Después de varios días de exprimir a fondo la beta cerrada de Destiny, el próximo bombazo de Bungie, tenemos ya algunas impresiones que nos gustaría compartir con vosotros. Para aquellos que todavía no hayáis oído hablar del título, se trata de un first person shooter con un fuerte componente online, que su compañía espera alargar durante la próxima década a base de secuelas, expansiones y packs DLC, de modo que nuestra partida vaya creciendo incluso aunque cambiemos de generación, algo inédito en el sector y tan ambicioso como arriesgado.

En cuanto a la beta del juego a la que hemos tenido acceso, hay que señalar una serie de aspectos importantes. La versión que hemos jugado es la de Playstation 4, por lo que todo luce bastante bien a nivel gráfico, si bien es cierto que no sorprende más allá de su gran definición y sus imponentes paisajes. Prácticamente todos sus elementos serán de lo más familiares para aquellos más expertos en el género, tanto a la hora del control (apuntar, disparar, recargar, desplazarse por los entornos, etc.) como de la interacción con unos enemigos que se nos están haciendo un poco repetitivos.

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Las grandes bazas de Destiny tienen que ver con su estructura de misiones, que parten de una zona central, la torre, para desde ahí viajar con nuestra nave a una serie de planetas y sistemas donde nos aguarda la acción. Una vez sobre los mapas de juego, podemos advertir que las opciones de personalización del personaje son esenciales para progresar en el juego. Si bien al principio se nos ofrecen tres categorías (titán, hechicero y cazador), pronto podemos empezar a personalizarlo a nuestro gusto, tanto en la apariencia como en tipos de armaduras, brazaletes, botas, casco, armas e incluso naves.

El juego se controla fenomenalmente: todos los mandos responden bien, la calibración de armas es satisfactoria y la respuesta en combate, rápida, dinámica y por momentos, frenética. Tiene todo lo que se le puede pedir a un FPS en ese aspecto, con la combinación de arma principal, arma secundaria y granadas (geniales, los efectos de luz en áreas oscuras). El sistema de ascenso de puntos por eliminación, que nos da acceso a nuevos objetos de personalización del protagonista, sirven para animar a los jugadores a mejorar sus marcas de disparo y, sobre todo, a no dejar títere con cabeza.

Uno de los aspectos que más nos ha gustado del juego es la posibilidad de compartir el espacio de juego con otros jugadores en nuestra campaña principal. Podemos invitarlos a que se unan o bien encontrarnos de manera aleatoria con ellos, tanto en la torre como en los mapas de juego. Aunque todavía quedan aspectos por pulir a la hora de la interacción con ellos, que esperamos termine siendo mucho más sofisticada que los saludos o esos extraños bailes que se marcan los personajes, lo cierto es que es un concepto que puede llevar el género mucho más lejos que las típicas batallas de todos contra todos, santo y seña de los multijugadores de los últimos años.

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En cualquier caso, a la hora de la verdad Destiny tiene que demostrar lo que vale con el rifle en las manos y el objetivo en la mirilla. Es evidente que Bungie tiene experiencia más que de sobra en este aspecto, y buena muestra da de ello. Las armas son potentes, transmiten muy buenas sensaciones y están bien equilibradas en su mayoría. No obstante, hemos notado que en muchos enfrentamientos hay errores de inteligencia artificial de los enemigos que tienen que mejorarse sí o sí. No puede ser que entremos en zonas restringidas (donde no se nos permite regenerarnos una vez muertos más allá de un número limitado de veces), y que nos asalten hordas de enemigos que tengan límites espaciales (es decir, que no nos siguen más allá de ciertas escaleras o salas, y se quedan quietos mientras les ponemos alegremente las pilas). Ese tipo de fallos tiran por tierra el excelente diseño de niveles, la extraordinaria ambientación y el buen hacer general a la hora de plasmar enemigos, animaciones y situaciones de tensión.

El dron que nos acompaña sirve bien de guía, aunque algunas de las misiones donde tiene más papel se nos han hecho algo similares entre sí (sobre todo las de protegerlo de hordas). Más divertido es, qué duda cabe, encontrarse en plena refriega con un batallón de NPC’s que se baten el cobre contra otros jugadores, a los que podemos ayudar y que, al acompañarnos en determinados momentos de las misiones, transmiten mucha más vida y factor de imprevisibilidad que el 90% del género. Y solo por eso ya Destiny merece la pena, a pesar de sus aspectos pendientes de mejorar.

En las partidas online, el crisol también tiene algo que decir. Se trata del modo multijugador más clásico, con la captura de bases, equipos de 6 contra 6, etc. Aquí es donde más se notan las diferencias entre las armas, ya que o bien vamos equipados con armamento del bueno o nos vamos a pasar la partida entera muriendo y reiniciando. Mucho mejor es, sin duda, unirse a las escuadras de hasta tres jugadores para enfrentarse a misiones comunes y repartirse los jugosos botines. Una de las que protagonizamos ayer mismo con Alex, enfrentándonos a todo un Caminante Demoníaco (un tanque gigante armado hasta los dientes) y después a una especie de ojo biónico con malas pulgas, nos dejó muy, muy satisfechos. El online cooperativo es, sin duda, una de las grandes bazas de este juego.

Lo que sí nos gustaría resaltar es que estamos ante un punto de partida muy prometedor, con un juego que puede (y debe) crecer todavía mucho más de lo que muestra su beta. Lógicamente que no se deben sacar conclusiones definitivas, ya que el juego no sale a la venta hasta el 22 de agosto, pero si el feedback de los usuarios puede servirle a Bungie para pulir los muchos aspectos de este título que merecen ser retocados, especialmente todo lo que tiene que ver con la inteligencia artificial de los enemigos y la interacción entre jugadores, dos de las principales claves del juego, puede que estemos ante el lanzamiento más importante del año en next-gen, algo que, sinceramente, no esperábamos.

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