Hace poco asistí a un debate sobre sexismo y videojuegos, donde salieron una serie de temas manidos y sobre los que ya se ha hablado demasiado, como la famosa Lara Croft y la publicidad de los videojuegos en los años 90. Nada nuevo bajo el sol, hasta ahí. La novedad llegó cuando uno de los ponentes se lanzó, ni corto ni perezoso, a afirmar que Bayonetta era un ejemplo de cómo debía afianzarse el feminismo en esta industria, por su arrolladora personalidad y firmeza. En pleno delirio, llegó a decir que Bayonetta era un ejemplo de cómo debía instalarse la mujer en el sector.

Yo no daba crédito a lo que estaba escuchando. ¿Bayonetta? ¿En serio? ¿La misma que desde su primer juego no ha hecho otra cosa que posar enseñando cachaza siempre desde un conveniente ángulo “trasero”? ¿La misma que lleva escotes mareantes, se desliza y gime cuando golpea cual mujer de dudosa reputación y hace todo tipo de cabriolas imposibles con esas piernas kilométricas para alegría, jolgorio y a saber qué más de su indudable público masculino? ¿Esa es la respuesta feminista firme y sólida que nos merecemos y un ejemplo para niños y niñas de todas las edades? Pues apañados estamos.

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No sé si es que con esto de la edad me estaré volviendo más reaccionario, que todo puede ser, pero sinceramente Bayonetta me ha parecido siempre un ejemplo del peor sexismo en los videojuegos que uno puede encontrar en la actualidad. Nada tengo en contra de los juegos protagonizados por esta bruja, cuyas mecánicas son envidiables y han recibido merecidos elogios. Otro asunto bien diferente es el uso que se hace de su principal reclamo, una protagonista que emplea su cuerpo como arma publicitaria desde la carátula, pasando por todas las escenas cinemáticas o unos combos finales donde, francamente, a la pobre solo le falta restregarse por una barra de stripper.

Siempre he tenido la duda razonable de qué ocurriría si Bayonetta no fuera el personaje principal de su saga. ¿Qué tal una señora entrada en carnes, más bien tirando a madurita? ¿Lograrían el mismo efecto unos glúteos mórbidos bailando al son de esa extravagante fanfarria que acompaña a la nueva mascota de Sega? Me temo que no.

Tampoco hace falta que nos vayamos muy lejos en el tiempo para encontrar ejemplos donde un personaje mal escogido es capaz de echar por tierra un buen juego. El ejemplo más claro de cómo funciona esta industria es Devil May Cry. No sé bien qué pasó en otros países, pero desde luego España fue un ejemplo lamentable de homofobia hacia un personaje (que en el colmo de los colmos no era gay); la crítica condenó el juego mucho antes de probarlo, desde el momento en que se conoció el aspecto del personaje: que si ese no es Dante, que si es un tal, que si es un cual… La lista de insultos en páginas, podcasts y demás foros del ruedo ibérico no conoció límites, hasta el punto de que cuando salió al mercado, lo de menos en DMC eran sus nuevas ideas, su renovado aspecto gráfico o la necesaria actualización de una franquicia que literalmente estaba en punto muerto, por más machote que les pareciera a los críticos patrios su protagonista. Lamentable.

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Más allá de nuestras minúsculas e insignificantes fronteras, otro juego denostado hasta la saciedad ha sido Metal Gear Solid 2, con el personaje de Rayden como centro de todas las polémicas. Entiendo que en ese caso se junta no solo una homofobia sin límites sino también la lógica decepción por el hecho de que el juego en realidad no estuviera protagonizado por Solid Snake, que es lo que en el fondo todo el mundo deseaba. Y el hecho de que hubiera que controlar a Rayden desnudo en una escena en un conducto ya sacó de sus casillas hasta al más respetable, como si lo sintiera una bofetada en toda la cara.

Pero si en lugar de Snake o Rayden su creador, Hideo Kojima, hubiera puesto a una señorita de buen ver tipo Bayonetta, una tía deslenguada (en todos los sentidos), con unos pechos infinitos y unos glúteos turgentes, ¿alguien se hubiera quejado de la escena del conducto de ventilación sin ropa, o de cualquier otra del resto del juego? Sinceramente, ¿alguien? No. Claro que no.

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Al sector de los videojuegos le queda muchísimo por avanzar en todos los sentidos, y la tolerancia, el respeto y la eliminación del sexismo son solo algunos de ellos, y de no poca importancia. Es lamentable que los videojuegos sigan fomentando las imágenes estereotipadas de mujeres fatales sin asomo de castidad ni de ropa (como la inminente Silent, de Metal Gear Solid V) o de machos alfa con más pelo en el pecho y músculos que cerebro (porque lo de la panda de Gears of War y su modelo “ejemplar” para los niños tampoco tiene precio). En ese sentido no hemos cambiado desde los tiempos de Lorna o Golden Axe, con aquellas ilustraciones penosas de musculosos hipervitaminados y pseudo prostitutas armadas hasta los dientes.

Mientras el prejuicio, la estrechez de miras y la total falta de respeto sigan campando a sus anchas en el mundo del videojuego (y aquí en España esa caspa tóxica se puede sentir en cada rincón), no podemos esperar de las compañías unas propuestas diferentes, con algunas excepciones marcianas como las de Bioware en sus múltiples franquicias. La demanda del público, el tirón comercial de ciertas figuras y el miedo a la caída en ventas seguirá llevando a que, como ya ocurrió en su momento, Lara Croft sea el reemplazo inevitable de aquel aventurero que en un principio iba a protagonizar, seguramente con algo más de ropa que la célebre arqueóloga, el ya mítico Tomb Raider. Y mientras eso no cambie, seguiremos teniendo versiones actualizadas de Lorna, como lo es Bayonetta, y manteniendo debates estériles que no van, por desgracia, a ningún lado beneficioso para nadie.

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