Cuando Batman: Arkham Asylum salió a la venta, a mediados de 2009, nadie daba un duro por que cumpliera la vieja promesa de hacer un juego de condiciones, un juego de verdadera calidad, ambientado en el universo del hombre murciélago. Primer error: no solo se convirtió sin problemas en la mejor adaptación que jamás se hubiera hecho de Batman, sino que además terminó siendo una de las mejores aventuras del año. Dos años después, Arkham City elevó la locura a límites insospechables y convirtió a la saga Arkham en el referente en el que deben mirarse no solo todos los juegos enmascarados desde entonces, sino cualquier aventura de acción que se precie. Cinco años después, la confirmación de que nada ha sido igual desde entonces nos lo vuelve a demostrar Rocksteady con la versión remasterizada de ambos títulos en la colección Return to Arkham.

Para todos aquellos que no hayan jugado a estos juegos, la mecánica es bien sencilla: ambos nos plantean una aventura en tercera persona, encarnando a Batman por escenarios en los que debemos desplegar todos y cada uno de los “encantos” del caballero oscuro, desde sus gadgets a toda una galería de mamporros y combos a cual más espectacular. Por supuesto, en todos ellos encontraremos una campaña de trama más que competente, donde hay cabida para todos y cada uno de los enemigos más importantes de este fascinante universo (con un Joker, interpretado por Mark Hamill, que es de auténtica antología del videojuego).

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  • Arkham Asylum: las venerables canas

Lo primero que hay que señalar es que, por mucha mejora gráfica que se pretenda en estas colecciones, lo cierto es que el aspecto gráfico se ha quedado bastante anticuado, algo más evidente aún en el primer título de la saga. 7 años no pasan en balde, y así tenemos unos personajes bastante cuadradotes, con animaciones faciales relativamente pobres y un aspecto de monigote que ni todas las texturas en ultra hd del mundo pueden ocultar. Esto se nota menos en los escenarios, realzados por una soberbia iluminación, o cuando los personajes se alejan por acción de una cámara que, por desgracia, no ha sido mejorada en su transición a la next-gen.

En cualquier caso, las bondades de Asylum en cuanto al control siguen ahí: su sistema de mecánicas de combate es su gran punto fuerte, con unas peleas dinámicas y emocionantes en las que nos partimos la pana con varios villanos al mismo tiempo. Y nada de esperar educadamente el turno como en la saga Assassin’s Creed: aquí hasta el más idiota de los secuaces del Joker te parte la cara como te descuides, y te la parte pero bien. La cámara da algún que otro problema en espacios pequeños, de los que por suerte el juego no abusa, y el control de Batman no es tan fluido ni fiable como en entregas posteriores, pero es tal la cantidad de buenas ideas del juego que luego se repetirían hasta la saciedad (rejillas de ventilación, gárgolas donde las que apostarse para emboscadas, paredes rompibles poco disimuladas…), que resulta muy injusto no concederle a este título todo el mérito que se merece, que es mucho.

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Arkham Asylum tiene un punto de partida interesante, con la llegada de Batman para entregar a Joker y el estallido de un plan que vuelve a los locos en carceleros y viceversa. Todo es una fenomenal excusa, evidentemente, para que Batman vaya retomando el control, poco a poco, de todos los escenarios perdidos. Además de Joker, también hacen acto de presencia Bane, Espantapájaros, Poison Ivy, Enigma, Harley Quinn y Killer Croc, aunque con diferente grado de protagonismo, ya que el payaso es el auténtico villano de la función. En cualquier caso se trata de una historia simple y directa, que funciona de forma muy efectiva y que nos mantiene enganchados de principio a fin.

Lo que no ha envejecido demasiado bien es una estructura que abusa de ciertas situaciones que terminan haciéndose algo repetitivas (las secuencias del Espantapájaros, por ejemplo), o una progresión de habilidades que provoca que al llegar a cierto punto nos sintamos poco menos que invulnerables. No es costoso llegar al final del juego sin sudar más de la cuenta salvo en contadas ocasiones, y ese Joker mutante forzudo nos sigue resultando un desenlace demasiado previsible y hasta cierto punto facilón, pero aun así hay tantos momentos buenos que lo compensan (como la secuencia de Killer Croc y sus tablas silenciosas, sin duda uno de los momentos más tensos y conseguidos de toda la franquicia).

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  • Arkham City: el genio intacto

Resulta difícil no excederse en alabanzas hacia el que fue uno de los mejores juegos de toda la generación anterior. Esta secuela coge todo aquello que funcionó en la primera parte, deshecha lo que no salió tan bien (que fue poco) y lo potencia a un nivel absolutamente increíble. La inteligente ampliación del mapa central del juego, que toma un fragmento de Gotham para convertirlo en una versión gigantesca del asilo de Arkham permite a los desarrolladores hacernos sentir verdaderamente en la piel de Batman, desplazándonos con el gancho por los tejados de los edificios, asaltando a nuestros rivales desde el cielo con el espectacular ataque en caída, o intercambiando papeles con la gran secundaria de la función, una Catwoman que despliega todos sus encantos en un título donde le discute el protagonismo de tú a tú al hombre murciélago.

El juego está lleno de momentos demenciales, como el enfrentamiento con Mr Freeze, donde debemos hacer uso de todos y cada uno de los ataques a nuestro alcance por un escenario donde el juego del ratón y el gato cobra un macabro sentido. Ras Al Ghul también tiene un episodio muy destacado, poniendo a prueba nuestras habilidades en combate como pocos, pero sin duda es el Joker el que vuelve, de nuevo, a ganarse todos los apelativos con una serie de enfrentamientos para volvernos locos (en el del parque de atracciones casi pierdo la paciencia, lo juro). La dificultad del juego es grande y exige del jugador no solo un dominio absoluto de la técnica del contraataque, sino que se haga uso en los duelos de gadgets como los batarangs, la garra o el shock eléctrico, lo que también nos permite mejorar la puntuación.

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La estructura de sandbox más abierto, cargada de misiones secundarias, permite al juego respirar de una trama principal que nos lleva de una punta a otra del mapa algunas veces con más acierto que otras, pero que nos deja instantes como el museo, que en sí mismo una oda al buen diseño de niveles. Es cierto que se echa en falta más protagonismo de algunos villanos, como Dos Caras o Bane, pero las nuevas incorporaciones como el Doctor Strange, el Pingüino o el ya citado Ras responden bien y completan prácticamente todo el panteón que cabría esperar. Y por cierto, aquí hay más de 400 trofeos de Enigma para encontrar, nada menos, con algunos realmente ingeniosos y que desbloquean una lograda misión secundaria.

Por si todo esto no fuera suficiente, y al igual que ocurría en el primer título, aquí encontramos todo el DLC, donde destacan los episodios de Catwoman y La Venganza de Harley Quinn, así como todos los skins para el juego desde el principio (impagable, eso de ir como el Batman de la serie animada). El apartado de doblaje sigue siendo fabuloso y las mecánicas de sigilo se han implementado, haciendo que los momentos de depredador sean, con diferencia, lo mejor de un juego que brilla prácticamente en todos sus apartados.

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  • Una remasterización menor

A pesar de las bondades de ambos juegos, que ya de por sí alcanzarían un merecido sobresaliente, hay que decir que la remasterización que nos ocupa queda lejos de los mejores estándares. El paso del Unreal Engine 3 de los originales a la versión 4 de esta colección no ha supuesto el salto que cabía esperar, algo acentuado por el hecho de que ambos corren a unos a todas luces escasos 30 fps. Por otra parte, el cambio de PS3 y Xbox 360 a One y PS4 ha hecho que se modifique de manera inexplicable la paleta de colores, restándole oscuridad al formato original y dándole una intensidad de color a todas luces injustificada. Esto afecta sobremanera a los personajes, a los que se les ha aplicado una especie de “capa” que les hace perder toda expresividad, como puede apreciarse en la imagen inferior del Joker. Es un caso bastante atípico de remaster, donde al margen de la mayor resolución o tasa más estable de frames, la versión original luce mejor que la nueva.

Por otro lado, la colección se deja fuera a Arkham: Origins, en un caso que recuerda bastante a lo ocurrido con Uncharted: Golden Abyss en la colección de Nathan Drake aparecida hace unos meses. La justificación, muy similar a aquella, es que el título no ha sido desarrollado por la compañía original (Rocksteady en este caso), pero nos parece una lástima dejar fuera de circulación un título meritorio que, si bien no está a la altura de los dos que nos ocupan, tenía duelos memorables y un respeto enorme por el formato de juego de la saga. Habría sido un plus muy apreciado, pero al igual que otras decisiones que se han tomado en esta colección, en Rocksteady han pecado de orgullo y se ha optado por dejarlo fuera.

Por todo ello, y a pesar del más que generoso contenido que incluyen ambos títulos y sus correspondientes DLC, solo recomendaría esta reedición a aquellos que, por alguna inexplicable razón, no hayan jugado a los títulos originales. El lavado de cara es bueno, pero no el mejor posible, lo que afecta a una colección que, eso sí, no hay que perder de vista que está formada por dos obras maestras y que sirven de complemento perfecto a la trilogía que “inició” en esta nueva generación el excelente Arkham Knight.

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Cuando Batman: Arkham Asylum salió a la venta, a mediados de 2009, nadie daba un duro por que cumpliera la vieja promesa de hacer un juego de condiciones, un juego de verdadera calidad, ambientado en el universo del hombre murciélago. Primer error: no solo se convirtió sin problemas en la mejor adaptación que jamás se hubiera hecho de Batman, sino que además terminó siendo una de las mejores aventuras del año. Dos años después, Arkham City elevó la locura a límites insospechables y convirtió a la saga Arkham en el referente en el que deben mirarse no solo todos los juegos enmascarados desde entonces, sino cualquier aventura de acción que se precie. Cinco años después, la confirmación de que nada ha sido igual desde entonces nos lo vuelve a demostrar Rocksteady con la versión remasterizada de ambos títulos en la colección Return to Arkham. Para todos aquellos que no hayan jugado a estos juegos, la mecánica es bien sencilla: ambos nos plantean una aventura en tercera persona, encarnando a Batman por escenarios en los que debemos desplegar todos y cada uno de los "encantos" del caballero oscuro, desde sus gadgets a toda una galería de mamporros y combos a cual más espectacular. Por supuesto, en todos ellos encontraremos una campaña de trama más que competente, donde hay cabida para todos y cada uno de los enemigos más importantes de este fascinante universo (con un Joker, interpretado por Mark Hamill, que es de auténtica antología del videojuego). Arkham Asylum: las venerables canas Lo primero que hay que señalar es que, por mucha mejora gráfica que se pretenda en estas colecciones, lo cierto es que el aspecto gráfico se ha quedado bastante anticuado, algo más evidente aún en el primer título de la saga. 7 años no pasan en balde, y así tenemos unos personajes bastante cuadradotes, con animaciones faciales relativamente pobres y un aspecto de monigote que ni todas las texturas en ultra hd del mundo pueden ocultar. Esto se nota menos en los escenarios, realzados por una soberbia iluminación, o cuando los personajes se alejan por acción de una cámara que, por desgracia, no ha sido mejorada en su transición a la next-gen. En cualquier caso, las bondades de Asylum en cuanto al control siguen ahí: su sistema de mecánicas de combate es su gran punto fuerte, con unas peleas dinámicas y emocionantes en las que nos partimos la pana con varios villanos al mismo tiempo. Y nada de esperar educadamente el turno como en la saga Assassin's Creed: aquí hasta el más idiota de los secuaces del Joker te parte la cara como te descuides, y te la parte pero bien. La cámara da algún que otro problema en espacios pequeños, de los que por suerte el juego no abusa, y el control de Batman no es tan fluido ni fiable como en entregas posteriores, pero es tal la cantidad de buenas ideas del juego que luego se repetirían hasta la saciedad (rejillas de ventilación, gárgolas donde las que apostarse para emboscadas, paredes rompibles poco disimuladas...),…
Gráficos - 72%
Banda Sonora - 95%
Sonido - 97%
Argumento - 95%
Duración - 96%
Mecánicas / Jugabilidad - 99%
Originalidad - 70%

89%

Una colección esencial para los amantes del caballero oscuro, que recoge dos obras imprescindibles del catálogo de la séptima generación, implementadas en un apartado técnico muy inferior a lo que se esperaba y que, de forma increíble, queda por debajo del original en algunos aspectos. Por lo demás, y si bien no tienen el refinamiento de mecánicas ni el músculo técnico de Arkham Knight, los primeros títulos de la saga Arkham cuentan sin duda con historias mucho más poderosas, momentos épicos, personajes en estado de gracia y un sistema de combate sencillamente imbatible. No hay mejores juegos para vivir la experiencia de convertirte en Batman. Así de sencillo.

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