Cuando en 2012 apareció Journey, el impacto mediático y crítico fue tan unánime como merecido. Aquel juego establecía un nuevo parangón en tantos apartados (artísticos y jugables) que discutió de tú a tú con otros pesos pesados de la industria por el trono de mejor juego del año. Sencillamente, nunca había aparecido nada similar en ninguna consola, y las sensaciones que provocaba en el jugador eran inigualables. Por ello, cuando el director de arte de aquel juego, Matt Nava, anunció que iba a lanzar un juego de exploración submarina que compartía con su obra maestra no pocos elementos (entre ellos una dirección de arte similar, mismo compositor, etc.), la alegría de los fans pareció plenamente justificada, si bien es cierto que el juego ha llegado sin hacer demasiado ruido. Y quizá por una buena razón.

Si hace no mucho decía que el sector indie corría el riesgo de convertir en patrón sus propuestas a propósito de Inside, mucho me temo que Abzû no es sino un paso más en esa dirección. Nada más lejos de mi intención restar un ápice de mérito al enorme trabajo de 505 Games por dotar a este título de un aire propio y de trasladar al jugador a toda la magia de la aventura y exploración subacuáticas, que a nivel visual es una auténtica delicia, pero con todos mis respetos este juego sigue el patrón de Journey tan al pie de la letra que, para todo aquel que haya jugado en las arenas de aquellos desiertos, las olas de estas aguas le van a transportar a terrenos demasiado conocidos.

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A ver si la historia os suena de algo: un misterioso navegante aparece en medio del océano, sin ninguna referencia de qué hacer o adónde dirigirse. Algunas indicaciones minimalistas nos orientan sobre los controles básicos, y a partir de ahí nos desplazamos con soltura por un entorno de corte realista y estética propia, estilizada y hermosa. El juego se divide en una serie de bloques lineales y breves, al final de los cuales nos espera la apertura de una puerta que da acceso al siguiente nivel y una narración de la historia mítica de fondo en forma de frescos pintados en las paredes. El juego consta de sencillos puzzles y objetivos desbloqueables, y en cualquier momento nos podemos sentar a meditar, siempre con una banda sonora contextual acompañando nuestras acciones y descubrimientos. Hay algunas secciones de desplazamiento rápido con ágiles movimientos de cámara, para darle algo de variedad al asunto. Ah, y al final hay un momento climático de gran exaltación musical y desenfreno místico.

Yo de verdad que lamento mucho ser la voz crítica ante el alud de parabienes que está recibiendo Abzû, y que seguramente sea injusto ponerlo al lado de una obra maestra a la hora de valorarlo. Pero es que, exactamente igual que ocurría con Inside y Limbo, parece que estos creadores están empeñados en repetir fórmulas y patrones de éxito con diferentes envoltorios. Evidentemente que no tiene nada que ver caminar por un desierto que sumergirse en un océano, en teoría, pero cuando en la práctica las sensaciones son tan, tan, tan, tan similares, cuando el empeño en recordarnos constantemente que las mentes creadoras de este juego hicieron el anterior, es sencillamente imposible quitarse la sombra de Journey, y es una sombra demasiado alargada como para superarla alegremente.

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Porque Abzû no es, ni de lejos, mejor que su predecesor, salvo quizá en la tasa de frames. No lo supera en magia, ni en ambientación, ni en banda sonora, e incluso palidece en cuestión de mecánicas ante el título previo. Aquí apenas nos limitamos a apretar un botón de cuando en cuando y a presionar el joystick hacia el frente. Los puzzles son de una simpleza insultante, y no hay ni rastro del modo multijugador online que hacía de Journey algo realmente único en su especie. Da igual el aspecto con el que tomemos la referencia, Abzû sale perdiendo con clara diferencia, y es una lástima, porque sin duda el juego tiene aspectos positivos, desde un apartado técnico brillante y algunas buenas ideas, pero la propuesta de juego es tan pobre y limitada, su narrativa tan abstracta y la falta de alicientes para rejugarlo tan notoria que en las apenas dos horas que dura es casi seguro que vais a sacarle todo el jugo que podría ofreceros.

Por supuesto, el juego ofrece un par de momentos memorables, como atravesar un banco de peces o el del descenso con las ballenas, de una belleza realmente poderosa, y permite a través de un mecanismo liberar a determinadas especies reales que van poblando el hábitat submarino del juego, a las que podemos seguir en los momentos de meditación y “salir” de nuestro personaje principal. Pero salvo eso y la reconfortante sensación de sumergirnos en este precioso mundo de arrecifes y misteriosas ruinas, Abzû tiene realmente poco que ofrecer.

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Donde el juego luce músculo es, desde luego, a nivel técnico. Los modelos de personajes y animales son una auténtica barbaridad, con un comportamiento totalmente realista y una variedad ejemplar. Es ahí donde el título encuentra su mayor virtud, en la recreación de unos paisajes de absorbente profundidad y belleza que os van a dejar embobados cada dos por tres. Hay un sentido orgánico en el desarrollo del juego y una progresión y variedad de escenarios y situaciones que hacen del recorrido algo realmente placentero y agradable, con algún que otro momento de sección algo torpe insertado de cuando en cuando.

El problema lo encontramos cuando a la hora de jugar la oferta resulta de una pobreza alarmante, ya que nos limitamos a activar algún que otro robot que nos ayuda a despejar el camino, liberamos especies apresadas y poco más. La magia de la historia de fondo brilla por su ausencia, ya que depende únicamente de que veamos (e interpretemos) algo relacionado con una especie de agua mística traída por unos aún más misteriosos seres de los que nunca llegamos a saber nada, y de otra malvada especie que ha ido diseminando algo parecido a naves submarinas. Todo demasiado abstracto y difuso como para entender de qué diantres trata todo esto, la verdad.

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De nuevo, la duración del juego no debería ser problema alguno: en principio la propuesta no necesita nada más y nada menos que eso para desarrollar todo su potencial, pero este es mucho más escaso, francamente, de lo que me hubiera gustado, y mentiría si dijera que Abzû me ha sabido a realmente poco por el precio que he pagado por él. No es que tuviera el hype por las nubes con este título, pero desde luego esperaba algo más que esto. Aunque su dirección artística es indiscutible y consigue su objetivo de llevar al jugador a un terreno de puro placer audiovisual, la parte jugable cojea demasiado como para no tenerlo en cuenta, por no hablar de su repetitivo sistema de episodios, que saben a poco y nos dejan la sensación de haber recorrido un hermoso tren de la bruja sin más propósito que llegar a los títulos de créditos.

Desde luego, si la siguiente propuesta de los responsables de Journey va a ser trasladar su “magia” a una especie de pajarraco y a ponernos a volar entre montañas para así tener la trilogía de tierra, agua y aire, por mí se lo pueden ahorrar, de verdad. Este juego es un epígono en toda regla, un más que descarado sucesor espiritual que no aporta nada, absolutamente nada a lo que hace ya cuatro largos años nos dijo aquella obra maestra de una forma mucho más clara, contundente y mejor.

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Cuando en 2012 apareció Journey, el impacto mediático y crítico fue tan unánime como merecido. Aquel juego establecía un nuevo parangón en tantos apartados (artísticos y jugables) que discutió de tú a tú con otros pesos pesados de la industria por el trono de mejor juego del año. Sencillamente, nunca había aparecido nada similar en ninguna consola, y las sensaciones que provocaba en el jugador eran inigualables. Por ello, cuando el director de arte de aquel juego, Matt Nava, anunció que iba a lanzar un juego de exploración submarina que compartía con su obra maestra no pocos elementos (entre ellos una dirección de arte similar, mismo compositor, etc.), la alegría de los fans pareció plenamente justificada, si bien es cierto que el juego ha llegado sin hacer demasiado ruido. Y quizá por una buena razón. Si hace no mucho decía que el sector indie corría el riesgo de convertir en patrón sus propuestas a propósito de Inside, mucho me temo que Abzû no es sino un paso más en esa dirección. Nada más lejos de mi intención restar un ápice de mérito al enorme trabajo de 505 Games por dotar a este título de un aire propio y de trasladar al jugador a toda la magia de la aventura y exploración subacuáticas, que a nivel visual es una auténtica delicia, pero con todos mis respetos este juego sigue el patrón de Journey tan al pie de la letra que, para todo aquel que haya jugado en las arenas de aquellos desiertos, las olas de estas aguas le van a transportar a terrenos demasiado conocidos.   A ver si la historia os suena de algo: un misterioso navegante aparece en medio del océano, sin ninguna referencia de qué hacer o adónde dirigirse. Algunas indicaciones minimalistas nos orientan sobre los controles básicos, y a partir de ahí nos desplazamos con soltura por un entorno de corte realista y estética propia, estilizada y hermosa. El juego se divide en una serie de bloques lineales y breves, al final de los cuales nos espera la apertura de una puerta que da acceso al siguiente nivel y una narración de la historia mítica de fondo en forma de frescos pintados en las paredes. El juego consta de sencillos puzzles y objetivos desbloqueables, y en cualquier momento nos podemos sentar a meditar, siempre con una banda sonora contextual acompañando nuestras acciones y descubrimientos. Hay algunas secciones de desplazamiento rápido con ágiles movimientos de cámara, para darle algo de variedad al asunto. Ah, y al final hay un momento climático de gran exaltación musical y desenfreno místico. Yo de verdad que lamento mucho ser la voz crítica ante el alud de parabienes que está recibiendo Abzû, y que seguramente sea injusto ponerlo al lado de una obra maestra a la hora de valorarlo. Pero es que, exactamente igual que ocurría con Inside y Limbo, parece que estos creadores están empeñados en repetir fórmulas y patrones de éxito con diferentes envoltorios. Evidentemente que no tiene nada que ver caminar…
Gráficos - 92%
Sonido - 82%
Banda Sonora - 85%
Mecánicas / Jugabilidad - 40%
Duración - 40%
Originalidad - 25%
Argumento - 35%

57%

Pequeña decepción por parte del equipo que trajo Journey a nuestros corazones, Abzû es un permanente quiero y no puedo que no logra, ni de lejos, alcanzar las cotas de excelencia de su predecesor. Sus indudables valores de producción y su excelente dirección de arte no ocultan demasiado su falta de contenido y de originalidad. Una lástima.

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