de los cuales vaya destinado a hablarnos de Pokémon y esa nueva aplicación del sueño tan escalofriante, pues allá que irá por esa vía sin que podamos hacer o decir nada al respecto. No sé. Tengo para mí que esta compañía, año a año, decepción tras decepción, está alejándome a patadas más allá de que, por supuesto, yo ya he dejado de ser el público objetivo de su compañía desde hace demasiado tiempo. Pero qué lejos quedan esos tiempos en que un título de Nintendo, más allá de la absoluta excepcionalidad de Breath of the Wild, me devolvió la pasión por una compañía que cuando se pone de verdad, no tiene rival…