Si hay algo que me sorprendió, y para bien, cuando se anunció el contenido del último proyecto de Square-Enix, fue la cantidad de extras disponibles que, según sus creadores, enriquecían la experiencia final del juego: cortos de animación para presentar a los personajes principales, película de animación por ordenador de dos horas de duración y con reparto de lujo para establecer la prehistoria del juego…

Sin embargo, aquello, que sonaba tan bien en la teoría, luego se ha traducido en productos de una calidad ínfima. De los cortos de animación mejor no voy a decir nada, tal es la vergüenza ajena que me provocó verlos por su calidad visual y argumental. La lástima real me la produce Kingsglaive, la joya de la corona de todo este proceso, que tiene una factura técnica realmente impresionante, pero adolece de un ritmo nefasto, unos personajes de cartón piedra y unos diálogos sonrojantes. Da auténtica pena escuchar a gente como Sean Bean (rey Regis), Aaron Paul (Nyx) o Lena Headey (Lunafreya) decir tonterías tan enormes como las que pronuncian sus respectivos personajes. Resulta sencillamente imposible creerse semejante alud de papanaterías.

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La trama de la película sigue los pasos de una guja del rey de Insomnia, una especie de soldado de élite de combate llamado Nyx Ulric, en un momento de extrema tensión entre los reinos de Lucis y Niflheim que parece que puede resolverse con una boda forzada o algo así. Hay muchas batallas y persecuciones,  monstruos gratuitos a granel, secuencias de acción realmente mal dirigidas, confusas y atropelladas, y sobre todo, una casi nula implicación empática con unos personajes que cada vez que hablan provocan un sonrojo mayor que el anterior.

Se supone que Kingsglaive, que elude “hábilmente” mostrar a los cuatro personajes principales de Final Fantasy XV, debería despertarnos el interés por la trama general y presentar el conflicto principal de la historia de fondo, así como aclarar ciertos puntos del pasado de los personajes que luego resultarán clave en el juego (que incluye, por cierto, cinemáticas extraídas de esta película). Bueno, pues nada de esto se consigue de ninguna manera efectiva, ya que toda esta historia se podría reducir, quitando batallitas que nada aportan a la trama, en cinco minutos de secuencia cinemática.

Estoy a punto de entrar en el reino de Lucis, con la intención de analizar minuciosamente sus detalles durante estas Navidades, porque tengo el deseo sincero de reencontrarme con Final Fantasy tras varios batacazos, donde la décimo tercera entrega constituye un clímax difícil de empeorar. En este camino al juego, me pareció conveniente seguir los consejos de la propia Square-Enix, y darle una oportunidad a este tipo de productos transmedia, que entiendo que solo adquieren su valor real cuando se los coloca al lado del juego del que en definitiva dependen.

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Sin embargo, por más vueltas que le daba mientras veía la “película”, aquello no había por dónde cogerlo. Ya no es solo que la historia esté terriblemente mal estructurada, que lo está, que haya ciertos asuntos realmente importantes que se ocultan de manera deliberada (imagino que para no estropear demasiado la sorpresa luego en el juego), sino que el simplismo del planteamiento (érase una vez un reino muy bueno, muy bueno, y otro muy malo y muy poderoso, y poco más) y la planicie de unos personajes que es realmente complicado creerse hacen que se pierda el interés por la trama y el devenir de las situaciones con una facilidad asombrosa.

No es que Square-Enix haya creado personajes dignos del canon literario a lo largo de su historia, pero desde luego el nivel es mucho más elevado que lo mostrado aquí. Nyx es claramente un protagonista de relleno, una cara B de Noctis del que, evidentemente, hay que deshacerse al final de la historia para que no moleste. Regis no deja de ser el típico monarca requetebueno, preocupado por su pueblo y dispuesto a hacer los sacrificios más increíbles por su amado reino, y de los villanos de la función… en fin. No se puede ser más malo que Glauca o que el malvado emperador de Niflheim. Menos mal que Regis y él tienen al menos una escena, una en toda la película, la de la firma del tratado, que tiene la tensión y la emoción necesaria en su diálogo para destacar por encima de la mediocridad general. El resto, siendo educados, no está a esa altura ni de lejos.

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Es una auténtica pena que tanto dinero (porque mira que aquí han metido pasta) quede reducida a un simple espectáculo pirotécnico de cuarta categoría. El diseño de personajes, vestuario y escenarios, el cabello y expresividad de los protagonistas… es todo tan digno de verse en alta definición que se hace incomprensible cómo se puede haber hecho una historia tan rematadamente floja y mal dirigida.

En fin, que si esto era el preludio necesario para comprender Final Fantasy XV, yo personalmente me lo habría ahorrado, y hubiera salvado ciertas escenas para completar las lagunas argumentales que puedan quedar en el juego, a modo de flashbacks. Igual la idea nació de ahí, de ver el supuesto potencial de dichas escenas, no sé, y aquellos polvos trajeron estos lodos. En cualquier caso, en mi opinión se lo podían haber ahorrado, o al menos haber acortado los insufribles combates que no llevan a ninguna parte y que jalonan con demasiada frecuencia una historia que, más allá de peleas y combates en medio de interminables persecuciones, no tiene nada que contar.

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